Ceder a la extorsión NO es paz

Desde que el gobierno anunció la negociación con las Farc, sabiendo que ello implicaba riesgos de seguridad personal y de otros tipos, desaprobé un proyecto que ahora sin duda considero como la mayor amenaza de la historia republicana de Colombia.

 

Tenía la esperanza de estar equivocado, pero por la forma en que el gobierno irresponsable y tramposo negoció y todo lo que le concedió gratis a los delincuentes, me confirman que no solo no estaba equivocado sino que subestimé el peligro, pues se establecerá una monstruosa impunidad, un presidente con facultades dictatoriales, una minoría de criminales billonarios sostenidos y patrocinados económicamente por nosotros que van a “COGOBERNAR”, y se abrirá la jaula a una plaga que devorará “desde su interior” la democracia que habíamos construido.

 

La forma rastrera en que este gobierno actuó, abusando de su poder económico, político y del deseo de paz de los colombianos, hace que la probabilidad de que su plebiscito tramposo se apruebe sea alta. Pero como ganar no es lo que mueve a la gente con principios, sino luchar por un país digno y viable para todos y especialmente para las próximas generaciones, votaré NO a la ley “Ser pillo paga”. Así me digan lo que sea, por la educación que recibí, NO traicionaré mis convicciones sobre la democracia y la supremacía de la justicia por encima de la paz, porque la verdadera paz es el fruto de la justicia y no de su burla. Me importa un pepino quedar ante los acomodados, crédulos o cómplices de este proceso de impunipaz, como un dinosaurio que cree que el deber de todos es cumplir la ley y que quien no la cumpla debe ser castigado y no premiado. Me parece aberrante dejar herido de muerte el futuro de la sociedad cuando los jóvenes sean testigos que “ser pillo paga” y que por el contrario a quien cumple la ley le va mal. El acuerdo extorsivo institucionalizará que la aplicación de la ley es inversamente proporcional a la peligrosidad del delincuente y que es mejor delinquir porque un tiempo después, las instituciones ineptas y los dirigentes cobardes indultan todo, premian a los infractores y obligan a las víctimas a pagar por los daños de los victimarios.

 

Tampoco entraré al grupo de facilistas que ante un problema de seguridad o delictivo difícil de resolver, “lo legalizan para que así no haya delito” y toman caminos rápidos para supuestamente resolverlo. Es como si usted tiene sobrepeso y el médico le dice que tiene que rebajar 15 kilos, y para hacerlo rápido y sin importar el cómo, usted se corta una pierna. Así mismo es este proceso de apaciguamiento extorsivo, ¡si obedecemos no nos matan!

 

Después de esta columna evitaré al máximo referirme al tema porque lo establecido en el acuerdo pone en altísimo riesgo jurídico y de otros tipos a quienes se opongan al gobierno y a su socio terrorista. ¡Bienvenidos a la dictadura comunista!