Desfile militar del Bicentenario de la Independencia en Socorro, Santander

Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez en el desfile militar del Bicentenario de la Independencia en Socorro, Santander

9 de julio de 2010 (Socorro, Santander)

       

“Muchas gracias, apreciada comunidad, por su afecto por Colombia, expresado en su capacidad y en su fervor para interpretar los acontecimientos de la historia que han tenido aquí en El Socorro un epicentro esencial.

 

Muchas gracias por acogernos hoy en un día tan importante de la Patria y de esta tierra santandereana. Muchas gracias, señor Gobernador (de Santander) Horacio Serpa Uribe, por su generosa hospitalidad en estos años de Gobierno en esta tierra santandereana.

 

Llegando ya la hora final de esta administración quiero decir a usted en frente de sus coterráneos que para mí, en el inmenso honor de ejercer la Presidencia de la República, ha sido grato poder actuar con usted en las tareas del bien común desde su condición de Gobernador de su gran tierra.

 

Muchas gracias, señor Alcalde (de Socorro) Humberto Chinchilla, por recibirnos con tanta generosidad aquí, por estimular que las tradiciones del espíritu, de la misma del vestuario y sobre todo las tradiciones del alma socorrana, se prolonguen para bien de la libertad de Colombia.

 

La Revolución Comunera

Acudimos movidos por el más profundo sentimiento de Patria a hacerle un homenaje al Socorro y a Santander por dos gestas trascendentes: por la Revolución Comunera y por la Independencia, por aquella del 10 de julio de 1810, que fue el motor fundamental para el grito de Bogotá días después, aquel 20 de julio, y que con la constancia y la capacidad de lucha de los santandereanos se expresó trece meses después en la primera Constitución de Independencia en Colombia, incluso antes que la Constitución de Independencia de Cundinamarca.

 

Un poeta del continente, (Pablo) Neruda, dijo bellamente, refiriéndose a la gesta de los Comuneros: ‘fue en la Nueva Granada, en la Villa del Socorro, donde los Comuneros sacudieron el cielo en un eclipse precursor. Llovieron contra los estancos, contra el manchego privilegio, levantaron la cartilla de las peticiones forales, se unieron con armas y piedras, milicia y mujeres, el pueblo se encaminó a buscar la libertad’.

 

¡Qué hermosos renglones los del poeta de Chile y de nuestra América para referenciar la gesta comunera!

Permítanme asociar la gesta comunera con la Revolución de los Estados Unidos, con la Revolución Francesa; permítanme asociar la gesta comunera con todo el proceso de formación del Estado Social de Derecho; permítanme asociar la gesta comunera con la construcción de una Nación en la cual se equilibra la democracia participativa con la democracia representativa, con la construcción de una Nación cuya unidad reposa en la solidaridad, en el reconocimiento a la diversidad étnica y a la condición de Nación multicultural.

 

La gesta comunera es un intermedio entre la declaración de Independencia de los Estados Unidos, entre aquella gran Constitución de la libertad, y la Revolución Francesa. Qué importante ubicarla en ese momento de la historia; se da aproximadamente 600 años después de que iniciara la revolución en Inglaterra por construir el estado de leyes en el cual la autoridad surgiera del pueblo.

 

En aquel memorial que presentaron los ingleses al monarca y que dio lugar a la Carta Magna, en la cual se empezó a reconocer que no era el monarca el que podía imponer los tributos, que los tenía que derramar el pueblo a través de sus representantes.

 

El Estado de Derecho, al decir de Bertrand Russell, ha sido un bellísimo proceso en el cual la monarquía y la autocracia han venido gradualmente reconociendo que el derecho del Gobierno radica exclusivamente en el pueblo.

 

El movimiento comunero (Juan Francisco) Berbeo, Manuela Beltrán, más adelante (José Antonio) Galán, justamente lo que propone es que cuando la autoridad no está surgida del pueblo, controlada por el pueblo, la autoridad abusa.

