Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez en la inauguración
de la planta de cogeneración de energía del Ingenio Providencia


Noviembre 13 de 2009 (Yumbo, Valle del Cauca)
 

“Uno se asombra gratamente por muchos eventos que ocurren en la Patria.

Esta semana, en la reunión de los países integrantes de la Cuenca del Pacífico, en Singapur, ha habido aún muchas voces de desaliento sobre el futuro inmediato de la economía mundial. No hay certeza sobre su recuperación y siguen creciendo las tasas de desempleo. La de los Estados Unidos ya tiene el 10.6. No obstante que semana a semana, y aparece como la noticia de consuelo, se reduce allí el número de trabajadores que piden subsidios de desempleo.

La tasa de inversión en el mundo ha caído este año un 44 por ciento. La inversión extranjera en Colombia no ha caído sino un 9 por ciento, pero de su pico más alto, de 10 mil 574 millones de dólares, a lo cual llegamos el año pasado.

En el mundo está estancada la inversión. En el primer semestre, no obstante, las dificultades de la economía, la tasa de inversión de Colombia se situó en el 25.9 por ciento.

Vemos una inmensa crisis energética en el vecindario.

Además, el turismo internacional en el mundo entero ha caído este año un 12 por ciento, en Colombia ha crecido un 9 por ciento.

¡Claro que nos ha afectado la crisis! Pero parece que estuviéramos en el conjunto de países que han seguido, a pesar de la crisis, echando para adelante.

¿Por qué estas noticias positivas en un momento tan difícil?

Por la gente colombiana, por la calidad de nuestros compatriotas, por dirigentes empresariales como el doctor Carlos Ardila (Presidente de la Organización Ardila Lülle), por su grupo, por los trabajadores de estas organizaciones. Eso hay que cuidarlo, apreciados compatriotas.

Y en América Latina hay hoy un inmenso ataque al emprendimiento privado, en unos países porque están en el camino de socializar los medios de producción y de estatizar los medios de comunicación, y en otros países, porque carecen del valor civil de defender la iniciativa privada y defender las libertades.

Los unos actuando por una decidida determinación contra el sector privado, y los otros permitiendo que se le marchite por omisión.

En Colombia ocurre todo lo contrario. Aquí lo defendemos. Entendemos que es un camino necesario para la superación de pobreza, para la construcción de equidad, para la prosperidad colectiva.

Nosotros creemos en una empresa privada próspera, en un país con iniciativa de inversión, con confianza inversionista, con relaciones laborales fraternas, nunca regidas por el odio de clases, nunca regidas por el capitalismo salvaje. Orientadas por el principio fundamental de la fraternidad.

Hace pocos días el mundo conmemoró los 20 años de la caída del Muro de Berlín, pero la historia todavía no ha emitido su juicio.

Cuando mi generación estaba en las bancas de la universidad no nos dejaron anticipar ese evento, nos hicieron pensar que el recorrido del mundo conduciría inexorablemente a un planeta socialista comunista. Que no había más camino que la propiedad del Estado.

Se disputaban el predominio las diferentes vertientes del comunismo: que el prosoviético, que el prochino, que el procubano, que el de Ho Chi Minh.

Parecía que con la reedición del marxismo se había acabado la iniciativa privada. Pero vinieron esos eventos: el colapso de Unión Soviética, la apertura de China, con la llegada de Deng Xiaoping, la caída del Muro de Berlín. Y trajeron una gran notificación: aquellos países que habían acabado con la iniciativa privada, acabaron con la calidad de vida.

Los historiadores todavía no han dicho qué fue lo que determinó esos colapsos. Los medios de comunicación revivieron los videos, registraron la noticia, tomaron muchas opiniones sobre la caída del Muro de Berlín. Pero todavía no tenemos el juicio de la historia.

Seguramente el juicio de la historia tendrá que reconocer que en esas sociedades comunistas faltaban dos elementos fundamentales: la libertad y la calidad de vida. Pero también habrá que escrutar bien en la historia para entender cuál fue la carencia determinante.

