Conferencia ‘Retos y desafíos de los jóvenes en una sociedad democrática’, celebrada en El Salvador

Palabras del Presidente Álvaro Uribe en la conferencia ‘Retos y desafíos de los jóvenes en una sociedad democrática’, celebrada en El Salvador

Septiembre 25 de 2008 (San Salvador, El Salvador)

       

“Primero, les agradezco inmensamente. Hoy jueves, que ustedes deberían estar en clase, reunirse oírme unas palabras, me hacen un altísimo honor, me comprometen muchísimo, y le agradezco al doctor David Escobar Galindo sus generosas palabras.

 

Llego a este país con mucho afecto por todos ustedes y con mucha admiración por esta patria salvadoreña, que ya pudo superar tantos de los problemas que en Colombia todavía estamos en vía de superación.

 

Admiramos muchos la capacidad de ustedes de superar tantas dificultades.

 

Permítanme hablar antes de abrir el diálogo de algunos temas. Unas ideas sucintas sobre América Latina, el papel del Estado, el papel del sector privado, el liderazgo de los jóvenes.

 

El nuevo concepto de democracia

A América Latina no podemos seguir dividiéndola entre derecha e izquierda. Esa división es obsoleta. Era válida cuando algunos importaron las ideas de izquierda de Europa, de la Europa que combatía al fascismo, y las trajeron a América Latina para combatir dictaduras.

 

Hoy, cuando todo el mundo gira alrededor de la regla democrática, aquella predica es obsoleta, es polarizante, es un discurso muy polarizante, genera antagonismos en la contradicción y en la práctica es bastante difícil de aplicar.

 

Hay gobiernos de América Latina que se llaman de izquierda, y a la hora de la verdad sus principios corresponden a autocracias de derecha. Hay otros gobiernos de América Latina que llegaron en nombre de la izquierda y han gobernado en el centro, de pronto con una práctica distinta a lo que fue su discurso. No han afectado la iniciativa privada, manejan la economía con ortodoxia, simplemente buscan recursos fiscales para hacer política social.

 

Hay gobiernos de América Latina a los que señalaban como gobiernos de derecha, y son simplemente gobiernos del centro democrático. Hay que mirar no sólo el discurso, sino los resultados.

 

Creo que en lugar de insistir en esa polarizante división, hay que hablar de democracias modernas. Una democracia moderna, a mi juicio, apreciados jóvenes, debe tener los siguientes elementos:

Apúntenlos porque después les pregunto por ellos.

 

Primero: seguridad.

 

Segundo: libertades. Todos en igual nivel de importancia.

 

Tercero: cohesión social.

 

Cuarto: transparencia.

 

Quinto: un Estado con instituciones independientes, un Estado de poderes y contra-poderes, un Estado de equilibrios para que no haya abusos.

 

La seguridad no es de derecha ni de izquierda

La seguridad. Muchos en América Latina desdeñaban de la seguridad. Decían: es que la seguridad es de derecha, es que eso es fascismo, es que eso es paramilitarismo, es que eso es dictadura, es que eso es cercenamiento de libertades. No es así. La seguridad no es de derecha ni de izquierda. Es un valor democrático. Todo el mundo la necesita.

 

¿Cómo no van a necesitar la seguridad los aspirantes que se llaman aspirantes de izquierda, para poder ser alternativa de gobierno? ¿O aquellos otros que combaten a los supuestos gobiernos de izquierda, desde esa supuesta derecha, para ser alternativa de gobierno? La seguridad la necesita todo el mundo.

 

Y sin seguridad no hay inversión. Una las razones del éxito en captar inversión de los propios países otrora socialistas, o que se siguen denominando socialistas, es que son países donde hay una rigurosa seguridad.

 

Entonces creo que necesitamos reivindicar la seguridad como un valor democrático, como una fuente de recursos, como una condición necesaria para la prosperidad.

 

La seguridad es para poder ejercer las libertades

Segundo: las libertades.

 

La seguridad tiene que ser democrática, respetuosa de las libertades. Es para eso: la seguridad es para que todos los seres humanos podamos ejercer nuestras libertades.

