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Tres retos del Centro Democrático

Español
Columnista: 
Libardo Botero C.
Fecha: 
15 de Diciembre de 2017

El año entrante será trascendental para el futuro del país. Después de la catástrofe de las dos administraciones de Santos, de los fatídicos acuerdos con las Farc, del derrumbe del ordenamientos institucional provocado por la implementación de tales acuerdos y del peligro del empoderamiento del castrochavismo –duro o blando- , de la debacle económica que se ha suscitado y que tiene al país al borde de la descalificación internacional, entre otras tragedias, la nación exhausta solo anhela dar un vuelco que la rescate del precipicio al que ha sido arrojada.

 

Las elecciones de 2018 serán la oportunidad histórica para corregir el rumbo y emprender la reconstrucción del país. Tres tareas trascendentales tienen al frente las fuerzas democráticas y republicanas, con el Centro Democrático a la cabeza, para coronar, en este breve período de poco más de un semestre.

 

La primera batalla será la elección de un nuevo Congreso. Ya las listas de las distintas agrupaciones están definidas e inscritas y viene el intenso trajín de la campaña, que habrá de concluir en marzo. El panorama se vislumbra prometedor para el cambio, pero no hay que dormirse sobre los laureles.

 

La que fue la “aplanadora” oficialista, santista, está en desbandada. El Partido Liberal acusa divisiones y confrontaciones internas de consideración. El Partido de la U, que hasta hace poco lideraba la coalición gobiernista, atragantado de mermelada, hoy es casi enfermo terminal, diezmado por los escándalos de corrupción que tienes tras las rejas a sus principales electores, sin candidato presidencial, carente de figuras atractivas en sus listas. El Partido Conservador, al menos en cuanto a su bancada parlamentaria, se encuentra en franca retirada de la “unidad nacional”, vacilando entre mantener sus cuotas burocráticas y escapar al naufragio de respaldar la impopular política santista; de sus bases, ni hablar, pues la gran mayoría hace tiempo repudió a la cúpula entreguista y se sumó a la oleada democrática. Cambio Radical defeccionó hace tiempo de las filas oficialistas. La “izquierda”, incluidos los verdes, si bien registran con guarismos decorosos en las encuestas presidenciales con algunos de sus nombres, no despiertan el mismo entusiasmo a nivel de los comicios parlamentarios, por lo que es de presumir que solo obtengan una lánguida representación en ellos.

 

En cambio el CD, el partido más sólido y de mayor crecimiento en el país, tiene al frente la posibilidad de convertirse, de lejos, en la primer agrupación política de Colombia, y eje indiscutido del Congreso que habrá de elegirse.

 

Hubo en los meses pasados discusión interna sobre si se adoptaba el sistema de la lista cerrada para el Senado y para algunas listas departamentales a la Cámara. Seguramente, como lo ha explicado con sobrada razón el profesor Alfonso Monsalve, se habría privilegiado la calidad a la cantidad de congresistas electos, de haberse adoptado esa alternativa. Habrá que pensar en el futuro en la manera de institucionalizar un mecanismo interno democrático que permita establecer un orden en las aspiraciones, para luego participar en los comicios con listas cerradas. Pero en este momento, meditando sobre las razones que han llevado al CD a inclinarse por las listas abiertas, así no estime que sea lo ideal, encuentro de alguna manera una lógica: hay momentos en que no importa tanto la cantidad, cuando se busca más que nada construir una fuerza opositora y sentar los cimientos del liderazgo del nuevo partido; pero también hay momentos como el actual, cumplidas esas tareas iniciales, en que lo prioritario es lograr una votación y un número de curules suficientes para poder seriamente aspirar a asumir el poder, y en los que la cantidad se torna crucial.

 

Existe un factor que puede interpretarse como negativo, cual es la imposibilidad de amplios sectores conservadores, como los que lideran Pastrana, Marta Lucía y Ordóñez, que no podrán canalizar su fuerza para tener presencia en el Parlamento, por carencia de personerías jurídicas. Sin embargo, puede ser la ocasión para invitarlos a volcar su respaldo a las listas del CD, tal vez ofreciendo la posibilidad de vincular en ellas a algunas figuras importantes de esa corriente, aprovechando el período en que se pueden hacer cambios a las listas inscritas.

 

La dirección del CD tuvo el acierto de designar a Rafael Nieto Loaiza, uno de los precandidatos que más respaldo cosechó en estos meses, y que se ha constituido en una reserva estratégica del partido, como el encargado de dirigir la campaña del CD al Congreso. Esperamos que sus luces y talante ayuden a superar los escollos que hemos mencionado y sacar airosa la meta de aumentar significativamente la bancada en Senado y Cámara.

 

El segundo reto es nada más ni nada menos que ganar las elecciones presidenciales. El CD acaba de concluir un muy rico y positivo proceso de sana emulación entre cinco excelentes precandidatos, no solo para escoger a uno como el candidato, sino para construir, en un extenso e intenso diálogo con la comunidad, la plataforma programática para enarbolar en la campaña y cumplir en el próximo cuatrienio. Después de un riguroso ejercicio de consultar a la opinión de militantes y simpatizantes del CD a través de varias encuestas, mecanismo acordado por los mismos precandidatos, que contó con una eficaz auditoría del partido, se escogió como candidato único a Iván Duque Márquez, joven pero a la vez experimentado y capaz dirigente, que será el portaestandarte de las tesis del uribismo en la contienda electoral.