 

Los Comuneros se anticiparon a conquistas sociales

Fue una rebelión contra el abuso que provenía de la autoridad monárquica, una rebelión para sentar el precedente de que solamente el pueblo puede derramar tributos.

 

Qué paso tan importante en la construcción del estado de derecho. Y cuando leemos la constitución del 91, uno de cuyos copresidentes presidentes fue en esa Asamblea Constitucional el Gobernador Horacio Serpa, encontramos que el constituyente define a esta Nación como un Nación multiétnica y pluricultural.

 

Al repasar los textos de las capitulaciones que se firmaron entre las autoridades de la época y el movimiento comunero, cerca de Zipaquirá, (Cundinamarca) hoy Nemocón (Cundinamarca), en el Puente del Mortiño, encontramos que el movimiento comunero tenía una visión mucho más integral en favor del ser humano, que la sola lucha por la reducción o por el desmonte de unos impuestos.

 

En esas capitulaciones, el movimiento comunero proponía que debía eliminarse la esclavitud, 80 años antes de la Ley de José Hilario López.

 

En estas capitulaciones, el movimiento comunero proponía reconocer todos los derechos de las comunidades indígenas, que nuestro país posteriormente —tarde en nuestro medio, pero anticipándose en America Latina— reconoció con un gran paso en la administración del Presidente Virgilio Barco, cuando se empezó a extender a las comunidades indígenas el titulo sobre sus tierras, que nos ha llevado a poder decir hoy con orgullo ante el mundo, que de 114 millones hectáreas del territorio, 33 están tituladas a las comunidades indígenas.

 

Eso se remonta a la lucha de los comuneros plasmada en las capitulaciones de Zipaquirá.

 

El movimiento comunero se expresó en esas capitulaciones y en la lucha que sobrevino al incumplimiento que el Gobierno le dio a los compromisos, en favor de lo que hoy llamamos la comunidad de nuestros compatriotas afrocolombianos.

 

Todo eso va marcando la fisonomía del movimiento comunero. Democracia por oposición a la autocracia, a la monarquía; autoridad derivada del pueblo, una gran participación y una representación democrática, reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas, abolición de la esclavitud, reconocimiento de la necesidad de una tratamiento igualitario a todos los compatriotas en aquella lucha, de la cual ellos fueron precursores, por los derechos y el respeto a los colombianos afrodescendientes.

 

Rendimos, pues, un gran culto al movimiento comunero. Pero no nos podemos quedar ahí, como un episodio formidable entre la Constitución de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. Tenemos que ubicarlo no solamente en el Estado Social de Derecho, si no en el homenaje al valor y al carácter.

 

La valentía del pueblo santandereano

Después de que las capitulaciones fueron incumplidas, el movimiento comunero no resigno, siguió la lucha, y por eso terminaron todos asesinados cobardemente por las autoridades de la época.

Allí hay una piedra fundamental sobre la cual se talló el carácter de este gran pueblo santandereano, bellamente reflejado en las estrofas de su himno. Este pueblo santandereano nos dio el ejemplo de que el valor puede llegar a cualquier riesgo, siempre y cuando la causa del valor sea la justa causa de la libertad, de la independencia, de la defensa de la democracia.

 

Y continuó la persistencia del pueblo santandereano, del pueblo comunero.

 

Aquellos episodios de 1781 y de 1782 no murieron con la horca de sus caudillos. Siguió un rumor libertario, un rumor independentista, que necesariamente tenemos que conectar con la sublevación del 10 de julio de 1810, aquí en El Socorro.

 

No se dio espontáneamente; se venia fraguando con la chispa que dejaron los Comuneros. Y aquí acudieron todos los vecinos y desde aquí se irradió una idea libertaria para toda la Patria.

 

Cuentan los historiadores que los hechos de la Casa del Florero, del 20 de Julio, sus protagonistas habían recibido las noticias de la independencia de la sublevación del Socorro del 10 de julio y que eso los motivó a producir definitivamente el Grito del 20 de Julio.