 

Nosotros en Colombia hemos hablado de Seguridad Democrática para distinguirla de la doctrina de la de seguridad nacional, que en muchas partes de América Latina, especialmente en los países de Suramérica, es de ingrata recordación. Porque se limitaron las libertades, se eliminó el consenso, se expatrió a los disidentes.

 

Nosotros en Colombia hemos dicho: seguridad con libertades, seguridad sin censurar la prensa. Seguridad lo mismo para el amigo de las tesis del Gobierno que para el adversario de las tesis del Gobierno. Seguridad para todos.

 

Y la seguridad deber ser un valor que hagan respetar todos los gobiernos en una democracia moderna.

 

El avance de lo social valida la democracia

Tercero: cohesión social.

 

Mientras algunos decían: es que la seguridad es un patrimonio de la derecha, otros decían: es que la lucha por lo social es un patrimonio de la izquierda. Y hoy todo el mundo necesita luchar por la seguridad y por lo social.

 

Decía la izquierda: es que la seguridad es simplemente es para reproducir las condiciones de explotación, es para reproducir los privilegios de propiedad. Y eso desvirtuó. La seguridad es para que todo el mundo pueda ejercer sus libertades.

 

Y la cohesión social la necesita cualquier democracia. Si no se avanza en lo social, fracasan los gobiernos, cualquiera sea su orientación. Es un valor de todas las sociedades.

 

El avance en lo social, finalmente, es un gran validador de la democracia.

 

La transparencia da confianza

Si no hay transparencia en la manera como el Estado adjudica contratos, en el diálogo, transparencia para reconocer errores, para dejar que las instituciones funcionen, para no ocultar la verdad, si no hay transparencia, la ciudadanía pierde la confianza.

 

Una democracia tiene que tener confianza ciudadana en las instituciones que la rigen. Para eso se necesita transparencia.

 

¿Qué es mejor? ¿Que los líderes políticos hagamos promesas, desatemos aplausos y después quedemos mal? ¿O que los líderes políticos seamos capaces de decir: no estoy de acuerdo con eso, por esta y esta razón, y de pronto que algunas personas se disgusten con ellos, pero que les puedan creer?

Yo creo que es mucho más importante que la gente le pueda creer a uno, así este en desacuerdo con uno, a que la gente diga: no le puedo creer, así esté de acuerdo con él.

 

Es más importante la credibilidad que la adhesión.

 

Es más importante que me puedan creer, así estén en desacuerdo conmigo, a que digan: ‘qué rabia, no estoy de acuerdo con ese Presidente’, pero que uno ponga las cartas sobre la mesa y le crean, a buscar a través del engaño adhesiones.

 

Un Estado con instituciones independientes

Es bien importante el tema del Estado con instituciones independientes. Y es muy difícil de manejar.

 

Ayer me decía una niña en Nueva York, de Wall Street, me decía: es que ustedes tienen que tener un banco central más independiente. Entonces yo digo en Colombia: tenemos mucho temor de que las altas tasas de interés nos paralicen los consumos. Y critican: el Presidente está interviniendo en la autonomía del banco central.

 

Y eso hace eco allá en Nueva York. Claro que ayer eso no les quedaba fácil a los de Nueva York hablar. Porque también dijeron que a la economía colombiana le hacÍa falta más flexibilidades. Y les dije: de pronto a ustedes fue a los que les hizo falta más regulaciones, para que no hubieran tenido ese fracaso que amenaza con hacer fracasar la economía mundial.

 

Es muy difícil. Hay que respetar las instituciones independientes. Yo he venido observando un problema: el respeto a la independencia de las instituciones no es silenciarse. No es tener que renunciar a la discrepancia. Hay que saber combinar la discrepancia con el respeto a la independencia de las instituciones. Y también hay que buscar acuerdos.

 

Es que finalmente la única verdad a la cual tenemos acceso los seres humanos es la verdad relativa. Ninguna institución puede decir: yo soy la última palabra en el Estado.