 

A diferencia de otros partidos, el CD cumplió de manera limpia y civilizada la tarea de seleccionar su candidato, preservando íntegra su unidad. Toda la colectividad, empezando por sus líderes más connotados, como el expresidente Álvaro Uribe, Óscar Iván Zuluaga, Luis Alfredo Ramos, y naturalmente los otros cuatro precandidatos, al igual que su bancada parlamentaria y las bases todas, está férreamente comprometida en el acompañamiento al candidato y en la tarea de conquistar la victoria. Frente a aquellos sectores marginales y radicales que persisten en insidias y consejas, habrá que aplicar, hasta donde sea posible, la sabia recomendación del expresidente Uribe el lunes: “paciencia, paciencia, paciencia”.

 

Los lineamientos ofrecidos por Iván Duque en su intervención el lunes en Rionegro, al ser proclamado oficialmente por el CD, ofrecen un derrotero programático serio, coherente, apegado a los pilares centrales de la doctrina uribista, y que además responden a los retos inmediatos de la coyuntura. Un elemento vital es el regreso a la Seguridad Democrática, salvadora política que abandonó el gobierno de Santos para plegarse a las exigencias de los terroristas, con mecanismos tan eficaces como los cooperantes ciudadanos. En consonancia con ello, Duque promete reversar todos los temas inconvenientes de los acuerdos de La Habana, empezando por eliminar la tal “conexidad” del narcotráfico con el “delito político” y en consecuencia la concesión de amnistías bajo su cobertura, suprimiendo la erradicación voluntaria de cultivos ilícitos y regresando a la obligatoria –con la aplicación de aspersión aérea de ser necesario-, descartando el otorgamiento de derechos políticos a los autores de delitos atroces, entre otras muchas modificaciones de fondo.  

 

De igual modo son claras y contundentes sus propuestas económicas, basadas en la defensa de la economía de libre empresa, con fórmulas que ha venido proponiendo Uribe y que comparten todos los precandidatos, como la reducción de impuestos, el recorte a la fronda burocrática creada por Santos, y la elevación de los salarios. Unido a lo anterior, una política de estímulos y protección a la industria y a la agricultura. Sin ser una novedad, porque constituye una reiteración de sus propuestas en todos estos meses, Duque aboga por la defensa de los valores de la familia, célula fundamental de la sociedad, el rescate de la formación en cívica y urbanidad desde las escuelas, la eliminación de la “dosis personal” que propicia el micro-tráfico, y una amplia gama de medidas para fortalecer la cultura, el emprendimiento, la investigación y la ciencia.

 

Sin embargo, como lo reafirmó ese mismo lunes el expresidente Uribe en su discurso de nominación de Iván Duque, el CD tiene al frente la tarea de conformar la gran coalición para la reconstrucción de Colombia, aglutinando en un solo bloque a la fuerza conservadora que orientan Pastrana, Marta Lucía y Ordóñez, a los diversos sectores de reservistas de las fuerzas militares y de policía, a representantes connotados de las víctimas, a dirigentes gremiales, a corrientes políticas de otros partidos que son afines a nuestras ideas y propuestas. Y consiguiendo que todo ese frente postule un solo candidato. Desde todas esas vertientes se ha saludado con alborozo la designación del candidato del CD, y se ha manifestado el interés en llegar a un acuerdo.

 

Seguramente el CD deberá esperar un poco, para organizar sus huestes, y para lograr el posicionamiento necesario de Duque, a través de giras intensas por todo el territorio a partir de esta misma semana, que ya despegaron. Mientras tanto, es de esperarse que se avance en los contactos con todos los posibles aliados, con el fin de definir el mecanismo de escogencia del candidato único, tarea que seguramente se adelantará con tino e inteligencia por Carlos Holmes Trujillo, otro de los precandidatos, quien fue designado por la dirección del CD como director político del partido.

 

El tercer y último reto del CD consiste en llevar a buen puerto el referendo revocatorio de tres de los actos legislativos que implementan los acuerdos de La Habana: el que da vida a la JEP, el que otorga derechos políticos a autores de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, y el que pretende un blindaje por 12 años de dichos pactos. En el mes de marzo se vencerá el período para recoger firmas (se necesitan un poco más de un millón setecientas mil) y así poder solicitar a la Registraduría la convocatoria del referendo. A partir de allí, luego de revisadas las firmas y confirmado el cumplimiento de los requisitos exigidos, corridos poco más de dos meses en total, deberá definirse la fecha de la votación. Todo lo cual indica que cuando esas definiciones se adopten, habrán transcurrido la elección de Congreso y de nuevo Presidente. Es claro que el triunfo en estos dos eventos será crucial para reforzar el referendo.

 

Si el referendo se verifica poco después de la posesión del nuevo mandatario, cosa enteramente factible, la posibilidad de obtener un triunfo en él será mayor. Porque no se realizará bajo los manejos turbios y entorpecedores de un gobierno contrario al anhelo popular, sino de uno propicio. Y si, además, se logra la aprobación ciudadana en las urnas, podrá ahorrar a la nueva administración la necesidad de un dispendioso y largo trámite de reforma constitucional para modificar los pactos con las Farc. Con la ventaja, vale recordarlo, de estar plenamente blindada contra cualquier maniobra jurídica o legislativa, porque provendrá del constituyente primario. 

 

Los tres retos son de envergadura y trascendencia inocultable. Pero el tiempo demasiado corto. Razones de más para volcarnos a las tareas de inmediato y poner en ellas todo el empeño. 

 

Periódico Debate