Palabras del Presidente Álvaro Uribe
en el Consejo Comunal 257 en Cúcuta


Noviembre 21 de 2009 (Cúcuta)
 

“Muchos de ustedes recordarán, apreciados compatriotas, cuando empezó nuestro Gobierno la situación de violencia de Norte (de Santander). En las primeras semanas del Gobierno aquí estalló un carro-bomba en un centro comercial.

Hemos avanzado pero no estaremos contentos hasta que no se eliminen totalmente el asesinato, el secuestro, y se haya recuperado plenamente la seguridad en Colombia y en Norte.

Reducción de delitos en Norte de Santander

Permítanme compartir unas cifras con ustedes, que responden al reclamo que la señora Alcaldesa (de Cúcuta, María Eugenia Riascos) con toda justicia ha elevado. Cuando empezó nuestro Gobierno, en ese año 2002, Norte de Santander tuvo 1.910 casos de homicidio, casi 2.000. Eso ha venido disminuyendo, a 1.416, a 900, 815, 765, 627.

Este año a 18 de noviembre llevamos 149 casos. Quisiéramos cero casos, pero no podemos dejar de reconocer que hay una gran disminución en las estadísticas de homicidio en Norte de Santander.

En el tema de secuestros. Norte de Santander tuvo años con 223 secuestros; en este año 2009 llevamos 7, cinco extorsivos y dos simples. Queremos cero casos, pero tenemos que señalar el esfuerzo de los soldados y policías de Colombia para derrotar ese flagelo.

Del año 2008 al año 2009, el robo de automotores en Norte de Santander ha caído un 25 por ciento, en Cúcuta un 40 por ciento. Motocicletas, ha caído un 45 por ciento en Norte, en el área metropolitana de Cúcuta este año no ha caído, hemos tenido once casos más de robo de motos, es un once por ciento de crecimiento.

El área metropolitana de Cúcuta, las lesiones comunes han caído este año un 25 por ciento, 70 casos menos. El hurto denunciado a residencias ha caído un 37 por ciento, 61 casos menos. El hurto al comercio ha caído en 94 casos, 43 por ciento menos. A personas ha caído en un 49 por ciento. La caída de los diferentes delitos en el país este año es del ocho por ciento, en el área metropolitana de Cúcuta es del 45 por ciento. O sea que en Cúcuta todos estos delitos vienen cayendo mucho más que en el promedio del país.

Ahora, cuando se gana un escalón en seguridad viene el reclamo por el otro escalón y eso está bien. En aquellos ‘puentes’ de octubre y noviembre de 2002, cuando los colombianos pudieron salir de nuevo a las carreteras, el país se puso feliz, parecía la liberación de un secuestro colectivo. Pero el Gobierno no se puede quedar allá; todos los días tenemos que ser más exigentes.

Entonces yo sí resalto esta caída tan importante de la delincuencia en Norte de Santander, pero reitero nuestro compromiso de seguir ajustando para mejorar plenamente la seguridad en esta tierra.

Buenos gobiernos y paz esquiva

Permítanme hacer algunas reflexiones sobre la seguridad. Cuando uno llega a esta tierra, tiene muchos motivos para reflexionar en la Patria. De aquí de Villa del Rosario, cuando tenía pocos años de edad, partió el general Santander por el camino que hoy se llama la Carretera Central del Norte al Colegio de San Bartolomé en Bogotá. El padre de nuestras instituciones, de nuestro ordenamiento jurídico.

En la primera derrota de los ejércitos libertadores en Venezuela, el Libertador después de haber llegado a Cartagena, por Cúcuta pasó consolidando aquella campaña que se llamó la Campaña Admirable.

El Himno de Norte de Santander es un bellísimo himno. En una de sus estrofas hace un inmenso reconocimiento al general Santander. Y en otra de sus estrofas al padre de la Patria, al general Bolívar.

Y entonces uno en esta tierra se anima más a pensar, a reflexionar en el Bicentenario, en la conmemoración de estos 200 años de vida independiente, en esta conmemoración en cuyas vísperas nos encontramos.

Anoche en Cartagena la Superintendencia de Industria y Comercio terminaba un gran foro sobre una magnífica Ley que acaba de aprobar nuestro Congreso, la Ley 1340, la Ley que le da instrumentos a los gobiernos para promover la inversión y al mismo tiempo evitar las posiciones de abuso, las posiciones dominantes; para promover la inversión y proteger a los consumidores. Pero hicimos una reflexión todavía más interesante para esta Patria.