Yo creería, apostaría a pensar que la carencia determinante fue la falta de calidad de vida.

Los ciudadanos soviéticos observaban que crecía la carrera armamentista, pero que se deprimía la calidad de vida; dependían de un aparato productivo obsoleto, manejado por corrupción y por ineficiencia, a través de un único partido político.

Los ciudadanos de Alemania del Este veían por entre las rendijas del Muro de Berlín que en el Oeste avanzaba la calidad de vida y que ellos estaban totalmente postrados. Derrumbaron el Muro, el aparato comunista que acabó con la iniciativa privada fue incapaz de garantizarles calidad de vida a los ciudadanos de esos países.

Es una reflexión muy importante, porque cuando uno ve propósitos para acabar con acciones expropiatorias todos los días en nuestra América Latina la iniciativa privada y también observa la debilidad para defenderla tiene que llegar a la conclusión que no todo el mundo celebró la caída del Muro de Berlín. Por lo menos un 30 por ciento de la población mundial está resentida porque creyeron que esos imperios eran el camino de la felicidad.

No se atreven a declararse enemigos de la empresa privada por miedo a los castigos electorales, pero proceden como tales, como enemigos de la empresa privada. Y no se atreven a defenderla aquellos que asumen posiciones tibias; no la atacan por temores electorales, pero tampoco la defienden. Y no crean condiciones para la prosperidad de la inversión privada y les da pena decir, especialmente en campañas electorales, que los pueblos necesitan protección de la iniciativa privada, que los pueblos necesitan estimularla.

Cuando vino la Perestroika, el Gobierno ruso quiso entregarle la tierra al campesinado, pero no había quién la recibiera. Stalin, con los proyectos de nacionalización, acabó con el espíritu de emprendimiento. Todavía Lenin había tenido la buena precaución de no acabar totalmente con el espíritu de emprendimiento. Se demoró mucho Rusia en empezar a recuperar una dinámica productiva.

Es muy difícil hacer empresa privada. No es fácil para los países contar con empresarios como Carlos Ardila, pero es muy fácil destruirlos. Por eso, se necesita en estos momentos de la vida nacional una gran reflexión.

Y muchas veces no los destruyen los que de frente los atacan, si no la debilidad cobardona que no es capaz de defender la empresa privada. En esto hay que recordar al apóstol: ‘Si el sonido que emite la trompeta es incierto y débil, ¿quién acudirá al campo de batalla?’.

Pero también hay un tema fundamental: el país viene rodeando de condiciones la confianza inversionista, las reformas que ha aprobado el Congreso, la seguridad.

No podemos desfallecer en la seguridad. Vamos ganando pero no hemos ganado todavía. Hay un largo trecho para recuperarla, hay que volver a reflexionar sobre la historia.

La violencia, freno de la prosperidad

En estas vísperas del Bicentenario repetiré a mis compatriotas una enorme preocupación, un aporte que quiero hacer desde el fondo del alma a las reflexiones de la historia:

Necesitamos que este sea un siglo de seguridad, para que sea un siglo de desquite de prosperidad.

¿Por qué?

Porque en las dos centurias anteriores no obtuvimos la prosperidad que pudimos haber logrado por la violencia.

Colombia ha tenido muy buenos gobiernos: Bolívar, Santander, que Murillo Toro, que ese gran líder continental Rafael Núñez, quien se anticipó con políticas públicas que llegaron después de él, tarde, a otros países de nuestra América.

Que Reyes, que Pedro Nel Ospina, ese magnífico gobierno de Alfonso López Pumarejo, quien nos enseñó un camino: el camino de crear condiciones para la modernización de la empresa privada y el camino de crear condiciones para el bienestar de los trabajadores.

Cuando yo pueda volver de lleno a la política les recordaré a aquellos que agitan las banderas de López Pumarejo que él fue fuerte para defender a los trabajadores y nunca débil para defender a los empresarios. Que su gran revolución tenía la visión de una Colombia con prosperidad, de una Colombia donde hubiera un gran vigor en la iniciativa privada y un gran mejoramiento en la calidad de vida y en el reconocimiento de los derechos de los trabajadores.