 

Todos tenemos que buscar el diálogo, porque generalmente si no se busca el diálogo no se encuentran las mejores opciones.

 

La violencia contra la democracia es mala

Creo que América Latina tiene que trabajar hacia la unidad. Para trabajar hacia la unidad tiene que respetar los principios democráticos. La reunión de Santiago de Chile, la semana pasada, de Unasur, con todos los Presidentes de Suramérica, me deja a mí una lección: todos acordamos una declaración en contra de la violencia en Bolivia, de apoyo a sus autoridades constitucionales, al Presidente de Bolivia, que es democráticamente elegido y representa la democracia boliviana.

 

Y eso me sirvió a mí para decir lo siguiente: aquí estamos respetando la democracia. Lo que no podemos hacer es pensar que la violencia en un país es mala, porque ataca a un gobierno con el cual tenemos identificaciones ideológicas, y en otro país es buena porque ataca a un gobierno con el cual tenemos discrepancias ideológicas.

 

El punto de unidad de América Latina tiene que ser el respeto a la democracia, el rechazo a la violencia, a cualquier violencia.

 

Uno no puede distinguir entre violencias buenas, que son las que atacan a los adversarios, y violencias malas, que son las que atacan a mis amigos. La violencia contra la democracia es mala.

 

Los europeos, en casi todas sus legislaciones, dicen que la sola amenaza de uso de violencia por razones ideológicas, políticas, religiosas, es terrorismo.

 

Y al ser preguntados los profesores europeos sobre por qué son tan rigurosos, contestan: porque nuestra democracia es tan amplia, que tenemos que ser inmensamente rigurosos para protegerla. Es tan amplia, que no podemos ser benignos con quien amenace alterar la democracia con el uso de las armas.

 

El rechazo a la violencia es fundamental, el respeto a la democracia, para la unión de América Latina alrededor de la biodiversidad.

 

Integración del continente puede producir muchos beneficios

Creo que el continente se tiene que ir integrando. Colombia, cuando empezó nuestro Gobierno, tenía todo el afán de integrarse al Plan Panamá-Puebla. Y estamos muy agradecidos con los gobiernos de El Salvador, con el anterior gobierno y el Gobierno del Presidente Elías Antonio Saca, porque con mucho entusiasmo ayudaron a que nos recibieran en el Plan Panamá-Puebla.

 

Hacemos parte de la comunidad andina, del Acuerdo de Comunidad Andina – Mercosur, de Unasur.

 

El proceso de integración del continente puede producir muchos beneficios.

 

Primer beneficio: que los gobiernos sean más democráticos y menos de extremas.

Si ustedes estudian bien la Unión Europea, verán que la Unión Europea todos los días ha logrado que los gobiernos sean más democráticos y menos de extremas.

 

Uno no ve posibilidades hoy en Europa de que elijan un gobierno de un extremo o de otro. Creo que es un gran resultado de la consolidación de la Unión Europea, del proceso de integración.

 

Todos, a través de la integración, han venido superando conflictos entre ellos.

 

La integración ha ayudado a que todos combatan el terrorismo, a la par que respetan la democracia. A que todos combatan la violencia, a la par que exijan el respeto total a los derechos humanos.

 

Todo eso ha ayudado en la cohesión social. Creo que Europa es el gran ejemplo de haber creado el universo de clase media democrática más importante de que nos da cuenta la historia de la humanidad.

 

Eso todo lo puede perseguir la integración de nuestro continente.

 

El Estado Comunitario

Yo he creído mucho en el Estado comunitario. He creído que tanto el neoliberalismo como la izquierda se equivocaron en América Latina. Porque el neoliberalismo quiso destruir todo el Estado, y la izquierda quiso sustituir toda la iniciativa privada, tener simplemente monopolios estatales.

 

La idea nuestra ha sido reformar el Estado. Uno no puede dejar que el Estado esté al servicio de los costos burocráticos, de excesos burocráticos, que esté al servicio de excesos sindicales, que esté al servicio de la politiquería, de fundamentalismos ideológicos, de corrupción. Está es para servirle a la comunidad.

