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Actualidad

El antiuribismo en pedazos

Autor: 
Por: Ignacio Arizmendi
Español
Fecha: 
Sábado, Octubre 6, 2018

Como se observa en la historia universal de todos los días, en las sociedades surgen corrientes de razón y emoción, movimientos, actitudes, tendencias, que se bautizan con ayuda del sufijo ‘ismo’: aristotelismo, maoísmo, modernismo, impresionismo, etc. Sirvió para que, en el escenario político de los siglos 19 y 20 de Colombia, “país heterogéneo, incoherente, disparatado, complejo, indefinible” (Eduardo Caballero C., El Tiempo, febrero 9, 1964), se hablara de bolivarismo (por Bolívar), mosquerismo (por el general Mosquera), nuñismo (por Rafael Núñez), gaitanismo (por Gaitán), y así. Costumbre que igualmente se observa en el 21: santismo, petrismo, uribismo y otros movimientos y actitudes.

 

Pero la historia asimismo indica que no hay ‘ismo’ sin el prefijo ‘anti’: en nuestro caso, antisantismo, antipetrismo, antiuribismo, etc., porque quienes originan esas corrientes (Santos, Petro y Uribe) pueden inspirar temor, rabia, desconfianza, desesperanza. Lo cual expresamos con “un apasionamiento exagerado, que no se compadece con la época actual, la de la reconciliación y el esfuerzo común”, reflexión editorial de El Colombiano que parecería hecha hoy, pero que es de mayo 10 de 1967…

 

Pues bien, en las siguientes líneas me encargo del llamado “antiuribismo”, corriente de razones y emociones negativas alrededor del curtido líder político antioqueño Álvaro Uribe Vélez. Corriente que empezó a forjarse a nivel nacional a principios del presente siglo, en especial cuando arriba a la presidencia de la república en 2002 pese a que, hasta unas semanas antes, era un ciudadano casi desconocido.

 

En busca de evitar que ganara, y en busca de evitar que hoy gane en cualquier escenario, sus enemigos y detractores se valieron y se valen de toda clase de afirmaciones: que jugó sucio como funcionario de Epm; ayudó a la mafia como director de la Aerocivil; creó el paramilitarismo como gobernador de Antioquia; autorizó los abominables “falsos positivos” como presidente, y espió a los magistrados, y persiguió a sus opositores, y amenazó a los medios, y… Además, que todo lo que propone en el Congreso es inútil, improcedente, retrógrado, tiene gato encerrado, huele a…

 

El antiuribismo ha llegado a tales sensibilidades y extremos, que se proyecta contra todas las ideas o acciones procedentes de Álvaro Uribe en tres dimensiones: persona, político y/o gobernante.

  • Como persona. En este escenario, la “uribofagia” no desaprovecha detalle: cuestiona el carácter de Uribe, su apariencia, la forma de hablar, la manera de vivir la cotidianidad, su mundo, las amistades, los gustos, sus reacciones naturales, el estilo para comunicarse, los afectos y desafectos, su edad, su apariencia. Y súmele.
  • Como político. Aquí, el antiuribismo cuestiona su lucha por el poder, el estilo de hacer la política, su ideas y conceptos, el perfil confrontacional, la relación con los adversarios, su capacidad de influir en busca de apoyos a sus intereses e ideales, la filosofía de trabajo, su matriz de líder, las mujeres y los hombres de su confianza. Y súmele.
  • Como gobernante. En esta dimensión, el antiuribismo se ha manifestado acerca de la visión que Uribe tiene de la sociedad y la vida en sociedad, del país, las tensiones sociales, el presente y el futuro, los asuntos de su competencia o de otros, las decisiones de gobierno, su actitud ante las instituciones, sus colaboradores, su relación con los ciudadanos. Y súmele.

Según sea la expresión del pensamiento y el sentimiento de quienes lo sustentan, el antiuribismo puede dividirse en tres categorías: racional, emocional y racio-emocional.

  • El antiuribismo racional. En esta instancia sus contrincantes no lo ofenden, no violentan su dignidad humana, no desconocen su talento, su formación, su experiencia. A cambio echan mano de cuestionamientos: que es neoliberal, un recortador de las libertades, reacio a las ideas progresistas, un conservador del estatus quo, un líder negativo, un político regresivo. Y súmele. Lo afirman columnistas, periodistas, políticos, ciudadanos en medios tradicionales y redes sociales. En ocasiones añaden valor intelectual o ideológico al debate, aunque con frecuencia, dados sus prejuicios y vacíos informativos, confunden y polarizan al basarse en rastras inexistentes en Uribe.
  • El antiuribismo emocional. Tiende a herir la sensibilidad del expresidente, maltratar su persona y sus roles, lanzarle toda clase de estiércol, poner en duda su honorabilidad, llenarlo de improperios de la más baja estopa. En general se caracteriza por manifestaciones como (leídas en Twitter): “Alvaroparaco es un HP”, “un mafioso incorregible”, “un triple cuádruple … criminal”, “un peligro social andante”, “un enemigo del que el pueblo debe dar cuenta”. Y súmele. Principalmente se expresa en el diario vivir de las redes sociales y grupos sociales y familiares. Polariza e intoxica y se alimenta de rabias, complejos, envenenamiento pasional.
  • El antiuribismo racio-emocional. Es una simbiosis de las categorías anteriores. Se proyecta en afirmaciones del estilo de: “Uribe es muy inteligente, pero es un HP”; “es un tipo capaz, pero es un mafioso”; “es muy importante, pero es un enemigo del pueblo”. Y súmele.

 

A estos pedazos sobre el tema podría añadirse que el antiuribismo, en su baja, media o alta intensidad, continuará mientras Uribe se mueva. Porque es un líder sólido, popular, visionario, talentoso, patriota, que se ha hecho moler por sus mejores convicciones y por este país. El creerlo es lo que da luz al “uribismo”.

 

INFLEXIÓN. Cada día los medios dan cuenta de la nefasta herencia que el gobierno Santos dejó al de Duque en numerosos frentes. Algo que alimenta al santismo racio-emocional…

 

 

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