Un país gobernado por los Lleras (Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo), por tantos ilustres compatriotas; un país de relativos buenos gobiernos, de gran liderazgo, de buenas políticas públicas; un país que ha estado por fuera de las grandes crisis de la deuda de nuestro continente; un país apreciado en los mercados internacionales; un país respetado en la comunidad financiera internacional.

¿Por qué no ha prosperado más? Porque pasamos las dos centurias anteriores en violencia. Una violencia cruel en la Conquista, en la Independencia, en la Patria Boba, en la reconquista española.

Yo creo que el Libertador no pudo gastar suficiente tiempo al frente del Gobierno, no tanto por enfrentar a los españoles, sino por tener que defenderse de las luchas internas.

Cuando regresaba del sur a Bogotá, en lugar de concentrarse en el Gobierno tenía que ocuparse de la tendencia separatista en Venezuela; y cuando esa se tranquilizaba, inmediatamente debía pensar en la tendencia separatista, en el problema que creaba el general Juan José Flórez en el Ecuador. ¡Qué dificultades! Y finalmente dieron al traste con la Gran Colombia.

En la revolución educativa de Santander (Francisco de Paula) también fue de corta duración porque las guerras, como aquella de Los Supremos, no le dieron tiempo para que madurara.

Y vino la guerra que llevó al poder a Mosquera (Tomás Cipriano). El país creyó encontrar un camino con la Constitución de 1863 y no lo encontró.

Tuvo buenos gobiernos, pero la violencia no les dejaron producir buenos resultados. Gobiernos buenos de esos bienios, como el de Núñez (Rafael), como el de Murillo Toro (Manuel).

Y vino la Constitución de Núñez, el periodo de la Regeneración, un periodo de orden, de disciplina, del cual se ha renegado bastante en la historia de Colombia. Tal vez nos dio los únicos siete años de paz del siglo XIX.

Y de acuerdo con historiadores como Rodolfo Segovia, fueron esos años de paz, no las políticas económicas, los que permitieron que empezara a germinar la industrialización en Colombia. Pero también duró muy poquito.

Fue sucedido por la Guerra Civil de 1895, y esta no alcanzó a terminar, cuando ya estalló la Guerra de los Mil Días, que no fue la Guerra de los Mil Días, sino la Guerra de los 1.128 días, de los 100 mil muertos.

Y termina con los procesos de paz del departamento del Magdalena, de Chinácota, del Buque que estaba en Panamá a finales de 1902, y el país queda profundamente deprimido.

Y al año se independiza Panamá, y cuando en Panamá están firmando el Acta de Independencia en la que declaran que han llegado a la mayoría de edad y que se separan como hermanos, el Presidente Marroquín (José Manuel) está leyendo una novela en francés, acude el general Pedro Nel Ospina al Palacio de San Carlos y le comunica la separación de Panamá y no nos conmovimos lo suficiente, perdimos la cabeza.

El general Rafael Reyes empieza un proceso de recuperación del país, pero la inestabilidad política lo frena.

Vienen unos gobiernos importantes como el del general Pedro Nel Ospina, el de Alfonso López Pumarejo, al que ya hemos referido, y otros.

Y el país en el siglo XX apenas vive 40 años de paz.

Terminó la guerra del los 1.128 días, en septiembre, octubre y noviembre de 1902, y empezó la violencia partidista a principios de los años 1940.

Y cuando los pactos del Frente Nacional le ponían fin a la violencia partidista, a finales de los años 50, llegaron a nuestro país las guerrillas marxistas, que escogieron a Colombia y Bolivia como los países para replicar la Revolución Cubana.

Y a eso no se le prestó atención.

Crecían y crecían esos movimientos violentos, y vino la reacción igualmente cruel del paramilitarismo, y unos y otros cooptados por el narcotráfico.