 

Por eso nosotros en Colombia hemos venido hablando de un Estado comunitario, en el cual haya más amplia participación de la comunidad para tomar decisiones, para ejecutar esas decisiones, para revisar, para vigilar esas decisiones.

 

Levanten la mano quiénes de ustedes estudian derecho, ciencias políticas, carreras relacionadas.

 

Recordarán en su carrera esto: que se hagan los siguientes controles sobre el Estado: el control fiscal. Hay una entidad que es una auditoría, una revisoría fiscal, una contraloría. Tiene diferentes nombres, dependiendo del ordenamiento en cada país, que mira el buen uso de los recursos.

Hay controles disciplinarios, hay una entidad que se llama la Procuraduría, que vigila que los funcionarios públicos cumplan con la ley. Hay controles penales, la justicia. Los congresos ejercen controles políticos.

 

Diría que al conjunto de controles hay que agregarle uno: el control de opinión. Para eso hay que facilitar una amplísima participación de la opinión. Creo que es fundamental en el Estado comunitario.

 

El rol del sector privado

El rol del sector privado. Hay que darle al sector privado todas las garantías, pero exigirle todas las responsabilidades.

 

No estoy de acuerdo en que América Latina vaya a repetir el error de Wall Street, donde había ausencia de reglamentaciones y se permitía el avance del capital especulativo, y nos hacen este daño.

 

Pero tampoco estoy de acuerdo con que los gobiernos sean hostiles con la inversión. Sin inversión no hay prosperidad.

 

Creo que la historia de la humanidad todavía no ha hecho un juicio (les recomiendo a ustedes, estudiantes, pensar en esto e investigar): ¿por qué se cayó el Muro de Berlín? ¿Por qué se colapsó la Unión Soviética? ¿Por qué China tuvo que hacer el cambio de Mao Tse Tung a Deng Xiao Ping?

 

Y habría dos opciones para responder: ¿por falta de libertades o por falta de prosperidad? En mi concepto fue por falta de prosperidad.

 

Los alemanes del Este veían que al otro lado del Muro había prosperidad y que ellos no la disfrutaban. Unión Soviética, sus ciudadanos, decían: tenemos muchas armas, pero las empresas estatales que nos proveen bienes y servicios son obsoletas, nuestra calidad de vida está muy mala. La democracia occidental, con prosperidad de empresa privada, está operando mejor.

 

Y lo mismo decían en la China de Mao Tse Tung. Y llegó un día Deng Xiao Ping y dijo: la economía socialista no es incompatible con al economía de mercado. Y dijo: venga la inversión privada a China. Y China lleva alrededor de 20 años con la mayor inversión extranjera extranjera, año por año, que pueda ocurrir en cualquier país del mundo. Y eso ha rescatado de la pobreza a 400 millones de chinos.

 

Hay que ser muy claro con la inversión.

 

Y los gobiernos no pueden, y los candidatos no pueden temer a eso. Las épocas electorales no son para esconder lo que uno piensa sino para declararlo, y para debatir, así eso disguste.

 

Yo viví una experiencia en Colombia. Estábamos negociando el TLC con Estados Unidos y no habíamos podido concluirlo. Llegamos a elecciones de 2006. Me dijeron: ‘Presidente, esconda ese tema, que eso es muy impopular’.

 

Dije: ¿Y por qué?

 

Que sáquelo después de elecciones.

 

Dije. No, las épocas electorales son para discutir los grandes temas.

 

Y lo propusimos como un tema de discusión, a pesar de que estábamos en la adversidad. Pocas semanas antes de elecciones, cuando cerrábamos el TLC con Estados Unidos en la fase de negociaciones, el TLC tenía un 56 por ciento de aprobación en Colombia, y apenas un 26 por ciento de aprobación.

 

Pero en un trabajo pedagógico (el liderazgo público exige pedagogía todos los días), logramos que los compatriotas fueran entendiendo que se necesitan esos tratados para que haya inversión, den prosperidad, se puedan generar empleos de buena calidad, resultados que no se consiguen de la noche a la mañana. Hay que persistir, jóvenes.

