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¡Unidos sí, pero no con él!

Español
Columnista: 
Cristina de Toro
Fecha: 
17 de Marzo de 2017

“El problema de fondo, el que realmente afecta su capacidad para gobernar, es que ya perdió la credibilidad. Cualquier cosa importante que proponga el Gobierno, así lo haga con las mejores intenciones, será interpretada como una nueva cortina de humo u otro burdo intento de comprar apoyo político”.

 

“Lo preocupante es que mientras tanto, si sigue como va, acabará de descuadernar el Estado (...) Y el precio que pagaremos todos los colombianos será cada día más elevado”.

 

Las anteriores palabras son apartes de una columna del señor Juan Manuel Santos (1 de marzo de 1996), criticando la situación del presidente de ese entonces, Ernesto Samper, por haber recibido dinero del narcotráfico para su campaña presidencial.

 

Si esto opinaba el señor Santos en ese momento ¿qué podremos, entonces, decir nosotros de él (Santos), que además de violar, igualmente, los topes establecidos por la ley y de recibir dinero “non sancto” en sus campañas presidenciales, ha cometido toda clase de desaciertos, engaños y excesos, que han afectado profundamente al pueblo colombiano y a las más sagradas instituciones de la República?

 

¿Qué autoridad política o moral puede tener un mandatario que ha hecho cosas como, por ejemplo: quitar del camino y perseguir a quienes se perfilaban como sus más importantes rivales políticos? ¿Maquinar el asqueroso montaje del que fuera víctima el señor Zuluaga? O, ¿por carecer de idoneidad, carisma y capital electoral, recurrir al engaño y manejar en campaña una plataforma política completamente contraria a la empleada una vez en el poder? ¿Hacer repartijas en el Congreso para conseguir la nefasta Unidad Nacional, que le alcahuetearía el despedazamiento de la Constitución y el rediseño del país a la medida de los criminales de las Farc? ¿Autoridad política o moral quien compró medios de comunicación, justicia, etc.? ¿Un despilfarrador, amante del oropel que ha compensado sus excesos, con ventas irregulares de importantes entidades estatales o con leoninas reformas tributarias? ¿Ese que por desidia e ineptitud dejó perder el mar de San Andrés?

 

En fin, la lista es larga y no hay espacio.

 

Este señor es, pues, un cara dura que, ahora, cuando se ve en apuros porque le destaparon otra de sus fechorías solamente atina a decir: “me acabo de enterar”. Un desfachatado que viendo lo que se le viene encima con la gran convocatoria del 1 de abril, cree que va a salir del atolladero, haciendo un clamoroso y edulcorado llamado a esos dirigentes a los que tantas veces ha ultrajado: “¡Convoco a los líderes del país a una cruzada por Colombia! Si dejamos atrás las diferencias y nos unimos, las posibilidades son enormes”.

 

Esa invitación, de acuerdo a sus propias palabras, “así la haga con las mejores intenciones, será interpretada como una nueva cortina de humo u otro burdo intento de comprar apoyo político”, porque si hay alguien que carece por completo de credibilidad es él. Debo admitir que de doseles y compras de soportes políticos, sí sabe y mucho.

 

Millones de colombianos, entonces, de la mano de todos esos líderes, nos vamos a unir, sí, pero no con el señor Santos, sino contra él, y así las “posibilidades” para rescatar la dignidad nacional serán “enormes”, porque de ninguna manera vamos a permitir que siga feriando e irrespetando el país.

 

PS. Columna en referencia fue publicada nuevamente en “Las2Orillas”.