A la hora del cenit, ¡Gracias!

El Colombiano
3 de julio de 2010

A las doce del día de mañana, cuando el sol esté en el cenit, los colombianos de buena voluntad, que somos la mayoría, le rendiremos homenaje. Será la mejor manera de manifestarle que Usted, Presidente Uribe, nunca tendrá el sol a sus espaldas. Que ocho años después, sigue en el cenit de la Gloria por el deber cumplido y esa irrenunciable vocación de servicio.

Hay personas que están en el momento preciso en el sitio preciso. Una de ellas es Usted, Presidente Álvaro Uribe Vélez. No olvidamos que fue elegido en 2002, en primera vuelta, y que aumentó la votación cuando se presentó en 2006. Y en ocho años de hacer camino al andar no ha tenido el sol a sus espaldas. Merece, pues, el gesto de agradecimiento de este domingo 4 de julio, día de su cumpleaños, y muchos otros más.

La mayoría del pueblo de buena voluntad lo apoyó, lo apoya y habría votado otra vez por Usted, si la Corte Constitucional no le hubiera cerrado el paso para un tercer mandato, continuo o intermitente. Porque las naciones en reconstrucción necesitan líderes con vocación que las dejen en la senda irreversible del progreso con dignidad.

Usted llegó a la Presidencia de Colombia cuando el país constató que la zona de despeje del Caguán no había aportado un solo grano a la paz y, por el contrario, había servido como amplio territorio para mantener secuestrados y para que la guerrilla de las Farc fuera una especie de república independiente, donde ejercía la autoridad en todas las ramas del poder y había suplantado al Estado legítimo.

Usted llegó a la Presidencia cuando las autodefensas se habían fortalecido como respuesta a las zonas dominadas por la guerrilla, y con el objetivo de defenderse de ellas y derrotarlas.

Tristemente tanto guerrillas como autodefensas ya tenían como una de sus fuentes de financiación, quizá la mayor, el cultivo y tráfico de alucinógenos, factor que ha hecho más compleja la solución para convertir a Colombia en el país digno, con igualdad de oportunidades para todos y en paz.

Y Usted se enfrentó a ambas manifestaciones con mano tendida, pulso firme y corazón grande. Muchos entendieron los gestos de magnanimidad y se desmovilizaron. Otros no lo hicieron y por eso siguen siendo combatidos y derrotados en operaciones exitosas y están en cárceles colombianas o extranjeras, o muertos.

Pero el agradecimiento de este domingo 4 no es sólo al gobernante sino al ser humano que lo define, Presidente Uribe. Un trabajador incansable, un hombre ético, transparente, franco, directo y claro, sin poses ni cálculos. Un hombre que mira de frente, sin agendas ocultas. Con razón su padre decía que Usted era una persona evidente.

Usted vibra al estar cerca de la gente de a pie y se siente más cómodo en un pueblo, el campo o un río, que en un sitio convertido en exclusivo por ciertas élites. En eso es muy antioqueño, lo mismo que en la austeridad, la disciplina y el orden, legado de los mayores y reto para las nuevas generaciones.

Dicen que Usted es imprudente. No es así, oye mucho. Lo que pasa es que lo instigan constantemente desde centros de poder, dentro y fuera del país. Sin embargo, su prudencia y gestión han hecho que hoy sea reconocido mundialmente. Una y otra, también nos permite a los colombianos tener una mayor autoestima, decir con orgullo nuestra nacionalidad y saber que hoy, el nuestro, es un país viable, con futuro y dignidad.
Gracias, Presidente Uribe. Usted merece esta celebración y muchas más. A las doce del día de mañana, cuando el sol esté en lo más alto del firmamento, en el cenit, los colombianos de buena voluntad, que somos la mayoría, le rendiremos homenaje. Será la mejor manera de manifestarle que Usted nunca tendrá el sol a sus espaldas. Que ocho años después, sigue en el cenit de la Gloria por el deber cumplido y esa irrenunciable vocación de servicio.