 

Hay que exigir responsabilidad social a la inversión privada

Hay que ser abiertos para dar garantías a la inversión privada, pero hay que exigirle responsabilidad social.

 

¿Qué es responsabilidad social? Responsabilidad social es que haya transparencias, que no evadan impuestos; responsabilidad social es que respeten, sean solidarios con las comunidades, respeten el medio ambiente.

 

Responsabilidad social es que no haya olas especulativas. Yo creo que esta crisis de Wall Street nos hace pensar en la necesidad de establecer la diferencia entre el capital especulativo y el capital productivo.

 

Nosotros no necesitamos grandes ganancias especulativas. Nosotros necesitamos capitales productivos, que generen prosperidad, empleos de buena calidad con afiliación a la seguridad social.

 

La responsabilidad social es fraternidad laboral. Y lo digo en nombre de los colombianos y ante nuestros compatriotas hermanos de El Salvador, porque en países que han sufrido tanto la violencia, como ustedes la sufrieron en el pasado, como todavía hoy Colombia la sufre, es muy importante hablar de la fraternidad.

 

En las relaciones entre empresarios y trabajadores no puede haber abusos empresariales en nombre del capitalismo salvaje, ni puede haber exceso de trabajadores en nombre de la lucha de clases. Ni lo uno, ni lo otro. Tiene que haber fraternidad.

 

Conducir las relaciones empresas trabajadores con fraternidad, es una expresión necesaria para el cumplimiento de la responsabilidad social en cada inversión.

 

Creo que hay que darle todas las garantías a la empresa privada, pero exigirle responsabilidad social. Hoy agregaría, como una cuarta exigencia de responsabilidad social, que la he agregado a lo largo de estas semanas, la necesidad de tener aquel conjunto de regulaciones para evitar el capital especulativo.

 

Todavía ayer una niña de origen asiático, en Nueva Cork, me decía: Colombia necesita más flexibilidad.

 

Le dije: ‘Cuidado, niña, que la falta de regulación fue lo que los llevó a ustedes a quebrarse’. Y es hoy una de las grandes discusiones en los Estados Unidos.

 

Entonces creo que hay que tener un buen equilibrio para que haya un Estado que regule, que garantice lo social, que promueva, que garantice los valores democráticos, que no obstruya la inversión privada, y una inversión privada que sea para beneficio de todos los ciudadanos. Parece que hay que lograr ese gran equilibrio.

 

El nuevo concepto de liderazgo

La gran esperanza en América Latina, en mi concepto, son ustedes.

 

La generación de ustedes nació justamente cuando aquí se estaban dando los acuerdos. Nacen cuando ya hay una gran expectativa de paz estable.

 

Las nuevas generaciones de América Latina están creciendo con la posibilidad de estudiar dos o tres idiomas, con un acceso a la información, que no tuvieron mis contemporáneos, no tuvimos en mi generación, con una gran masificación de la enseñanza.

 

Es que miren solamente el conjunto de universidades importantes, cuyos rectores están sentados en esta mesa. En la época de mi generación no había eso.

Ustedes tienen muchas más oportunidades. Ustedes creo que van a ser la gran esperanza, de tener un continente mucho más amable, alrededor de la regla democrática.

 

Eso es muy importante: apegarse de las democracias, apegarse de las libertades, es fundamental.

 

Una de mis profesoras decía: ustedes, que están llamados a ser líderes, el liderazgo necesita credibilidad. Y la credibilidad necesita tres C y dos palabritas que empiezan por R y por H.

 

¿Cuáles son las tres C?

Competencia: hay que estudiar todos los días, todos los días, jóvenes. Uno todos los días tiene algo que aprender.

