Acto de develación de las estatuas de Antonio Nariño y Policarpa Salavarrieta

Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez durante el acto de develación de las estatuas de Antonio Nariño y Policarpa Salavarrieta

9 de julio de 2010 (Bogotá)

       

“Antes de referir unas palabras a este acto, quiero hacer llegar toda la solidaridad con los compatriotas de Soacha (Cundinamarca) que sufren estas inundaciones, y espero que la Oficina de Prevención y Atención de Desastres, a cargo de la doctora Luz Amanda Pulido (Directora de Gestión del Riesgo del Ministerio del Interior), como ha sido la norma en estos ocho años, ayude al Gobernador de Cundinamarca (Andrés González) y al Alcalde de Soacha (José Ernesto Martínez) en el proceso de atención de los damnificados.

 

También quiero hacer llegar un saludo lleno de afecto a nuestros compatriotas de Chiquinquirá (Boyacá), hoy en el Día de Nuestra Señora de Chiquinquirá, una gran devoción de Colombia.

 

Nos reunimos esta mañana, aquí en el sitio que vio nacer al Precursor (Antonio Nariño), para asistir a esta muy importante idea del señor Gobernador (de Cundinamarca): llevar estas dos estatuas a la Plaza de Gobierno de Cundinamarca, de dos hijos de Cundinamarca héroes superiores de la Nación, dos símbolos de todo lo que ha aportado Cundinamarca a la historia de Colombia.

 

El Gobernador acaba de hacer un relato muy completo sobre el General (Antonio) Nariño y sobre La Pola (Policarpa Salavarrieta).

 

Homenaje al Precursor Antonio Nariño

Diríamos que Nariño tuvo una de las carreras políticas más intensas y más extensas de la época. Cuando fue Alcalde de Bogotá, en 1788, ya llevaba un largo trecho de participación en política. Y su carrera se extiende ininterrumpidamente hasta 1823, cuando muere en Villa de Leyva (Boyacá), después de haber superado, siendo él el abogado de su propia defensa, los cargos de indignidad que le lanzaron en el Congreso de la época.

 

Casi todo lo sabemos de Nariño, héroe fundamental de nuestra historia. Yo destacaría hoy su perseverancia, su intensa y extensa carrera pública, su actitud de combate en todos los momentos. Nariño no tuvo declive.

 

Una enhiesta actitud de combate por la libertad en todos los momentos. Varios encarcelamientos cuando traduce Los Derechos del Hombre y se fuga de la cárcel y va a Francia a pedir apoyo y a decir que era necesaria la independencia de la Nueva Granada.

Después, cuando lo encarcelan, al concluir la Batalla de Juanambú. Está dos veces en la cárcel de Cádiz (España), está en la cárcel de Cartagena (Bolívar). Solamente regresa al país cuando ya se ha producido la Batalla de Boyacá. Se encuentra con El Libertador (Simón Bolívar). Durante un breve periodo es Vicepresidente. Pero después el Congreso de Cúcuta no lo elige nuevamente Vicepresidente.

 

Sigue su lucha como parlamentario hasta a aquella defensa de su propia causa en 1823, a partir de la cual se retira a Villa de Leyva, donde lo encuentra su hora final.

 

El Gobernador lo ha presentado hoy en ese contexto tan importante, en el contexto de la Revolución de los Estados Unidos, en el contexto de la Revolución Francesa. Diría que Nariño y Los Comuneros constituyen la gran nómina de precursores de nuestra Independencia.

 

Hoy cuando acudimos al Socorro en Santander, a conmemorar también los 200 años de aquella acta de independencia, tenemos que asociar necesariamente a Nariño y a Los Comuneros como los dos determinantes precursores de la Independencia.

 

Homenaje a Policarpa Salavarrieta, La Pola

Y Policarpa Salavarrieta. Increíble. Esa pasión por la lucha y por la libertad en esa edad. Nos acaba de recordar el Gobernador cómo ella había nacido en 1796. Cuando vino el Grito de Independencia, solamente tenía 14 años. Y cómo combatió, cómo soportó con dignidad y con espíritu de lucha la infamia de la pena de muerte.

 

Ha traído el Gobernador una bellísima frase de La Pola, que debería publicarse en todas partes: ‘Pueblo indolente, cuán diversa sería vuestra suerte si conocieses el precio de la libertad. Ved aunque mujer y joven me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más, y no olvidéis este ejemplo’.

 

Yo quiero llevar hoy en un lugar visible de mi vida, hasta el último día de la existencia, esta frase de La Pola, porque difícil encontrar en la historia de Colombia un legado más importante de valor civil, un legado más importante de fortaleza que es lo propio de los héroes.