De principios de los años 40 hasta nuestros días, Colombia no ha vivido un solo día de paz.

Dos centurias con 47 años de paz constituyen una tragedia.

Este país habría podido progresar mucho de no haber tenido ese elemento común de la violencia.

La seguridad, un imperativo nacional

Por eso la seguridad no es un capricho. La seguridad no es una pose doctrinaria. La seguridad es un imperativo nacional.

Y así como hay aquellos que la atacan de frente, también hay aquellos que no se atreven a atacarla de frente, pero que no moverían un dedo para defenderla.

Un país que ha perdido dos siglos por la violencia, necesita que este siglo sea un siglo de prosperidad colectiva. Y para que sea, entre los requerimientos está el de poder consolidar la seguridad.

Todos estos años anteriores de violencia pocos invertían en Colombia. Hoy hay mucho más interés de invertir en Colombia gracias a que hemos avanzado en la paz.

Yo le decía esta mañana al Doctor Carlos Ardila que cuando se escriba la historia de los proyectos de industrialización, de modernización del aparato productivo, de ampliación del sector servicios en estos períodos de violencia, serán pocos los empresarios que podremos destacar en la historia como Carlos Ardila, que a pesar de esa violencia se la jugaron.

Para nosotros poder tener réplicas de Carlos Ardila en este siglo que ya está consumiendo la primera década, necesitamos dar la garantía de la seguridad.

El Congreso de la República nos ha ayudado con unas reformas bien importantes estructurales. Aquí vemos algunas de esas reformas.

Esta gran planta que se inaugura esta mañana, dirigida por los doctores Juan José Lülle y Gonzalo Ortiz, es producto del empuje del doctor Carlos Ardila, de que este país ha creado confianza, de que avanza la seguridad y de reformas estructurales del Congreso.

En esta planta concurren tres reformas: la reforma que ha hecho posible la política de biocombustibles, la reforma de los incentivos tributarios -estas inversiones tienen una deducción tributaria del 30 por ciento-, y la reforma sobre las empresas de cogeneración de energía, que permiten que aquella parte de la energía cogenerada que la empresa consuma, es una parte a la cual no se le aplica el impuesto del 20 por ciento.

Antes, si la empresa vendía un kilovatio, tenía que pagar el 20 por ciento por toda la generación. Con la nueva reforma paga el 20 por ciento solamente por lo que venda, pero queda totalmente exenta de ese 20 por ciento para su autoconsumo.

Pero debemos, honorables congresistas, seguir el proceso de estas reformas. El país necesita mejoramiento continuo.

Yo les diría, apreciados compatriotas, que no podemos tener estancamientos ni tampoco bandazos. Hay que saber para donde vamos y hacer reformas sin salirnos del caminito.

Hacer reformas sin salirnos del caminito de la seguridad. Hacer reformas sin salirnos del caminito de la confianza inversionista, sin salirnos del caminito de la cohesión social.

Hay que estar mejorando todos los días. Ojalá rápidamente le podamos decir al mundo que ya el Congreso de la República ha aprobado las reformas estructurales que agilizan la Justicia y otras que están en su consideración.

Ese camino necesita Colombia recorrerlo.

Por supuesto, hay un ajuste tributario hoy a consideración del Congreso, que prolonga en el tiempo el Impuesto al Patrimonio. Ha ayudado mucho. Esta empresa paga Impuesto al Patrimonio, como lo pagan tantas empresas colombianas.

¿Y cómo ha ayudado? ¿Saben que ha hecho posible el Impuesto al Patrimonio, apreciados compatriotas?

Que hayamos financiado política social, al lado de la política de seguridad.

Ayer me preguntaba un estudiante de la Universidad Javeriana: ‘¿Presidente, qué puedo decir en clase sobre la presencia del Estado en el territorio colombiano, en su Gobierno?’.

Le dije: ‘Un breve resumen, teníamos más de 200 municipios sin policía, hoy en todos hay policía. De los 1.102 alcaldes de Colombia 400 estaban desterrados de sus municipios por la violencia. Hoy todos están en sus municipios, rodeados de las garantías de la Seguridad Democrática’.