Esa Ley 1340 que acaba de aprobar nuestro Gobierno se expide en el momento en que el país celebra 50 años de la Ley 155 de la administración del Presidente Alberto Lleras Camargo, siendo Ministro de Hacienda el doctor Hernando Agudelo Villa, que fue un hito en todo el continente.

Pareceríamos, al leer la Ley de 1959, estar refiriéndonos al mundo de hoy, a los requerimientos de las instituciones de hoy, que exigen promover la empresa, pero al mismo tiempo proteger a los consumidores. Promover la empresa, pero al mismo tiempo proteger los derechos de los trabajadores.

Y entonces uno piensa, qué importantes los gobiernos de Colombia. Cómo se anticipó el Presidente Lleras Camargo, el Ministro Agudelo Villa durante 50 años a estos desarrollos institucionales.

Y eso se constituye en un factor que incendia en el alma la chispa de afecto por la Patria, Y por la mente empieza uno a hacer el recorrido de la Patria y se pregunta por qué una Patria con tan buenos gobiernos, con gobiernos que se anticiparon a los acontecimientos, con gobiernos que fueron pioneros en desarrollos institucionales en el mundo, una Patria gobernada inicialmente por Bolívar y Santander, una Patria que ha tenido buenos líderes, buenas políticas públicas, no ha progresado lo suficiente.

Seguramente los historiadores darán muchas respuestas, los economistas y los sociólogos. Pero yo vengo invitando a mis compatriotas a una reflexión. Esta Patria en los dos siglos anteriores no progresó lo que debió progresar, lo que mereció progresar por la violencia, por la paz que nos ha sido esquiva.

Siglo del desquite contra violencia

Por eso el reto de esta centuria es que esta sea una centuria de seguridad, de paz, en Colombia, que se constituya en la centuria del desquite para la prosperidad colectiva.

Esta violencia no nos ha permitido vivir relativamente en tranquilidad sino durante 47 años. Siete años en el siglo XIX y escasos 40 años en el siglo XX.

Violenta la reconquista, violenta la reconquista. Los recuerdos del cadalso opacan lo que podría llamarse la inspiración de la iluminación colombiana, a partir de los alumnos de Mutis, de Caldas, de Camilo Torres, de todos ellos. La muerte de Piar, de Padilla, de Córdova, dejan un mal sabor sobre las guerras de la Independencia.

La primera vez que el Libertador por aquí pasó, no lo hizo simplemente para buscar cómo se defendía de los españoles y se conseguía la Independencia, sino también para ver cómo se defendía de las guerras intestinas que tanto nos estaban afectando el desarrollo de la lucha por la Independencia.

Uno se pregunta por qué el genio del Libertador no pudo dedicar más tiempo al buen Gobierno. Porque al ocuparse de la Independencia, también tuvo que ocuparse de ver cómo se apaciguaban esos conflictos, esas violencias entre nosotros.

Esta violencia nos desintegró la Gran Colombia. Esta violencia causó la más profunda depresión del Libertador, esta violencia evitó que la revolución educativa del General Santander, una vez regresó del exilio, produjera sus mejores resultados.

Esta violencia impidió los logros que se esperaban de la Constitución de 1863 de Rionegro, la Constitución federalista, la Constitución profundamente descentralista.

Esta violencia no permitió que perdurara ni que se consolidaran con fortaleza los logros del Gobierno de (Rafael) Núñez. En esos siete años de paz de Núñez surgió la caficultura de la Colombia andina y se dieron también los primeros brotes de empresarismo industrial en el Caribe colombiano.

Núñez se anticipó 40 años en nuestra América a instituciones de control de moneda, de intervención del Estado en la economía, de intervención en la banca. Pero tan pronto como el país empezaba a recibir los beneficios del gobierno de Núñez, irrumpieron otras violencias:

Vino la guerra civil de 1895. No había terminado plenamente cuando se dio la guerra civil, no de los Mil Días, como se le reconoce en la historia, sino de los 1.128 días y de los cien mil muertos. Aquí se vivió esa guerra: Peralonso en Cúcuta, después Palonegro en Bucaramanga. Son episodios de aquel desangre doloroso.

Aquí vinimos a finales del año 2002, cuando empezaba nuestro Gobierno, a conmemorar en Chinácota el primer centenario de los acuerdos de paz, que pusieron punto final a aquella guerra.

