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Abril2alacalle

“Conociendo los crímenes cometidos por Iván Márquez, verlo aposentado como líder político es una vergüenza. Están confundiendo lo que es democracia con la legitimación del terrorismo”. Álvaro Uribe

 

Hace dos mil quinientos años Esopo, quien escribió para prevenirnos de caer en los errores en los que tan frecuentemente seguimos cayendo, nos dejó entre sus fábulas una en particular que evidentemente nos concierne.

 

Cuenta Esopo que cierta vez los lobos decidieron buscar un acuerdo de paz con las ovejas para el futuro.

 

-¿Por qué seguimos con esta guerra? Son los malvados perros la causa de ella, nos ladran y nos provocan, díganles que se retiren y no habrá obstáculos para lograr una paz eterna, argumentaron los lobos.

 

Las ingenuas ovejas, amantes de la paz, se deshicieron de los perros convirtiéndose en fácil presa de sus traicioneros nuevos mejores amigos.

 

En Colombia los lobos encontraron idéntica solución: convencer a las ovejas de que los culpables de la guerra son los perros y hay que salir de ellos… y en esas andan sin percatarse que van a ser despedazadas.

 

Álvaro Uribe ha recorrido gran parte del territorio colombiano y se ha percatado de que se ha llegado a una situación insoportable. “Uno no protesta por cólera, protesta por convicción patriótica” ha dicho al ver como último recurso la calle: “Esta situación del país nos hace pensar que debemos ir a las calles”, dijo recientemente.

 

Sus palabras han tenido eco por las redes sociales y se está convocando a salir a las calles el día sábado 2 de abril.

 

¿Qué podría garantizar el éxito de una marcha?, le pregunto a Babacar M’Bow al que considero un experto en los movimientos de resistencia. Me responde que lo que la convierte en un éxito es que sea masiva, si no es multitudinaria el régimen la convierte en su triunfo. “Para que se logre una participación masiva, dice Babacar, es necesario que el estado de las cosas se haya vuelto insoportable para una gran parte de la sociedad hasta el punto de estar dispuesta a persistir hasta lograr que las cosas cambien”.

 

Hay que tener muy claro que la marcha es un comienzo y no una finalidad en sí misma. Se marcha para lograr resultados, no solo para hacer demostraciones de fuerza, y por eso la organización debe ser rigurosa. “No hay espontaneidad en las marchas”, enfatiza M’Bow.

 

En eso coincide la visión de Babacar con la de Álvaro Uribe: “Y si hay que irnos a la calle, nos vamos a la calle y demos toda la batalla” ha dicho el líder de la oposición en Colombia.

 

A pesar de los avances tecnológicos en las comunicaciones, el contacto directo con la sociedad sigue siendo el termómetro para medir si una situación se ha hecho insoportable para una gran parte del pueblo, como lo experimentó Martin Luther King. “Nos toca hablar con los colombianos mientras más podamos, y pensar…”, ha manifestado Uribe, lo que quiere decir es que el termómetro está llegando a muy altas temperaturas y se llega el momento de marchar.

 

Para persistir en los objetivos de la marcha es necesario que ella sea el germen de otras acciones, me explica Babacar M’Bow, como grupos de trabajo, simposios… Pero es fundamental que quienes marchen se conviertan en un solo cuerpo con una sola voz, un solo grito, un solo clamor que incite a pasar de las palabras a la acción.

 

Cuando una voz aislada no alcanza a ser escuchada, muchas voces al unísono resuenan y no pueden ser fácilmente apagadas.  Los oídos del mundo tienen que escucharla y para eso se requiere que esa gran mayoría “minoritaria”, que conformamos los que nos oponemos a este gobierno, nos unamos y conformemos un solo cuerpo y una mayoría “mayoritaria”.

 

La emoción que surge en cada corazón cuando experimenta la solidaridad y el compartir las mismas ideas, las mismas preocupaciones y los mismos sentimientos frente a un estado de cosas insoportable, es algo extraordinario que devuelve la fe y la fortaleza que creíamos perdida. Que la unión entre almas hermanas pueda llegar a transformar lo que con dolor creemos inalterable es algo que no podemos conocer si no salimos a las calles al encuentro con otros que también asumen la lucha en solitario.

 

La creatividad que se despierta ante la perspectiva de dar un primer paso, como salir a las calles, que nos lleve por el camino de recuperación de nuestra patria unido a los sueños e ilusiones que suscita el sabernos capaces de construir nuestro futuro, sin que nos lo impongan a la fuerza, es infinita y es nuestro deber hacer el mejor uso de ella.