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CEREMONIA DE ASCENSO DE LOS GENERALES
EUCLIDES SÁNCHEZ VARGAS Y CARLOS ALBERTO OSPINA OVALLE
Diciembre 21 de 2002 (Bogotá, Cundinamarca)

Esta navidad prodiga a la Nación el privilegio de contar
con dos nuevos soldados que acceden al más alto honor y
a un elevadísimo peldaño en su carrera militar.

Dos generales valerosos, compañeros que iniciaron su carrera
el mismo día del año 1967 y se han convertido en
hermanos de armas, pues han concurrido durante 35 años,
en la misma fecha y hora, a cada uno de sus nueve grados y ascensos
como soldados.

Pueden mostrar con orgullo y satisfacción a su familia,
al pueblo colombiano y al mundo, que por sus méritos y
descollante desempeño en defensa de sus conciudadanos
y de la democracia, pudieron llegar a esa suprema cumbre de la
vida profesional.

¡Felicitaciones a los generales Euclides Sánchez
Vargas y Carlos Alberto Ospina Ovalle!

El General Ospina se ha propuesto celebrar este ascenso a General,
a general de Tres Soles, al lado de su entrañable compañero
de armas, el General Sánchez, con los soldados heridos
en combate. Dijo públicamente que invitaría a un
grupo grande de miembros de las Fuerzas Militares para hacerles
un reconocimiento y agradecerles su solidaridad y lealtad.

Tan significativo gesto, traduce una profunda concepción
de la vida, una formación humana y un talante que lo enaltecen
y lo hacen memorable para la institución militar.

Nuestros Generales, dignos de todas las consideraciones no piden
el aplauso para sí, aplauden ellos el valor de los hombres
que los acompañan en la acción. Hechos como estos,
dan moral a las tropas y las alientan a seguir en la trinchera,
así se les infunde confianza disciplina y heroísmo,
virtudes de las cuales han hecho gala cuando recuperamos, por
ejemplo, las Comunas de Medellín de las garras de la barbarie,
cuando restablecemos los derechos de los ciudadanos en muchos
de los municipios de las zonas de rehabilitación y consolidación
o cuando detienen la agresividad terrorista que ha querido ensombrecer
la navidad en Bogotá.

“¡
No se puede formar un Gobierno estable donde falten hombres que
sepan mandar y obedecer!”, enseñaba con voz autorizada
el Libertador.

Los soldados de Colombia son soldados que
obedecen con admirable fidelidad a la Constitución y a las leyes, al mando civil
y militar en los correspondientes órdenes de la jerarquía.

Pero, por otra parte, nuestros Generales saben mandar a sus tropas,
están a la ofensiva para garantizar la vida y los bienes
de los ciudadanos en los campos y ciudades. Los grandes Generales
saben convivir con sus hombres, darles ejemplo de vida.

El General aconseja como un padre, consuela como un amigo, reprende
como un jefe y estimula y arenga como un caudillo.

Queremos celebrar, también, que el Ejército haya
venido acrecentando sus acciones de servicio social a la comunidad.
Es la aplicación de lo que podríamos llamar un
ejército comunitario, proyección del modelo de
estado comunitario a la organización y funcionamiento
de las instituciones armadas de la República.

El Ejército tiene que ser una institución estrechamente
fundida con la comunidad a la cual pertenece y sirve. Los militares
no constituyen un estamento distinto al común de los ciudadanos,
ni un segmento social divorciado de la vida cotidiana de la comunidad.

Al lado de su rol de centinela insomne de la Patria y del Estado
Democrático de Derecho, el Estado viene ocupándose
también de tareas de beneficio social.

El soldado no solo es un profesional de
la milicia, sino un ingeniero, un abogado un técnico, un artesano, en fin un patriota que
brinda su saber y habilidad a la comunidad donde actúan.

En este nuevo modelo de Ejército que Colombia necesita,
el General Euclides Sánchez, destacado profesional de
la ingeniería, nos ha mostrado con su ejemplo el paradigma
del soldado: un servidor de la comunidad atento a solucionar
sus problemas más acuciantes.

El soldado nos protege de los terroristas y narcotraficantes
con el ejercicio legítimo de las armas de la República,
pero también codo a codo con los campesinos construye
caminos, vacuna contra la malaria, enseña computadores
a los muchachos, forma equipos de fútbol con los jóvenes
del barrio y crea vínculos literarios con los ciudadanos
inquietos de la comunidad.

No abundan antecedentes de Fuerzas Militares y de Policía,
que en plena acción contra una criminalidad generalizada,
sea la institución con más estimación y
confianza por parte de la población de un país.
Pero en Colombia lo estamos viviendo. Los estudios de opinión
de los últimos meses así lo evidencian.

Por eso, nuestro pueblo ha asumido con
espontaneidad el deber de cooperación con la Fuerza Pública, ha colaborado
en crear efectivas redes de informantes, ha aceptado la formación
de los empadronamientos, ha comprendido de buen grado las limitaciones
y molestias para neutralizar a los terroristas y ponerlos a buen
recaudo.

Ustedes generales, Euclides Sánchez Vargas y Carlos Alberto
Ospina Ovalle, han contribuido a todo ello. Nos están
aportando a la formulación y puesta en práctica
de la Seguridad Democrática, la defensa de los derechos
humanos y el Estado Comunitario.