 

Socorro, cuna de la democracia

Y cuando se examine nuevamente cuál ha sido el proceso constituyente de Colombia, que consagra ese equilibrio entre la democracia participativa y la democracia representativa, habrá que mirar los hechos de los Comuneros, la sublevación del 10 de julio, y la Constitución de agosto de 1811 en El Socorro.

 

Era un permanente cabildo en el cual se liberaba toda la comunidad; el centro de inspiración, de ebullición, la fuente de surgimiento de todas las propuestas de organización democrática. Ese cabildo es un gran antecedente de nuestra democracia participativa y por supuesto, de ahí fueron surgiendo las instituciones representativas.

 

Aquí asistimos hoy a rendirle homenaje a una gran cuna de nuestra democracia, El Socorro. Toda esta tierra que conforma las provincias de la libertad.

 

Hoy, apreciados compatriotas, en estos años próximos a terminar, hemos hecho un gran esfuerzo para que los colombianos puedan vivir felices en el suelo amado de la Patria. Para reencontrarse con las libertades, que no se estaban perdiendo por obra de los gobiernos, pero que sí se estaban perdiendo a causa del avance del terrorismo.

 

A mí no me pasaba por la mente, no me cabía en el discernimiento, cuando recibía llamadas de El Socorro o de San Gil, a contarme que los ciudadanos estaban derrotados por el secuestro, por el avance del terrorismo.

 

Una provincia recuperada por la Seguridad Democrática

Que las trincheras de la historia, la Serranía de los Cobardes y todas las que conforman estas serranías entre el río Suárez y el Valle del Magdalena, se utilizaban como lugares de cautiverio de los secuestrados.

 

Que el turismo no venía, que la ciudadanía sentía tristeza y amargura, que sus ímpetus libertarios se estaban apagando. Emprendimos la política de la Seguridad Democrática, pero no emprendimos solamente la política de la Seguridad Democrática; la hemos hecho acompañar de otras dos políticas, de la política de confianza de inversión y de la política social. Van de la mano, apreciados compatriotas.

 

Cuando yo era joven el discurso político se oponía a la propuesta de seguridad. Se consideraba —en mi criterio equivocadamente—, que la apología de la seguridad era la apología de la dictadura, la apología del fachismo.

 

Hoy se ha presentado una revolución cultural importante en la Patria, la inmensa mayoría de mis compatriotas reconocen que la seguridad es un valor democrático, es una fuente de recursos.

Tres pilares de confianza

Cuando yo era joven, en el discurso político girábamos exclusivamente alrededor de las propuestas sociales, escasamente nos preguntábamos por las fuentes para poder financiar lo social. Hoy hay una conexión indestructible entre lo que es confianza de inversión con fraternidad y posibilidades de política social.

 

Esos tres pilares de nuestra confianza —la seguridad con libertades, la inversión con fraternidad, la política social sin odio de clases—, son pilares inseparables. La seguridad y la inversión no son fines en sí mismos; son medios para la cohesión social, son sus presupuestos esenciales, y la construcción de cohesión social es el gran validador de una sociedad democrática.

 

Se han puesto unas semillas, apreciados compatriotas. Reconocemos que el país no está en un paraíso pero hay unas semillas que traen entusiasmo, que dan motivos de esperanza; que hemos pasado de la desolación del espíritu a la esperanza, a mirar con alegría el futuro de la Patria; que hemos podido superar tantas crisis.

 

Sé que hay que consolidar la seguridad y en esa tarea hay que continuar. Cuando a mí me dicen: ‘Presidente, ¿por qué los ciudadanos de las grandes ciudades reclaman por la seguridad?’ Y me dice alguien con voz de desconsuelo, yo contesto con alegría que me gusta ese reclamo.

