Palabras del Presidente Álvaro Uribe al condecorar con la
Orden de Boyacá a Jorge Molina Moreno y Darío Múnera Arango


Noviembre 17 de 2009 (Bogotá)
 

“Cumplo hoy como Presidente de la República con un deber de la Nación entera, con un mandato de la conciencia: distinguir con la Orden de Boyacá, creada por El Libertador para destacar las figuras colombianas destacadas en su existencia del servicio público, en esta ocasión a los doctores Jorge Molina Moreno y Darío Múnera Arango.

Cuando uno ve esa gran participación de la industria antioqueña en todos sus sectores, en los básicos, en los de mayor transformación, en los de servicios, su gran integración, su participación en la Nación y en la comunidad internacional, la asocia con el talento del doctor Jorge Molina Moreno, con sus dotes de abogado para concebir lo que podríamos llamar esa gran urdimbre del bien. Una carrera dedicada a servir, a servir a la comunidad desde la empresa privada y ha servir a la comunidad desde la mejor expresión del civismo.

Muchos alcaldes de Medellín, entre ellos nuestro Gobernador, el doctor Luis Alfredo Ramos Botero, contaron con un gran alcalde cívico que acompañó a la ciudad en esa tarea durante muchos años: el doctor Jorge Molina Moreno.

Cuando terminó su vida formal en el sector privado, en lugar de dedicarse al merecido descanso, se dedicó a servir con más entusiasmo a su comunidad.

En mi corta alcaldía de la ciudad tuve el privilegio de nombrarlo integrante y presidente del comité cívico. Emprendió con gran entusiasmo ese proceso de reforestación de la ciudad. Recuerdo cómo nos decía: ‘Hay que sembrar tales árboles en Guayabal’. El nombre de Guayabal viene de lo que es ese medio ambiente para el guayabo; después lo vimos en la Avenida hoy de Eafit, sembrando la de mangos, en todas las actividades cívicas. Y quienes fueron posteriormente alcaldes, lo nombraron alcalde cívico de la ciudad.

La verdad es que tantos años de servicio ininterrumpido, sin un momento de pausa en esta tarea de servir a la comunidad, eso exige la gratitud de todos nosotros los colombianos. Un ejemplo de honradez, un ejemplo de disciplina del trabajo, un ejemplo de amor a su terruño, de amor a su comunidad y de amor a su Patria.

El doctor Darío Múnera Arango se graduó con tesis laureada como abogado, con tesis en derecho económico. Una vida alternada entre la empresa privada y el ocasional y fructífero servicio público, en secretarías de despacho, también en la gobernación del departamento.

A tiempo que ayudaba a construir uno de los procesos industriales más exitosos del continente, estaba también en la brega de la actividad pública, con toda la dedicación, con todos los éxitos, con todos los merecimientos.

Cuando uno estudia la historia de Colombia y llega a la conclusión de que en estos dos siglos anteriores apenas tuvimos 47 años de paz, en el Siglo XIX a lo sumo 7 años que rodearon el Gobierno del Presidente Núñez, y en el Siglo XX un periodo corto que empezó cuando terminó en septiembre de 1902 aquella que conocemos con el nombre de la Guerra de los Mil Días, que en realidad fue de mil 128 días y 100 mil muertos, en un país de menos de 4 millones de habitantes.

Y un periodo de paz que apenas se extendió hasta inicios de los años 1940, cuando irrumpió la violencia partidista. No se habían apagado sus cenizas a finales de los años 50 con el Frente Nacional, cuando llegaron las guerrillas marxistas, avanzaron con la pretensión de destruir la democracia, vino la reacción igualmente brutal del paramilitarismo, ambos cooptados por el narcotráfico. Qué difícil este periodo de la historia colombiana.

Y uno se pregunta: ¿cómo en medio de una violencia que ha maltratado a tantas generaciones, ha sido posible que surjan empresas industriales de servicios de la calidad de las empresas que dirigieron y ayudaron a concebir el doctor Jorge Molina Moreno y el doctor Darío Múnera Arango? ¿Cómo ha sido posible en medio de esta violencia, de esta desazón, unos liderazgos tan importantes en el sector público, en el sector privado, en el civismo, como esos liderazgos que ambos han ejercido?

Y la única respuesta es: en medio de las dificultades, contra las dificultades, contra un largo tiempo de violencia, un tiempo totalmente cubierto de nubes negras, estos dos cabales colombianos se distinguieron por su honradez, por su capacidad de servicio, por su dedicación sin tregua a los superiores intereses de la comunidad.

En buena hora El Libertador entendió que era necesario distinguir a los sobresalientes, ponerlos como ejemplo ante las nuevas generaciones.

Yo siento mucho gusto como Presidente de la República, en compañía de un compatriota que los admira bastante, el Gobernador del departamento, el doctor Luis Alfredo Ramos Botero, de imponer a ustedes el legado de El Libertador, con una expresión que hoy flota en el alma de los colombianos, en el corazón de todos los antioqueños: gratitud, apreciados doctores Jorge Molina Moreno y Darío Múnera Arango. Los colombianos, los antioqueños sentimos profunda admiración por la tarea proba y fecunda que ustedes han desempeñado.

Muchas gracias”.  

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