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Cambiar el círculo vicioso

Español
Columnista: 
Iván Duque Márquez
Fecha: 
12 de Octubre de 2017

El modelo económico colombiano está prisionero en un círculo vicioso del cual debemos salir. Somos un país con una enorme informalidad, que, a su vez, afecta el desarrollo empresarial, el recaudo tributario, la sostenibilidad del sistema de salud, la viabilidad de la institucionalidad pensional, detona el contrabando y, lo que es peor, acentúa los problemas de falta de productividad.

 

 

Si fuéramos a diferenciar los tipos de informalidad, deberíamos empezar por el sistema empresarial colombiano. Según el BID, en nuestro país más del 40 por ciento de las compañías no tiene registro mercantil y más del 50 por ciento no lleva ningún tipo de contabilidad. Esto ocurre, por lo general, en el sector del comercio; y la informalidad empresarial va ligada a empleos de baja productividad y precariedad en la remuneración.

 

Por supuesto, la informalidad empresarial también va atada con la informalidad laboral. De un total de 22 millones de personas ‘ocupadas’, que responden sí a la pregunta ¿ha trabajado usted al menos una hora, con o sin remuneración, durante la última semana?, solo contribuyen a pensión y salud menos de 8 millones de compatriotas. Además, es importante precisar que de los 8 millones de ‘aportantes’ a seguridad social, solo uno de cada cuatro mayores de 65 años cuentan con pensión.

 

La configuración de este modelo tan débil afecta estructuralmente el sistema tributario. La gran mayoría de aportantes en el impuesto de renta son empresas, de las cuales menos de 2 mil generan más del 50 por ciento del recaudo. Por otra parte, el aporte de personas naturales a este gravamen es bajo como porcentaje del PIB, y el vínculo de la informalidad empresarial y laboral repercute en altos niveles de evasión de ese tributo y del IVA.

 

En cuanto a la sostenibilidad del sistema de salud, la informalidad es su mayor enemigo. El número de personas en el régimen subsidiado es alto, y ante una población que envejece, con pobreza y sin ahorro pensional, las presiones fiscales serán siempre mayores, obligando al Estado a buscar recursos, que no tiene.

 

Como si fuera poco, y dado a que el Estado sigue gastando, el sistema tributario está desorientado. Grava con más tarifas a las empresas formales que contribuyen, afectando su competitividad, y grava el consumo con IVA del 19 por ciento, incentivando la informalidad empresarial y el contrabando.

 

Así no podemos seguir. Tenemos que asumir una agenda que permita diferenciar tarifas impositivas a las mipymes para formalizarlas. Tener un sistema laboral menos rígido que promueva el empleo juvenil y puestos de mayor duración que mejoren las contribuciones a salud y pensión. Obviamente, para lograr esto necesitamos un Estado más eficiente y austero, que permita una mejor asignación del gasto público, y por la vía de eliminar gastos innecesarios y generar ahorros estructurales, bajar tarifas impositivas, revisar el régimen de exenciones, luchar contra la evasión, incentivar la inversión y mejorar la calidad laboral y el ingreso de los trabajadores.

 

Romper el círculo vicioso de la informalidad es el único camino para tener un modelo económico sano. Hacerlo es un deber de todos, y la base para una agenda de consenso.

 

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