Le decía: ‘En todos los municipios de Colombia tenemos hoy una fortalecida presencia del Sena, de Bienestar Familiar, de Familias en Acción. Este país tiene 41 millones de ciudadanos con seguro de salud, no obstante lo que falta’.

Hemos podido acompañar la política de seguridad, la política social, con políticas tan importantes como Familias en Acción, por el impuesto a la Seguridad Democrática.

Y eso sí que le conviene al país.

Los soldados de Colombia son testigos de la importancia de llegar a esas zonas de orden público no solamente con los fusiles de las Fuerzas Armadas sino con la política social.

Habría sido muy grave y habría sido insostenible una política de seguridad no acompañada de política social, no acompañada de política productiva.

Por eso, estoy seguro que el Congreso de la República va aprobar la prórroga de ese Impuesto al Patrimonio, para que el país pueda continuar financiando la seguridad y al mismo tiempo la política social.

Es un ajuste tributario, no nos atrevemos a llamarlo reforma. Porque hay muchos que con el cuento de que este Gobierno les da regalos a los ricos, quieren desmontar los estímulos tributarios.

Este Gobierno no le ha rebajado las tasas contributivas a todo el mundo, lo que ha hecho es introducir incentivos a la inversión: usted me invierte, por cada peso que invierta le deduzco 30, 40 centavos. Usted hace una inversión de tal monto con tantos empleos, tiene derecho a una zona franca. Usted me va a garantizar tantos empleos, tanta inversión, tiene derecho a un contrato de estabilidad. Eso es bien importante.

Yo les pregunto a mis compatriotas, trabajadores de Providencia, qué otro camino tenemos para la prosperidad colectiva, para el mejoramiento de los ingresos de los trabajadores, si no es el camino de una nación que todos los días esté avanzando en inversión.

Y eso es lo que hemos hecho: proteger la inversión. Pero también hay gravámenes.

Ministro de Agricultura, agréguele a los argumentos de la Ley Agro Ingreso Seguro este: cuando nuestro Gobierno empezó, y es preciso decirlo aquí, en este corazón vallecaucano, el avalúo catastral para la Colombia rural valía 30 billones, hoy vale 71 billones.

En 7 años hemos más que duplicado el avalúo catastral para la Colombia rural.

Porque hay muchos que con el cuentico de que son regalos a los ricos y de que no hay gravámenes a los ricos, confunden a la opinión pública.

Aquí no hay regalos a los ricos sino estímulos al empleo de buena calidad. Y aquí gravámenes de responsabilidad social, hay estímulos para crear empresa y generar empleo, pero hay gravámenes de responsabilidad social como el Impuesto al Patrimonio y como el crecimiento de los avalúos catastrales.

Aquellos que recorren hoy el país diciendo que hay que derramar más impuestos a la tierra, es bueno recordarles que este Gobierno no ha sido ajeno al tema, que hemos pasado el avalúo catastral de 30 a 71 billones en estos años, y lo saben y lo perciben los señores alcaldes.

Y hay que seguir en la tarea de la política social. A mí siempre me parece importante que este país que había llegado a un 60 por ciento de pobreza, haya reducido en estos años la pobreza en más de tres millones de ciudadanos.

Ahora, requerimos acelerar la reducción de la pobreza, en ese tema estamos. Por eso la Red Juntos, que agrupa las familias más pobres de Colombia alrededor de todas las herramientas sociales, para que puedan superar la miseria.

Pero también hay validadores, bien interesantes. Hace pocos días el Banco Mundial dijo que Colombia es uno de los países, en su nivel de ingreso, que más ha avanzado en el Índice de Oportunidades.

El Índice de Oportunidades es el que mide que está haciendo un país para darles condiciones a sus sectores más pobres, a fin de que puedan salir de la pobreza. Y el Banco Mundial dice que Colombia es uno de los que más ha avanzado en el Índice de Oportunidades.