En efecto, entre septiembre y noviembre de 1902 en Chinácota el general Ramón González Valencia, Presidente después en nombre de Norte de Santander, y las fuerzas insurgentes, pactaron la paz.

En aquel bimestre también la pactaron en las finca Neerlandia, del Magdalena, el general Rafael Uribe Uribe, en nombre de las fuerzas insurgentes, y el general Florentino Manjarrés, en nombre de las fuerzas gubernamentales.

En aquella ocasión dijo (Rafael) Uribe Uribe, algo que debería servir a la Colombia de hoy, a la Colombia que quiere proyectarse en este siglo XXI, una reflexión en lo doméstico y en lo internacional. Al firmar aquellos acuerdos dijo: ‘nuestros padres y nosotros mismos nos equivocamos al creer que hacíamos Patria con los fusiles destructores de la guerra. El país está destruido, el único camino es hacer Patria con las armas fecundas del trabajo’.

Prosperidad con trabajo, no con fusiles

Lo único que requerimos los colombianos, hoy, en nuestra Patria, y en nuestra Patria mayor, que es la Patria de Venezuela, la Patria de Ecuador, la Patria de Panamá, la Patria del Perú, la Patria de Bolivia, la Patria de Bolívar, es poder hacer prosperidad con las herramientas fecundas del trabajo. Nunca destruir a nuestros pueblos con los fusiles de la guerra.

Y en aquel tiempo también se hacía otro pacto en el buque Wisconsin en Panamá. Allí el general Alfredo Vázquez Cobo, en nombre de las fuerzas gubernamentales, pactaba la paz con los delegados del general Benjamín Herrera.

Pero el país quedó postrado. Hay que hacer otra consideración: las expresiones de quienes hicieron la paz en aquel momento indican que la hicieron más por estado de necesidad que por convicción, que la hicieron más por solidaridad con una Patria destruida, que por un gran anhelo de paz.

Quedó tan postrada nuestra Patria que al año siguiente se separó Panamá.

Estaban firmando el Acta de Independencia en Panamá. Decían los panameños que se separaban solidariamente, que habían llegado a la mayoría de edad y que querían ejercerla, que se separaban como hermanos.

Al medio día de aquel 3 de noviembre de 1903, el general Pedro Nel Ospina llegó al Palacio de San Carlos a avisarle al Presidente (José Manuel) Marroquín, quien leía una novela en francés, que estaba separando Panamá.

Se separó Panamá, se separó lo que era la cabeza de la República en aquel momento, y ha habido muchas hipótesis.

Esta víspera los años de conmemoración del Bicentenario debería llevar a los historiadores a hacer claridad. Yo propongo que nos ayuden con una investigación: ¿Qué incidió más en la determinación de la independencia de Panamá: la política del Gran Garrote del Presidente (Teodoro) Roosevelt en los Estados Unidos o la política del gran descuido en que nosotros incurrimos?

Porque mientras nos entreteníamos en la violencia, nuestros compatriotas panameños se sentían abandonados y eso también los condujo a la separación.

La separación de Panamá también nos tiene que producir otra determinación: este siglo no puede ser el siglo para entretenernos en la violencia interna, no puede ser el siglo para dejarnos llevar a las provocaciones de las guerras internacionales.

Nosotros hemos perdido prosperidad por vivir en la violencia y queremos superar la violencia totalmente para que nuestro pueblo pueda ganar plenamente la prosperidad que le ha sido esquiva, apreciados compatriotas.

Vino un gobierno realizador, el del general (Rafael) Reyes. Después gobiernos bien importantes, para mencionar algunos, de aquellos que nos acompañan hoy desde las colinas de la historia. El Gobierno de Pedro Nel Ospina, que invirtió con eficacia en obras de modernización de infraestructura los 25 millones de dólares de la indemnización de Panamá.

El Gobierno de (Alfonso) López Pumarejo, el Gobierno que insertó a Colombia en la modernidad, el Gobierno que produjo toda esa fuerza para el desarrollo empresarial de Colombia y toda esa fuerza para la defensa de los derechos de los trabajadores.

Ha escrito mucho la historia sobre López. Aún el pueblo colombiano corea su nombre, pero de pronto no hemos pensado en los detalles más importantes de su pensamiento, de su obra de Gobierno. López no fue un promotor de antagonismos y de odios entre el capital y el trabajo, fue un promotor de la convergencia necesaria entre la modernización empresarial y el respeto de los derechos de los trabajadores. Diría yo que fue un promotor del progreso con fraternidad.