Ustedes, insomnes, han acompañado y orientado desde sus
altas posiciones a la oficialidad y a la tropa en la labor de
devolver a Colombia la confianza y la paz.

Sus esposas, Valentina de Sánchez y Martha Lucía
de Ospina; sus hijos, Liliana Constanza, Claudia Ximena, Ana María
Sánchez, Juan Carlos, Martha Lucía, Luis Alfredo
y Liliana Ospina, merecen el agradecimiento de todos los compatriotas
que los queremos.

Sus señoras, sus hijos, han entregado sus esposos y padres,
al servicio del grande pueblo de Colombia, luchador y resuelto.
Dios y la Patria pagarán este sacrificio que tantas privaciones
han exigido a ustedes y a sus familias.

Felicitaciones por llegar a la cúspide de su carrera,
gracias por trabajar fiel y lealmente al servicio de la Nación.

Este acto que nos emociona, que nos permite destacar colombianos
sobresalientes, los invita a reflexionar sobre la unidad de la
Nación y sobre el compromiso de la Nación.

Cuando vemos este Batallón de Sanidad, de soldados heridos
en el combate, a quienes los Generales Sánchez y Ospina
han querido tener como testigos de primera línea de este
ascenso importante para la Nación. Cuando vemos estos niños
de Saravena (Arauca), municipio azotado por el terrorismo sobre
el cual el Gobierno tiene especial interés de devolverle
la paz plena, vemos que estos soldados heridos, estos niños
que han crecido asistiendo a que las bombas terroristas maltraten
la ilusión de su edad, nos llaman a unir todos los esfuerzos
para que Colombia pueda derrotar finalmente la violencia.

La Nación ve con alegría la recuperación
del prestigio de la Fuerza Pública, que bueno que el ascenso
de los generales Euclides Sánchez y Carlos Alberto Ospina
Ovalle, se de en un momento de ascenso del nivel de aceptación
de la Fuerza Pública por parte de nuestros compatriotas.

¡
Qué bueno! para unir a la Nación entera, que se
sigan fortaleciendo las instituciones democráticas.

Desde acá, en compañía con los generales
Euclides Sánchez Vargas y Carlos Alberto Ospina, de los
soldados heridos en combate, de los niños de Saravena, hacemos
llegar nuestro saludo al senador Germán Vargas, herido por
el terrorismo, quien con su heroísmo también ha contribuido
a enaltecer las instituciones.

Hacemos llegar nuestro saludo a todos los
soldados y policías
de Colombia heridos, a los familiares de todos aquellos que han
sido asesinados, el sacrificio de todos ellos nos invita a unir
la Nación.

Esta circunstancia del gran reconocimiento popular a la institución
armada, coincide con un principio de recuperación de la
respetabilidad popular por el Congreso. El esfuerzo que ha hecho
el Congreso en esta legislatura, que queremos destacarlo ante
todos los colombianos –esta mañana aquí,
en presencia de los soldados heridos y de los niños de
Saravena- enaltece nuestra democracia.

Cuando las instituciones se fortalecen, cuando las instituciones
disipan dudas, cuando las instituciones eliminan nubarrones,
cuando las instituciones quitan incógnitas de la opinión,
las instituciones fuertes son el camino para consolidar la unidad
nacional.

La historia de los pueblos demuestra que los grandes problemas
se resuelven cuando el pueblo está unido y que las instituciones
democráticas son el punto de unión del pueblo.

Ustedes generales, Euclides Sánchez y Carlos Ospina Ovalle,
con su sacrificio, con su gran tarea al servicio de las armas
de la democracia, contribuyen a unir a la Nación.

¡
Deseo, a todos los soldados y policías de mi Patria una
Feliz Navidad y un Venturoso Año 2003!

Podré saludar, durante estos días, algunos acantonados
en diferentes sitios de la Nación.

Mientras los colombianos pueden obtener
la posibilidad de una Navidad más tranquila y de un Fin de Año más
feliz, muchos de ustedes van a estar en las carreteras cuidando
la tranquilidad de sus compatriotas.

Esa tarea los honrará, para bien de muchos colombianos
que quieren conocer a su Patria, disfrutar los paisajes de sus
cordilleras, de sus valles, de sus llanuras, volver a ver sus ríos.

Este esfuerzo de ustedes policías y soldados, permitirá que
muchos colombianos recuperen su empleo en las carreteras, en
las tiendas, en las bombas de gasolina, en los lavaderos de vehículos.

Permitirá que muchos colombianos vean nuevas oportunidades
de empleo en los hoteles. Permitirá que la Nación
recupere la esperanza.

La vida de los generales Euclides Sánchez y Carlos Ospina,
ha sido una lucha sin tregua, cabalgando en el sacrificio por
el bien de la Nación.

Así mismo, nosotros tenemos que trabajar todos los días
con más amor y pedirle a los colombianos un poquito más
de trabajo. A los que puedan dar sacrificio, un poquito más
de sacrificio. A los que puedan pagar un poquito más de
impuestos, un poquito más de impuestos. A todos, que contribuyamos
a que la Patria sea una Patria sin corrupción, con una gran
democracia y con una resuelta decisión de derrotar a los
terroristas.

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