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De oposición a gobierno

Español
Columnista: 
Alberto Velásquez Martínez
Fecha: 
08 de Agosto de 2018

Desde ayer le llegó a Iván Duque la hora de comenzar a gobernar. De gobernar bien, con una opinión pública pendiente de que convierta su programa electoral en acciones determinantes de Estado, luego de ejercer con su partido la oposición a un mandato altanero y vanidoso. Tiene la misión ineludible de poner en práctica las contrapropuestas que elaboró desde la oposición y las que planteó en su campaña presidencial para dar el salto hacia la modernidad y la transparencia.

 

Los retos del nuevo gobernante son muchos. Encuentra no solo un país con agudos problemas socioeconómicos y de orden público y jurídico para encarar, sino enfrentarse a una oposición dura, que no le dará tregua ni pausa, para atacarlo con sevicia. Con el mismo encono que practican aquellas fuerzas extremistas que tienen en las amarguras y en el revanchismo su razón de ser y de operar.

 

No será una oposición de meros juegos florales de palabras. Habrá, por supuesto, voces sensatas que ejercerán con inteligencia y agudeza su papel de discrepantes –dentro del libre juego democrático del eje gobierno-oposición–, que enriquecen la controversia a través de la argumentación. Pero no serán escasos los vociferantes bajo la batuta del caudillo mesiánico que estará al frente de la batalla agresiva para ir abonando el terreno para las elecciones presidenciales de 2022. Los lenguajes provocadores sonarán y se replicarán a través de trinos por donde hoy principalmente discurre, con alta dosis de impunidad e irresponsabilidad, la controversia. Serán cuatro años más de invectivas que de alegatos racionales. De eso no hay duda.

 

El reciente triunfo de las izquierdas en México alentará a sus pares en Colombia para soñar en sus posibilidades de éxito. Allí se impuso el candidato populista –ese sistema que “ama tanto a los pobres que los multiplica”–, capitalizando el desencanto de los mejicanos ante la ola de corrupción, inseguridad, e incumplimientos del PRI y del PAN por hacer una sociedad más equitativa e incluyente. Tales carencias condujeron al desespero y al desasosiego. La mayoría de votantes frustrados le dieron la espalda al establecimiento gobernante y prefirieron dar el salto al vacío, ilusionados en que una mano diferente logre reivindicar sus derechos, así sea a través de la ilusión y la aventura.

 

 

Desde Colombia, el nuevo presidente, a través de un gobierno justo, eficaz y honrado, puede detener la ola populista que sopla desde el norte y ya tiene raíces en el vecindario. Y para eso tiene que fijarse unas reformas políticas, sociales, económicas de Estado, amparadas por el Gran Acuerdo Nacional con la sociedad civil. Matrimonio que inevitablemente conduzca al bienestar de la sociedad y al cumplimiento de la agenda que Duque le planteó al votante para que acudiera a las urnas.

 

El tejido social en Colombia está seriamente averiado. Es inaplazable reconstruirlo. Hay que reformar esta historia de desigualdades restableciendo los derechos y no más los privilegios. Estos deben ser la excepción y no la regla. Es el gran desafío de quien desde ayer quiere recomponer el país.

 

El Colombiano