 

Segundo: Consistencia. Uno tiene que tener el mismo discurso en todas partes. Yo no puedo darles un discurso a los empresarios y después uno opuesto a los trabajadores. Hay que tener el mismo discurso en todas partes, sin perder la capacidad de agregarle valor y de corregir. La dialéctica es necesaria en el ser humano. Qué tema tan difícil diferenciar lo que es la dialéctica de la inconsistencia. La dialéctica es la capacidad de estar haciendo ajustes, introduciendo mejoramientos. La inconsistencia es estar dando cambios bruscos. Decir un día una cosa, al siguiente toda la contraria. Consistencia con dialéctica.

 

Tercera C: Congruencia. Hay que actuar como se predica. Es fundamental en el liderazgo. Hoy el liderazgo tiene que enseñar más con el ejemplo de la actuación que con la predica de la palabra.

 

Fundamental. Si el liderazgo es ejercer un conjunto de direccionamiento de la sociedad para lograr lo que uno piensa, las comunidades hacen más caso a quien enseña con el ejemplo que a quien simplemente predica. Es muy importante la congruencia.

 

Y RH: Relaciones Humanas. Pero las relaciones humanas no son complacencia, las relaciones humanas no consisten en decir a todo que sí. En el temperamento de nosotros los seres humanos es muy difícil ese equilibrio, entre buscar la excelencia y al mismo tiempo tener todo el cuidado con las relaciones humanas. Acertar en las relaciones humanas, pero sin ser permisivo con aquello que está mal hecho.

 

Otro de los profesores decía: el liderazgo necesita tres valores.

 

Competencia. Ya se los dije: la capacidad de estudiar todos los días, de aprender todos los días, de ajustar todos los días.

 

Honestidad y Energía.

¿Y por qué los tres?

Pensemos en una persona competente y honesta, pero le falta el tercero: la energía. La persona sabe mucho, es honesta, pero tiene una pasividad, no transmite, no tiene energía. Y sin energía las buenas ideas no se convierten en realidades.

 

Pensemos en otra hipótesis: la persona tiene energía y es honesta, pero no tiene competencia. Uno no sabe para dónde va. Es que la competencia tiene que fijar unas metas a través del conocimiento.

 

Pensemos en otra hipótesis: la persona tiene competencia y tiene energía, pero es deshonesta. Un peligro total.

 

Por eso necesita la combinación de los tres elementos.

 

Hay que procurar menos confrontación social

En estas sociedades nuestras, donde el debate político es tan intenso, hay que procurar tener menos confrontación social.

 

Yo diría que en Colombia, el gobierno nuestro hace un esfuerzo todos los días para que, a pesar de la intensidad del debate político, tengamos menos confrontación social.

 

¿Cómo llaman aquí cuando dos personas compiten para ver quién tiene más fuerza en los brazos? ¿Pulsar?

 

Ustedes pueden hacer, jóvenes, un pulso con el vecino. Anímense.

 

Camine, Rector, hagámoslo usted y yo. Pero se me preparan.

 

Va a ganar el que más veces derrote al vecino.

 

A ver, empecemos usted y yo, profesor.

 

Usted nos cuenta hasta diez, rector.

 

(…).

Ahora les tocó a ustedes. Nosotros no hicimos sino un punto, ahora les tocó a ustedes. Cada cual con el vecino.

 

¿Quiénes hicieron un punto? Levanten la mano. ¿Quiénes dos, quiénes tres? ¿Hay alguien que haya hecho cuatro? ¿Alguien que haya hecho cinco? ¿Alguien que haya hecho seis? ¿Alguien que haya hecho siete? Parece que ganó el seis o siete.

 

Ahora volvamos a hacer otro ejercicio, usted y yo profesor.

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10…

Hicimos diez puntos. En la primera no hicimos sino un punto, porque nos confrontamos. Ahora colaboramos, e hicimos diez.

 

Que yo haga todos los días eso en política, muy difícil. Pero es lo que deberíamos hacer.

 

Si yo les dijera a ustedes: no, yo no peleo, yo no hago debates, yo soy un santico, yo miento.

 

Yo soy un combatiente, pero uno quiere que los jóvenes sean mucho mejor que uno.

 

La idea es más colaboración que confrontación. Y ahora sí las preguntas de ustedes”.