Y hace poco días, Naciones Unidas, en el reporte sobre Desarrollo Humano, afirmó que Colombia, después de China, es el país que más está avanzando en Desarrollo Humando.

Aquí tenemos validadores de la política de seguridad, validadores de la política de promoción de inversiones y validadores de la política social.

Es bien importante tener en cuenta eso, compatriotas.

El año pasado en ese inmenso conflicto en el Valle del Cauca, el Gobierno estuvo en todas las horas buscando la fraternidad.

Ahora le preguntaba yo al doctor Ortiz (Gonzalo Ortiz, Gerente General del Ingenio Providencia S.A.) ‘¿y como va el año?’. Y me dice: ‘Bien, porque todos hemos hecho un gran esfuerzo’.

Qué bueno. Yo quiero volver a repetir aquí: el camino no es el odio de clases, el camino no es el capitalismo salvaje. El camino es la fraternidad.

Da gusto uno constatar cómo la Organización Ardila Lülle genera 30 mil empleos directos de buena calidad, 70 mil empleos indirectos, y que todo eso tiene un gran impacto en la calidad de vida de 500 mil colombianos. Qué cosa tan importante.

Esta mañana, en la nueva planta de Postobón, nos hacíamos esta reflexión:

Mil trabajadores nuevos, cabezas de mil familias vallecaucanas, con Régimen Contributivo de Salud, con afiliación al seguro de pensiones, con afiliación al seguro de riesgos profesionales, un empleador pagando por ellos cotización al Sena, a Bienestar Familiar, a las cajas de Compensación. Es la única manera, apreciados compatriotas.

Yo creo que la experiencia del año pasado, ese problema nos tiene que producir mucha reflexión.

Una gran política social y una mente muy razonables, que ambas sean las guías de empresarios y de trabajadores en el Valle del Cauca.

El Congreso de la República nos aprobó la ley que obliga a las corporativas de trabajo asociado a pagar una remuneración nunca inferior al mínimo, a afiliar los asociados, en el caso cooperativo, a toda la seguridad social; a pagar por ellos los parafiscales del Sena, Bienestar y cajas, y también dice esa ley que las cooperativas de trabajo asociado tienen que ser cooperativas de trabajo, de servicios, autónomas; que no pueden ser intermediarios laborales.

La semana pasada, al celebrar los 55 años del sindicato de la Compañía de Empaques (Sintraempaques), yo les decía a los trabajadores de la Compañía de Empaques que han dado un gran ejemplo de sindicalismo moderno, de sindicalismo fraterno, de sindicalismo de participación.

Qué bueno contratos sindicales. Porque el contrato sindical amarra mucho más al empresario y al trabajador. Porque el contrato sindical busca que el trabajador mejore su calidad de vida pero que asuma responsabilidades con la sostenibilidad de la empresa, y también obliga al empresario en ese contrato, en esa armonización con el trabajador, a tener más preocupación por la sostenibilidad y la calidad de vida del trabajador.

Qué bueno que esos ejemplos que hay de contratos sindicales se pudieran abrir paso en Colombia.

Nosotros no podemos tener en la Patria vestigios de capitalismo salvaje, tampoco del viejo sindicalismo reinvidicacionista y político.

El camino moderno es el de la fraternidad, de la prosperidad empresarial, del mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores.

Y qué interesante doctor Juan José Lülle (Presidente del sector agroindustrial de la Organización Ardila Lülle y Presidente de la Junta Directiva del Ingenio Providencia S.A.) que ahora que estamos en la víspera de la nueva discusión sobe un nuevo tratado ambiental en Copenhague, la Organización Ardila
Lülle le entregue esta empresa al país y al mundo. Una gran contribución a la diversificación de fuentes de energía y a la lucha contra el calentamiento global.

Colombia es un país que tiene un muy aceptable cumplimiento de estándares ambientales en el mundo, pero tiene que hacer mucho más.