 

La necesidad de que la Patria haga germinar las semillas

 

Y ellos dos retratan a Cundinamarca. En La Pola y en Antonio Nariño se ve la semblanza de esta gran tierra, de sus aportes a todo lo largo de la historia de Colombia.

Narra la historia que al día siguiente del 20 de julio, los cundinamarqueses en todos los sitios, sin que nadie los convocara, sin que nadie los presionara, se pusieron en las filas de la libertad y de la Independencia, con el valor de Antonio Nariño y con el valor de La Pola.

 

Qué importante ese precedente de las Constituciones de 1811 y de 1813. También que importante reflexionar cómo tuvimos tantas dificultades para consolidar la Independencia, porque nos dejamos tentar de las guerras civiles.

 

Nariño mismo se arrepintió, cuando había instigado aquella guerra civil. Él en el comienzo de su vida, tal vez por la Alcaldía, por la Gobernación, en la que sucedió a Jorge Tadeo Lozano, que en alguna forma él había contribuido a derrocarlo, fue partidario de las ideas centralistas. Y al final de su vida, desde el periódico los Toros de Fucha, defendía todo lo contrario: las ideas descentralistas. Era dialéctico, evolucionista.

 

Él lanzó un ejército que nos aplazó la Independencia, pero también fue una gran autocrítico. Lanzó ese ejército contra Camilo Torres Tenorio.

 

De aquí salió ese ejército a combatir en favor de las ideas centralistas. Un miembro de ese ejercito era el general (Francisco de Paula) Santander, quien apenas contaba con 18 años, un poco mayor que La Pola.

 

Pero Nariño después, en su mismo periódico, decía: ‘Pusimos el huevo de la Independencia, y nosotros mismos nos encargamos de no consolidarla, porque nos dedicamos a la guerra interna’.

 

La guerra que él ayudó a impulsar fue la misma guerra que le inspiró toda la autocrítica.

 

Leyendo a Nariño, uno piensa mucho en la Patria, en la necesidad de que la Patria haga germinar las buenas semillas, en la necesidad de que la Patria no permita que las buenas semillas se pierdan.

 

Leyendo la autocrítica de Nariño, viene a la mente del lector esta reflexión: cuánta sangre se hubiera evitado, si en lugar de lanzarnos en la aventura de la primera guerra civil, consolidamos la Independencia.

 

Consolidar la Independencia no era problema por la capacidad de resistencia de los españoles, sino por las debilidades que a nosotros nos trajo el enfrentamiento entre nosotros mismos.

Y Nariño lo dice, después de haberlo vivido, con una encomiable franqueza, con admirable honradez intelectual, la propia de los luchadores.

 

Homenaje a Cundinamarca

Señor Gobernador: ha sido muy grato trabajar estos años con mis compatriotas de Cundinamarca. Les tengo inmenso afecto. Además cuando uno conoce a los cundinamarqueses, no le extraña el valor de Nariño, que soportó la prisión y las mazmorras, ni el valor de La Pola. Tal para cual. Este es un pueblo inmensamente valeroso.

 

Aquí no ha habido un día de duda sobre la Seguridad Democrática, no ha habido un minuto de vacilación para apoyar al Ejército de la Patria, para enfrentar el terrorismo, para recuperar la paz.

 

En una Cundinamarca asediada por el terrorismo, empezó hace ocho años nuestra lucha por la Seguridad Democrática. Y lo único que recibimos fue el apoyo entusiasta del gran pueblo cundinamarqués.

 

El 7 de agosto en la tarde, cuando yo regrese al más bello oficio de todos, al de simple ciudadano de Colombia, llevaré hasta el final de mi existencia un sentimiento inmenso de admiración por mis compatriotas cundinamarqueses.

 

Ha sido grato de la vida, ha sido un cielo de la existencia, poder trabajar estos años con mis compatriotas cundinamarqueses.

 

Hoy, al rendirle un homenaje a La Pola y a Don Antonio Nariño, se lo rendimos a Cundinamarca, a su participación en la historia, a su heroísmo, al carácter de sus gentes.

 

Lo mismo en todas partes que en la bella sabana, que en la ladera oriental, que en los páramos, que en la Cundinamarca del occidente.

 

Una Cundinamarca llena de diversidad, de pluralismo, pero con un elemento constante, un común denominador, un elemento transversal en todas sus regiones: una tierra de carácter, una tierra de orden, una tierra de laboriosidad, una tierra de patriotismo.

 

Maestro, muchas gracias; a todos, por esta obra tan bella, que dentro de poco va a recordar la historia desde la Plaza de la Paz de Cundinamarca.

 

Rendimos homenaje a Antonio Nariño, que lo lean y lo estudien las nuevas generaciones. A Policarpa Salavarrieta.

Rendimos homenaje a esta gran tierra: Cundinamarca. A este gran pueblo: nuestros compatriotas cundinamarqueses.

 

Muchas gracias”.