Pero todavía no se habían visto plenamente los frutos de aquella prodigiosa administración y estalló otra violencia: la violencia entre nuestros partidos políticos.

Y a finales de los años 50 los expresidentes Laureano y Alberto Lleras pactan el Frente Nacional. Aún no se habían apagado las llamas de la violencia partidista cuando aparece la violencia de las guerrillas marxistas.

Querían la destrucción del Estado democrático, la instauración de la dictadura del proletariado, que resultó siendo en el mundo la dictadura del burocratismo, la eliminación del emprendimiento, la instauración exclusiva del monopolio del Estado. Aquello que fracasó en otras partes. Por fortuna en Colombia no se dio y ojalá que no se dé.

Pero ¡cómo nos hizo perder de tiempo esa violencia!

Y después vino la reacción igualmente cruel del paramilitarismo, y unos y otros cooptados por el narcotráfico.

Y entonces llegamos a una realidad: después de haber vivido escasos siete años de paz en el siglo XIX, escasos 40 años de paz en el siglo 20, todavía nuestra Patria se debate en la necesidad de superar plenamente la violencia, pero lo vamos a lograr.

No hay –con la ayuda de Dios- nada que nos detenga en el propósito de derrotar la violencia, para que la Patria pueda tener en este siglo la centuria del desquite de la prosperidad colectiva.

No a la guerra con hermanos

Por eso nuestra apelación a la comunidad internacional para trabajar con nosotros en la derrota de esta violencia que tanto daño ha hecho.

Y así como tenemos toda la más firme determinación de derrotar la violencia interna, también tenemos toda la más firme determinación de no sacrificar a nuestro pueblo en el juego de las guerras internacionales, menos en guerras con hermanos.

Por supuesto, debo referirme a algunos de los temas que han planteado la señora Alcaldesa (de Cúcuta) y el señor Gobernador (de Norte de Santander, William Villamizar Laguado).

Cuando nosotros proponemos una Colombia plena de seguridad, es para que en Colombia haya seguridad para colombianos, venezolanos, ecuatorianos, peruanos.

Cuando nosotros proponemos una Colombia con Seguridad Democrática es para que aquí esta seguridad con libertades democráticas las disfruten los colombianos, nuestros compatriotas de las naciones hermanas y los ciudadanos del mundo que vengan como turistas o a instalarse en Colombia.

Para nosotros es tan preciosa la vida del colombiano como la vida del venezolano, del ecuatoriano. Para nosotros es tan fundamental la libertad en nuestro suelo del ciudadano colombiano como del ciudadano venezolano.

Por eso, en reciprocidad, pedimos que haya para nuestros compatriotas en el extranjero la misma disposición de darle seguridad, una disposición idéntica a la que nosotros tenemos en Colombia para dar seguridad a los visitantes extranjeros, a nuestros compatriotas de países hermanos o a nuestros hermanos de otras naciones.

Lo único que pedimos, señor Canciller, es que se proteja a nuestros compatriotas más allá de nuestras fronteras. Lo que pedimos es que en el caso del asesinato de nuestros compatriotas, sean las investigaciones y las sentencias imparciales de los jueces, los documentos que finalmente expresen quiénes han sido, y por qué, los victimarios.

No justificar crímenes

El Derecho a la Vida hay que protegerlo con total determinación, de manera imparcial. Algo que les he dicho yo a mis compatriotas —hoy lo repito en Cúcuta— es que Colombia no puede seguir con el cuento de responder ante un asesinato con una justificación.

Hace pocos días alguien de la Policía me decía ‘Presidente, por el tal asesinato que usted me pregunta, es que lo mataron porque debía una deuda’. Y yo le dije: mi capitán, nada puede justificar un crimen.

Nosotros tenemos la obligación de defender por igual a los buenos o a aquellos que son presuntamente malos. Al que delinca, que lo lleven a la cárcel, pero nuestro deber es proteger la vida de él. A mí me parece muy grave lo que ha ocurrido en Colombia, que lo estamos superando. Y por supuesto, no podemos permitir que suceda con la vida de nuestros compatriotas más allá de la frontera.

Aquí asesinaban a alguien y entonces, antes de que se rechazara el crimen se decía: ‘es que lo mataron porque estaba vinculado al narcotráfico. Es que lo mataron porque estaba saliendo con la mujer de un mafioso. Es que lo mataron porque debía una plata. Es que lo mataron porque tiene un hermano guerrillero’.