 

Ese reclamo significa que el pueblo colombiano entiende que la seguridad tiene que avanzar por una escalera sin descenso como describe el sociólogo (Abraham) Maslow, el avance en la satisfacción de las necesidades básicas. Un peldaño no puede ser para retroceder, tiene que ser para apuntalarse y ganar el siguiente peldaño.

 

Hoy los colombianos reclaman por la seguridad

Hace ocho años mis compatriotas abrumados por los carros bomba, por los secuestros colectivos, por las masacres de todas las horas, habían perdido la esperanza par reclamar y para denunciar; lo encontraban inútil. Y menos había en el sentimiento de los colombianos espíritu para poder protestar contra la inseguridad callejera de las ciudades, contra el robo del teléfono celular, contra el atraco al apartamento, contra el robo del vehículo, el hurto de la moto, contra el robo al establecimiento de comercio.

 

Hoy mis compatriotas reclaman y está bien. Esa es la gran garantía de que Colombia no puede aceptar que hay un pueblo que exige que avancemos todos los días consolidando la seguridad en la ruralidad, en los pequeños municipios, en las ciudades intermedias, en las grandes ciudades de la Patria.

 

Pero tengo que hacer rendición de cuentas ante mis compatriotas socorranos que son esencia, fuente, garantía de nuestras libertades En estos años hemos enfrentado el terrorismo más poderoso de América sin violentar la Constitución, sin suprimir las libertades, sin legislación de Estado de Sitio.

 

Se han celebrado en este Gobierno ocho eventos de elecciones generales, el referendo de 2003, la elección general en las regiones, la elección del Congreso, del Presidente de la República en 2006, la elección de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales en 2007 y recientemente, la elección del Congreso y dos vueltas presidenciales.

Un país diferente, recuerdo el asesinato de los candidatos a la Presidencia, las restricciones para desplazarse por el territorio de la Patria. Ahora todos, desde los afectos al Gobierno hasta los más radicales críticos, recorrieron la patria exponiendo sus ideas, rodeados de las garantías de la Seguridad Democrática. Creo que es un avance importante, es una recuperación de las libertades que veníamos perdiendo a manos del terrorismo y que tenemos que cuidar y preservar.

 

Se recuperó la razón de ser de la descentralización

Muy apreciados compatriotas: nuestras Fuerzas Armadas han rodeado con garantías constitucionales de seguridad a todos los ciudadanos. Hace ocho años estábamos en riesgo de perder la descentralización, el país había dado una batalla centenaria por la elección popular de alcaldes y 400 alcaldes de Colombia no podían ejercer por las amenazas del terrorismo.

 

El país había llegado en la Constitución de 1991 de la elección popular de gobernadores y muchos gobernadores no podían defender los recursos de la descentralización, no podían defender los recursos de la salud, no podían defender los recursos de las regalías por los asaltos del terrorismo.

 

Hoy todos los alcaldes de Colombia, todos los gobernadores, independientemente del origen político de su elección, de su afinidad con el Gobierno o de sus discrepancias con las tesis del Gobierno, están rodeados de la Seguridad Democrática.

 

Hemos recuperado la razón de ser de la descentralización y nuestras políticas han avanzado a derrotar esos ejemplos de corrupción en que se constituyó el asalto a los recursos de la salud, el robo de los dineros del Sistema General de Participaciones y el asalto a las regalías de muchas tierras de Colombia. Ahí vemos que hay una gran relación entre la seguridad y la recuperación del respeto de los colombianos a la Ley.

 

En estos años hemos buscado que prospere la inversión. La necesita esta Patria; 46 millones de colombianos requieren inversión con fraternidad para superar la pobreza. Nosotros tenemos que escoger qué es lo que queremos repartir, si queremos repartir pobreza o queremos repartir prosperidad.