Nosotros aportamos el 0,5 (por ciento) del producto del mundo, el 0,37 (por ciento) de las emisiones. En promedio en el mundo se producen 490 toneladas de emisiones por un punto del producto. En América Latina 290; en Colombia, 250. Lo que nos pone comparativamente bien. Y ustedes han ayudado a eso.

Por eso han obtenido con esta planta la posibilidad de colocar en los mercados verdes bonos ambientales, lo que honra muchísimo a Colombia. Yo creo que este es un gran ejemplo para lo que tiene que hacer el país como contribución a la lucha contra el calentamiento global.

Me mostraron la chimenea de más de 60 metros. Yo dije: ‘¿Pero qué pasa que no se ve ningún vapor, parece muerta?’. Es tan rigurosa la planta en filtros, en protección del medio ambiente, que no se alcanza a percibir las emisiones la chimenea.

Y en seguida pregunte por los patios de almacenamiento de los combustibles y me dijeron: ‘No, es que aquí ya no se utiliza sino bagazo. Y un bagazo que viene directamente del molino de la planta de azúcar aquí a la caldera’.

Excelente.

Y qué bueno que en este momento Colombia puede decir que está agregando energía y que la está agregando de fuentes distintas como esta fuente de cogeneración, integrada con la producción de azúcar y con la producción de etanol.

Qué bueno que nosotros hoy tuviéramos mas energía para poderle vender más a los hermanos ecuatorianos y para estar a disposición de cualquier emergencia en Venezuela.

Pero miren como es de importante tener un sector privado fuerte. Un sector privado fuerte aquí garantiza que en momentos tan difíciles Colombia pueda defenderse del apagón que originaria una sequía.

Es bueno comparar y es bueno que eso genere reflexiones dentro de las fronteras y más allá de las fronteras. Por eso hay que mantener estos estímulos, apreciados congresistas. Ustedes han introducido estímulos a la cogeneración, a la energía eólica, a la energía de biomasa.

Hoy un molino de viento que se instala en Colombia con un generador de energía no paga impuesto de renta gracias a esta reforma. Ojalá sigamos en ese proceso.

Hemos construido la nueva línea de integración energética con el Ecuador y ya agotamos lo que es la parte formal para la integración con Panamá y con el Plan Panamá-Puebla. En los próximos años entrará a operar esa línea.

Y es la hora de que el país empiece la instalación de la línea submarina para proveerle energía a República Dominicana, a Puerto Rico y al Caribe, y por allá empatarnos con Centroamérica.

Este es un país que tiene un gran potencial energético, una gran estructura empresarial para desarrollarlo, condiciones para que salga adelante y mercados externos ávidos de que llegue nuestra energía.

Y en esto de los biocombustibles es uno de los pocos países que puede decir: ‘Mire, yo produzco biocombustibles sin destruir la selva’. A mí me pueden poner todos los requisitos para entregarme los certificados verdes en la producción de biocombustibles, porque nosotros en Colombia no eliminamos frontera agrícola de seguridad alimentaria para frontera agrícola de biocombustibles.

Es un país que al decir ‘no afecto la selva, no afecto la seguridad alimentaria’, es un país que tiene todo el camino abierto para avanzar en biocombustibles.

Qué bueno poder saber que estamos aquí en frente de una planta de cogeneración y de una planta que produce 250 mil litros diarios de etanol. Qué bueno poder decir que en esta crisis Colombia esta produciendo un millón 50 mil litros diarios de etanol y un millón 800 mil litros diarios de biodiesel.

Doctor Carlos, yo le agradezco mucho en nombre de todos los colombianos. El país necesita que las nuevas generaciones lo vean a usted, su empeño, su trabajo de todas las horas, su tenacidad.

A mí me gusta aprenderle a usted. Ahora me decía una señora: ‘No se nos puede cansar’. Y yo lo miré a usted para inspirarme. No nos podemos cansar compatriotas. La lucha es dura pero interesante, para que las nuevas generaciones se ganen el siglo de la prosperidad.

Muchas felicitaciones a todos”.

 

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