Eso hay que rechazarlo. Nosotros tenemos que proteger la vida de todos los ciudadanos sin buscarle justificaciones al crimen. Y eso que estamos haciendo en Colombia es lo que pedimos que ocurra con nuestros conciudadanos más allá de las fronteras, que se les proteja, sin buscarles justificaciones a los crímenes.

Por supuesto, el Presidente de Colombia no puede ser indiferente ante los derechos de los ciudadanos de frontera.

Yo me formé en una facultad de Derecho en la que primaba el criterio de desconocer las normas que no estuvieran en la legislación. En una tendencia del Derecho que reconocía solamente la normatividad legislada y desconocía el derecho natural.

Derecho de los habitantes de frontera

Pero la vida va enseñando. Y especialmente en la frontera hay un derecho natural, un derecho histórico, un derecho que antecede y que es superior al derecho legislado. Es el derecho de los ciudadanos de frontera de vivir libremente, de compartir, de transitar con libertad, de entenderse con quienes viven al otro lado de la línea de frontera en las mismas condiciones en que deben entenderse con quienes viven del mismo lado de la línea frontera.

Uno no puede distinguir entre el ciudadano que vive en Cúcuta o el que vive en San Antonio (Venezuela); entre el ciudadano que vive en Los Patios o el ciudadano que vive en Ureña (Venezuela). Aquí hay una comunidad histórica donde hay familiares a uno y otro lado, donde se duerme en un sitio y se trabaja en el otro. Onde se crece en el hogar a un lado de la frontera y se estudia en el establecimiento escolar al otro lado de la frontera.

¿Dónde se compra el arroz? En una tienda que está registrada en Venezuela y la leche en una tienda que está registrada en Colombia. Ese es un derecho intocable de los pueblos.

Vengo a Cúcuta a reiterar nuestra adhesión al derecho de libertad de los ciudadanos de frontera. Vengo a Cúcuta a decirles a mis compatriotas que jamás nosotros restringiremos las fronteras de la Patria para el acceso de nuestros hermanos de Venezuela, de los otros países, y que jamás restringiremos el derecho de los colombianos a ir al lugar del mundo que quieran hacerlo. Menos en la frontera.

Destrucción de puentes

La destrucción de los puentes de esta semana amerita un pensamiento de la comunidad internacional. Esos puentes fueron construidos por esfuerzos comunitarios hace muchos años. Las Comisiones de Vecindad habían propuesto desde hace tiempo que se legalizaran esos pasos.

Esos puentes eran conocidos desde hace mucho tiempo. Son puentes que unen dos territorios de dos naciones, pero que al mismo tiempo unen las familias que tienen miembros a uno y otro lado de la frontera. Son puentes por los cuales también transitaban escolares.

Yo pienso que si el Gobierno de Venezuela tiene información que por allí transitan narcotraficantes, contrabandistas, pues en el Gobierno de Colombia encuentra todo el acompañamiento para tomar todas les decisiones contra el delito. Lo que no se puede hacer es destruir la infraestructura que le sirve la comunidad, a la sociedad civil, como ahora la llaman en el Derecho Internacional.

Nosotros hemos librado la más ardua batalla contra el narcotráfico. Estas cifras de disminución de la violencia en Norte de Santander son la clara demostración de nuestra batalla contra el narcotráfico y contra el narcoterrorismo.

Hubo un momento en el que en el Catatumbo había 25 mil hectáreas de coca. Hoy está en extinción. Pero ya hay cerca de 13 mil hectáreas de palma africana y un gran crecimiento de los cultivos de cacao.

Un Gobierno que durante más de 7 años ha combatido sin dobleces todas las expresiones de la delincuencia es un Gobierno que tiene la autoridad moral para defender la vida de los compatriotas, donde quiera que ellos residen, y que tiene la autoridad moral para defender la infraestructura que sirve a la humilde comunidad civil para el tránsito de niños escolares.

Voz de afecto a Venezuela

Nosotros, que no podemos renunciar al derecho de los colombianos a la prosperidad, que queremos la prosperidad en toda la región, que no podemos emitir siquiera gestos de guerra, nosotros no tenemos sino un camino: el camino de la apelación al diálogo, el camino de acudir a los organismos internacionales encargados de aplicar el Derecho Internacional Público.

Ese es el único camino que corresponde a la tradición y a los intereses de Colombia. Y es el único camino por el cual nosotros seguiremos transitando, apreciados compatriotas.