 

A (Salvador) Allende (ex presidente de Chile), alguna vez le preguntaron que cómo él siendo socialista tenia un nivel de vida tan alto y dijo: “lo que pasa es que tengo discrepancias con socialismos de otras latitudes, que quieren hacer socialismo repartiendo pobreza. Yo lo que propongo es que Chile pueda repartir prosperidad”.

 

Prosperidad con fraternidad e inversión sin odio de clases

Un camino de prosperidad con fraternidad, sugiero yo en esta hora final del Gobierno, debe ser el camino lógico de la Patria, inversión con fraternidad.

 

Colombia durante muchos años estuvo en la lista de países sancionados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por el asesinato a los trabajadores. Y durante muchos años perdió el atractivo como destino de confianza de inversión por el secuestro de los empleadores.

 

Hemos recuperado el animo para invertir con el avance de las Fuerzas Armadas en la derrota del secuestro y por primera vez después de más de 20 años la Organización Internacional del Trabajo ha reconocido nuestro esfuerzo para proteger a los líderes sindicales de Colombia y Colombia por primera vez no ha aparecido en la lista de países sancionados en la Organización Internacional del Trabajo.

 

Inversión con fraternidad. Este Gobierno no se escondió del 1° de Mayo de ninguno de los ocho años. Acabamos con esa costumbre de que le Gobierno se escondía en las oficinas oficiales y el único contacto que tenia con el 1° de Mayo, el Día de los Trabajadores era llamar a la Fuerza Publica a ver si había desmanes en las protestas de los obreros de Colombia.

 

Nosotros participamos activamente en los ocho primeros de mayo de estos ocho años de Gobierno; en el último reciente en Popayán (Cauca). Allí nos reunimos con empleadores y trabajadores a hacer un gran pacto de Contrato Sindical, que ojala se sienta en la salud, en todos los servicios públicos, en la empresa privada, para que las empresas sean más generosas y los trabajadores mas participativos y más responsables de la competitividad de las empresas.

 

Aquel día, en nuestro último 1° de Mayo, en un acto público, actualizamos la legislación sobre el Contrato Sindical para que no se tenga que estar contratando en las empresas con entidades ajenas a sus propios trabajadores, sino que muchas labores de tercerización se contraten con la organización de los obreros.

 

La inversión tiene que ser ajena al odio de clases, las relaciones laborales tienen que ser ajenas al capitalismo salvaje. Inversión con fraternidad. Y muchos compatriotas me preguntan: ‘Presidente: si el año pasado Colombia tuvo la tasa de inversión más alta de América Latina ¿por qué todavía tenemos tanta pobreza y tanto desempleo?’ Es bueno mirar cuidadosamente estos años.

 

Crisis internacional y crisis de un pueblo hermano

Entre 2002 y 2007 tuvimos un alto crecimiento a la economía y una proporcional reducción de la pobreza y del desempleo. Pero sobrevinieron dos crisis, la crisis de la economía internacional, cuya superación definitiva todavía está en entredicho, desatada por el concepto especulativo del capital que imperó en las grandes bolsas de los mercados financieros.

 

Crisis de la economía internacional que nos dejó una lección: el capital no puede ser un activo de especulación, solamente puede ser un activo de construcción de riqueza social.

 

Y nos sobrevino la crisis con Venezuela, que afecta a Santander y a la zona más próxima a la frontera; la crisis con un pueblo hermano, hermano en la historia, hermano en el presente, hermano en el futuro. Crisis que aspiramos se pueda superar con sinceridad y con soluciones de fondo.

 

Porque así como nosotros respetamos todas las democracias y nosotros no permitimos que terrorista alguno se ubique en Colombia para atentar contra la democracia de un país hermano, nosotros sí queremos, necesitamos, el gran compromiso de todos los gobiernos de los países hermanos para que ningún terrorista se ubique en su territorio y desde allí maltrate al pueblo colombiano.

 

Crisis difíciles, pero confío que con esa necesaria combinación de la hermandad y de la sinceridad, porque en las sociedades comerciales se dice: cuentas claras, sociedades estables; entre los amigos se dice: cuentas claras, hermandad de largo plazo; entre los pueblos hermanos tenemos que decir: solidaridad y compromisos claros y que se cumplan.