Hago llegar desde aquí una voz de afecto al pueblo de Venezuela. El hermano pueblo de Venezuela jamás, jamás, escuchará siquiera una murmuración de parte del pueblo o del Gobierno de Colombia.

Nuestra lucha contra el terrorismo interno en Colombia también tiene una gran trascendencia frente a la comunidad internacional, porque si Colombia derrota este terrorismo del narcotráfico, entonces la comunidad internacional no va a tener el riesgo del contagio o el riesgo de sufrir en su territorio y en su ciudadanía los estragos de ese terrorismo.

Permítanme, antes de escuchar a los representantes de todos los sectores, referirme a unos de los puntos que han tratado la Alcaldesa, el Gobernador, y que le he escuchado a los parlamentarios en su lucha de todas las horas por Cúcuta y por Norte de Santander.

Apoyo a agricultores

Los agricultores, el momento difícil de la economía. Debemos dejar definido en el día de hoy el proceso para construir la planta de alcoholes que les sirva a los cañicultores de esta zona de frontera.

Miren, nosotros tenemos un déficit grande. Cuando hay dinero no es gracia atender a los compatriotas, pero este año aspirábamos a recaudar 74 billones (de pesos) y escasamente vamos a recaudar 66, pero haremos todos los esfuerzos. Le he dicho al Ministro de Agricultura (Andrés Fernández Acosta) que primero que todo tiene que haber presupuesto para empezar cuanto antes la construcción de la planta de alcoholes en los vecindarios de Cúcuta.

La vamos a hacer sin ninguna vacilación. Pueden tener ustedes la certeza, parlamentarios, de que vamos a cumplir con ese compromiso y hoy debe quedar totalmente definido.

Me decían esta semana: ‘Presidente, pero es que como allá no hay manera de mezclarle alcohol a la gasolina, esa planta no va a servir’. Que nos cueste más carita, que sirva para etanol, que se le mezcle al combustible fósil y que sirva también para alcoholes industriales.

Me decían ‘Presidente, es que necesita 2 mil hectáreas de caña y del lado colombiano apenas hay 700’. Como este es un país que no cierra fronteras el día que esté esa planta, si se necesita prestarle el servicio a mil 300 hectáreas de caña de Venezuela, será también para los venezolanos.

Y por supuesto, no es difícil de los municipios paneleros de Norte de Santander cargar caña para producir alcohol en esa planta. En eso no hay vacilaciones. No podemos fallar. ¿Que no tenemos dinero? Para eso tiene que haber, para salvar a nuestros agricultores, para salvar el empleo agrícola, para salvar también el trabajo honrado.

Nosotros no podemos, cuando estamos aquí agotando el narcotráfico, decirles a los agricultores que se arruinen, que corten esa caña y la dejen podrir porque no hay donde molerla.

Inflación baja y condonación de intereses

Colombia empieza a tener una inflación muy baja, este año la inflación va a ser inferior al 3 por ciento creen los analistas. Hasta octubre fue del 1,98. Y eso tiene muchas bondades.

Me refiero a dos bondades de la inflación baja: una, que nos permite reducir la miseria; el país venía en una línea acelerada en reducción de miseria y se interrumpió el año pasado, porque el año pasado tuvimos una inflación de alimentos del 12, 14 por ciento. Este año debemos recuperar esa línea de reducción de la miseria gracias a la menor inflación.

Segundo, la aspiración de los colombianos de tener créditos de largo plazo y a baja tasa de interés requiere varios presupuestos, fundamental: una inflación baja. Una inflación baja es la garantía de posibilidad del acceso a créditos a bajo interés y a largo plazo.

Pero ¿a qué le tememos? Le tememos a la desmotivación de los agricultores, a su quiebra. Así como en el año 2008 tuvieron unos buenos precios, este año están muy deprimidos. Malos precios, reducidas o eliminadas las exportaciones, los agricultores y el sector agropecuario en general se encuentra en un momento muy difícil.

Entonces ¿Qué tememos? Que ahora, que por fortuna el país ha tenido abundancia alimentaria, en un Gobierno que ha aumentado la producción del agro en cinco millones de toneladas, que por falta de motivación del ingreso de los agricultores eso llegue a una nueva contracción, a una nueva escasez y se nos dispare la inflación.

Para evitarlo, en solidaridad con los agricultores y ganaderos de Colombia se ha tomado con el Ministerio de Agricultura y por Finagro la siguiente determinación: los créditos del sector agropecuario para pequeños productores tienen una condonación total de los intereses durante un año para todos los pequeños agricultores. Que arroceros, que cacaoteros, que cafeteros, que productores de leche en pequeña escala, que productores de carne en pequeña escala.

Todos los pequeños agricultores en este momento empiezan a ser beneficiarios de una decisión gubernamental: el Gobierno pagará por ellos el ciento por ciento de los intereses durante un año.

En el caso de los medianos agricultores —en un mundo que requiere doblar la producción de alimentos para el año 2030—, en el caso de los medianos agricultores se pagará el 40 por ciento del total de los intereses por deudas que no excedan los 300 millones, siempre vinculadas a proyectos agropecuarios y por vigencia de un año.

Confío que esta misma semana Finagro, señor Ministro de Agricultura, haga ya la notificación oficial a los agricultores de Norte de Santander, que eso empiece por la zona de frontera y que los primeros días de diciembre todos los agricultores de Norte de Santander, pequeños y medianos, ya sepan en cuánto les significa ese alivio de tasa de interés durante un año para que siga aquí la prosperidad del sector agropecuario en medio de las dificultades.

Yo le decía al Ministro de Agricultura —le narraba varias anécdotas de la historia—, una frase del Libertador cuando el terremoto de Caracas y por allá otra de un autor anónimo: ‘los valientes, como los cisnes, se peinan con las tempestades’.

Señor Ministro, hay una tempestad difícil del sector agropecuario, pero hay que salir a apoyar totalmente el sector agropecuario con medidas prácticas para que ninguna dificultad lo atribule.

Volveré a Cúcuta, Dios mediante, antes del 31 de diciembre, para conocer el censo de los agricultores en este departamento beneficiados con esta medida.

Avances en salud y Emergencia Social

Los gobernadores, los parlamentarios me han dicho: ‘Presidente, muy bien el avance de salud’. Voy a compartir con ustedes una cifra enorme.

Cuando empezó este Gobierno Norte de Santander tenia 340 mil ciudadanos afiliados al régimen subsidiado de salud; hoy tiene 913 mil, hay un enorme avance.

Se han salvado muchas instituciones hospitalarias y falta por salvar otras. Este Gobierno no ha cerrado hospitales, ha debido reestructurar muchos para salvarlos. Hemos reformado la ESE del Seguro Social, sus clínicas. Eso se le arrebato a la politiquería y a los excesos sindicales, al desgreño del Estado y se le ha entregado a la eficiencia social.

El país tiene hoy 41 millones de ciudadanos con seguro de salud.

¿Que hay muchos retos? Lo reconocemos, hay que nivelar el plan del régimen subsidiado con el plan del régimen contributivo. En muchas partes todavía la calidad no esta en los niveles aceptables, pero hay un gran avance del país.

Los Estados Unidos, con un ingreso per cápita de 45 mil dólares, está en pleno debate buscando aprobar una ley que le garantice el seguro de salud a 47 millones de trabajadores norteamericanos que aún no lo tienen. Esta Patria nuestra de 46 millones de habitantes y un ingreso per cápita de apenas 4 mil dólares, aun con pobreza, con miseria, con inequidad, esta Patria nuestra ya ha logrado el seguro de salud para 41 millones de habitantes.

Pero eso lo tenemos que garantizar, le tenemos que despejar el camino, superar los obstáculos.

Nosotros respetamos la sentencia de la Corte Constitucional; más aun, la compartimos. Pero esta sentencia trae unos costos inmensos a los departamentos.

Ya lo decía el señor Gobernador de Norte (de Santander, William Villamizar Laguado) y nos lo repiten a diario los parlamentarios: ‘Como no podemos dejar que echen para atrás estos avances en salud, se ha tomado la siguiente determinación’ que quiero reiterarla hoy en Cúcuta: en consonancia con la sentencia de la Corte Constitucional, para poder financiar el pago por los servicios no incluidos en el Plan Obligatorio de Salud (POS), para poder resolver los nuevos retos financieros de la salud, el Gobierno se propone en los próximos días, por decretos de Emergencia Social, incorporar unas nuevas fuentes de recursos a la salud para estos menesteres.

Y muchos van a tener que hacer un esfuerzo. Lo va a tener que hacer la industria cervecera, los consumidores de cerveza. Ese esfuerzo corresponderá también a los vinos, a los aperitivos de los diferentes grados. Hay la preocupación de que aquellos de menor grado hoy no pagan impuesto. Ese esfuerzo lo tendrá que hacer la industria del tabaco, del cigarrillo.