 

Recuerden ese incumplimiento de las capitulaciones de los Comuneros todo lo que costó. Por eso nosotros siempre vivimos dispuestos a cumplir nuestros compromisos y pedimos que todos los demás cumplan los suyos. Confío que esa crisis se pueda superar.

 

En medio de crisis, Colombia mejoró

A pesar de tantas crisis, cuando el año pasado aumentó la pobreza en América Latina, en Colombia por primera vez en una crisis disminuyó ligeramente la pobreza, mejoró ligeramente el coeficiente de distribución del ingreso.

 

El país deja una política social importante, que si se puede alimentar con la política de seguridad y con la política de inversión con fraternidad, tiene que ayudarnos a acelerar la superación de la pobreza y a construir equidad, que es el gran validador de las libertades.

Muy apreciados compatriotas santandereanos, ustedes tienen una obligación, una obligación que les viene de la historia; la obligación de seguir dando ejemplo de carácter a esta Patria.

 

Muy apreciados compatriotas santandereanos, ustedes tienen una obligación con esta Patria; la obligación de seguir dando ejemplo de valor civil.

 

Por aquí pasó el Libertador en uno de los años finales de su Gobierno; se estableció unas semanas en Bucaramanga. No llegó a la Convención de Ocaña, pero tuvo con la Convención de Ocaña un magnifico cruce epistolar. Lo acompañó Luis Perú de Lacroix, lo acompañaron otros. Luis Perú de Lacroix narra bellamente la estadía del Libertador en Bucaramanga, su apología al gran pueblo santandereano.

 

Y en una carta a la Convención de Ocaña, redactada bajo el influjo inspirador de Santander y de su capital, Bucaramanga, el Libertador expresó a los legisladores congregados en Ocaña: ‘Considerad, legisladores, que la energía de la Fuerza Pública es la salvaguardia del débil, es lo único que aterra al criminal y es la esperanza de la sociedad entera’.

 

Rodear a la Fuerza Pública

Compatriotas santandereanos, un país afectado tantos años por el terrorismo, por la narcoguerrilla y el narcoparamilitarismo, un país que todavía tiene problemas serios con el terrorismo, tiene que rodear a su Fuerza Pública. Rodeemos a nuestros soldados y policías, hagámosles sentir afecto; se lo merecen por su heroísmo y por su responsabilidad.

 

En esta hora final del Gobierno podemos decir ante el mundo que la Fuerza Pública de la Patria no ha dejado pasar impunemente una sola violación de derechos humanos en estos años. Es una fuerza comprometida con la credibilidad de la seguridad, que radica en la eficacia, en la atención solícita para acudir a proteger al ciudadano, credibilidad que también radica en la transparencia que empieza con la observancia de los Derechos Humanos.

 

El Libertador (Simón Bolívar) en ese mensaje a la convención de Ocaña, en un párrafo final decía: ‘Considerad, legisladores, que sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la República’.

 

El carácter santandereano es una fuerza que ha mantenido viva la virtud del espíritu de libertades en la Patria. No podemos dejar que se apague esa llama; ustedes son los que la tienen que alimentar desde esta gran tierra de la historia de la Nación entera.

 

Logros y temas por resolver

Muy apreciados compatriotas santandereanos, faltan muchos temas por resolver. Hemos hecho un gran esfuerzo con la infraestructura, pero sabemos que es mucho más lo que se requiere.

 

Hemos hecho un gran esfuerzo con Familias en Acción; hemos llegado a dos millones 600 mil familias pobres de la Patria, pero hay que llegar a cuatro millones de familias pobres de la Patria.

 

Hemos hecho un gran esfuerzo con la educación. La universidad colombiana ha pasado de una cobertura del 21 por ciento al 36; pero hay que llegar al 50 por ciento. Hemos hecho un gran esfuerzo en el Sena, con Bienestar Familiar, pero en todo falta.