Pero yo creo que honra a esta Patria tomar medidas para garantizar que la salud siga ese avance hacia la universalidad, la solidaridad y la eficiencia.

Yo pido el acompañamiento de los gobernadores, de los alcaldes, de los parlamentarios, la comprensión de las Altas Cortes, de los organismos de control, para poder tomar estas medidas que consideramos de gran importancia para la salud de los colombianos.

Así como en el Congreso se tramita un ajuste fiscal que prolongará en el tiempo el Impuesto al Patrimonio para seguir financiando la seguridad, como la hemos financiado en estos años, de la mano de la financiación de la política social, nosotros por disposiciones de emergencia, por legislación extraordinaria, vamos a buscar las nuevas fuentes rentísticas para garantizar el derecho a esta cobertura universal de salud que se viene logrando en Colombia.

Suministro de energía y gas a países vecinos

El señor Ministro de Minas (y Energía, Hernán Martínez) me ha pedido que reitere lo siguiente: Colombia no ha suspendido envío de gas a Venezuela, ni envío de energía a Venezuela y a Ecuador. Y no lo suspenderá.

La semana pasada hicimos un gran esfuerzo. A pesar de que nuestro pías está en una temporada en la cual empieza la sequía, que se habían bajado las represas a un 63 por ciento —ya están en un 70.5—, a pesar de que tenemos que tomar todas las medidas para evitar el apagón, somos solidarios con los pueblos hermanos.

La semana pasada incluso se cambiaron regulaciones de la Comisión de Regulación (de Energía y Gas) para permitir que dos plantas con energía generada con diesel, con líquidos, puedan despachar el fluido al Ecuador.

En este fin de semana tenemos cuatro días de mantenimiento. Estos cuatro días de mantenimiento técnico obligan al Ministerio a suspender despachos a Venezuela y a disminuirlos a Ecuador, por una sola razón, por el mantenimiento técnico. Pero cuando termine este mantenimiento en cuatro días, serán reanudados esos despachos a Venezuela y al Ecuador.

Porque para nosotros el comercio internacional no tiene solamente una razón de lucro. Para nosotros las necesidades de los pueblos no se pueden afectar por las orientaciones políticas. Para nosotros la hermandad no puede tener esguinces. Para nosotros la solidaridad tiene que estar por encima de la política, de los temperamentos, de las dificultades, de los momentos.

Nuestra lucha es para derrotar el terrorismo, no para quitarle la energía al pueblo ecuatoriano. Nuestra lucha es para derrotar el terrorismo, no para incumplir los compromisos de suministro de gas con el hermano pueblo de Venezuela.

Informamos públicamente que una vez concluya esta etapa de mantenimiento se reanudaran esos envíos.

Problema de combustible en Cúcuta

Y examinaremos hoy con ustedes la situación de Cúcuta. Ustedes saben que este Gobierno jamás a reprimido a los ‘pimpineros’, pero este Gobierno que tiene que velar por los intereses de todos los compatriotas, tiene que preocuparse por las circunstancias de que están cerradas las estaciones de energía y que, en la medida que no haya venta de combustible aquí en las estaciones, entonces tampoco hay sobretasa para la Gobernación ni para las alcaldías.

Vamos a examinar ese Decreto 2004. Le expresamos al Gobernador esta mañana algunas dudas. Vamos a examinar qué se puede hacer entonces, para que llegue el combustible de Ecopetrol con los subsidios de Ley y se vinculen a las estaciones los ‘pimpineros’ en esa distribución.

El tema es muy difícil. El gran arreglo había sido favorable para todo el mundo, lo fue. Primero en la Guajira, una legalización de ese comercio. Venezuela exportándonos legalmente a través de unas cooperativas constituidas en este Gobierno.

Y después ese arreglo aquí funcionó para todos bien, porque no salía de Venezuela de contrabando si no con exportación legal. Y aquí se estaba buscando un mecanismo para que favoreciera a los dueños de las estaciones, a los trabajadores de las estaciones, para que no afectara los ‘pimpineros’, y al mismo tiempo para que favoreciera las arcas del departamento y del municipio.

Ese arreglo fue bueno para todo el mundo. Nosotros deploramos que hoy haya sido unilateralmente desconocido, pero vamos a buscarle, apreciado Gobernador y apreciada Alcaldesa, una solución a este difícil tema”.  

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