 

Aquí apenas va a empezar el Plan Departamental de Agua, que es un gran acuerdo entre los municipios, el Congreso, los gobiernos departamentales y la Nación, para que todos los municipios sean tratados en igualdad de condiciones, sin privilegios y sin discriminaciones.

 

Este Congreso eliminó los auxilios parlamentarios. Este no fue un Congreso de auxilios parlamentarios ni de clientelismo, en un Gobierno que reformó 465 entidades del Estado. Pero este Congreso aprobó los Planes Departamentales de Agua y yo sé que con la perseverancia con que se han venido trabajando, van a dar buenos resultados y al Socorro le van a traer un alivio a un problema estructural que ha tenido esta bella ciudad.

 

La señora Alta Consejera para el Bicentenario (María Cecilia Donado) y la señora Ministra de la Cultura (Paula Moreno) han venido empeñadas en construir en El Socorro ese bellísimo centro de reunión de la comunidad, de conectividad con el mundo, de cultura, de historia, de ciencia.

 

Yo no creo que en estos días finales de Gobierno, con unas dificultades fiscales que el Gobierno reconoce, podamos financiarlo todo. Pero por lo menos tiene que quedar financiada, asegurada la financiación de la primera etapa, que incluye la plaza exterior, para que el acceso sea amable.

 

Enseguida vamos a tener una reunión con el Gobernador (de Santander) y el Alcalde (de Socorro, Humberto Chinchilla), la Universidad Industrial de Santander, para buscar el acuerdo que permita que la Universidad Industrial de Santander se haga cargo de la administración de este gran centro y que este centro quede como un eslabón en la bella cadena del recuerdo de las libertades, de la gesta comunera y de la gesta de la Independencia de El Socorro.

 

Gratitud al pueblo de Santander y a su Gobernador

Expreso mi gratitud al Congreso por su compañía en estos años, al gran pueblo santandereano. Para mi era muy difícil, para mi era muy difícil buscar el corazón de este pueblo, porque hube de competir —por razones de la democracia— con un gran santandereano, el doctor Horacio Serpa Uribe.

 

Pero espero que él haya recibido el afecto y la admiración que siempre le he profesado, cuando nos ha tocado compartir estos dos años de su administración departamental. Él sabe de mi admiración desde que lo conocí, pero también sabe de mi indisciplina de disidente y de mi carácter santandereano, que como ustedes, también me quitaron el piñón de la reversa.

 

Y quiero agradecer al ex gobernador Hugo Aguilar, con quien tuve el privilegio de gobernar un largo rato en bien de esta tierra, y a todos los alcaldes. He procurado, gobernadores y alcaldes, que sientan afecto sin consideraciones de origen político.

 

Muchas cosas faltan, compatriotas, lo sé. En muchas cosas hemos fallado, lo sé. Pero les pido, les ofrezco excusas por las falencias de este Gobierno sobre una razón y con un único mérito: el mérito de haber querido profundamente a Colombia, vigorosamente a Colombia.

 

Nos ha faltado más progreso y más paz y más infraestructura, pero lo que no nos ha faltado es amor a Colombia, compromiso con esta gran tierra santandereana.

 

Esta mañana he recordado, al revisar la historia de Cundinamarca, la bellísima frase que La Pola (Policarpa Salavarrieta), de escasos 21 años de edad, en 1817 cuando era llevada al cadalso, pronunció como su testimonio final: ‘Pueblo, cuán diversa sería vuestra suerte si conocieseis el precio de la libertad. Ved que, aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más, y no olvidéis este ejemplo’.

 

No olvidemos el sacrificio de nuestras Fuerzas Armadas. Reclamemos siempre con vigor una Colombia libre, solidaria, equitativa.

 

¡Muchas gracias, compatriotas santandereanos!