Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez durante la
inauguración de la nueva planta de Postobón en Yumbo, Valle del Cauca


Noviembre 13 de 2009 (Yumbo, Valle del Cauca)
 

“Un historiador de aquellos que recoge la tradición oral, escribió: Cuenta don Lisandro Ochoa, en Cosas viejas de la Villa de la Candelaria, que estando don Gabriel Posada Villa en la casa de baños El Edén, vio en el corredor unas máquinas desarmadas y preguntó al propietario para qué servían, y, por pura casualidad, cuánto valían. Le respondieron que eran para fabricar y embotellar bebidas y que valían tres pesos. Posada, don Gabriel, medio en broma, ofreció mil. Pensó que no se las iban a vender. Arango, el propietario, sin discusión, aceptó la oferta. Don Gabriel no tomó la cosa en serio, pero al otro día apareció alguien con un recado cobrándole los mil pesos y pidiéndole que retirara las máquinas porque estorbaban. No le quedó otro remedio que pagarle y asociarse con el boticario, don Valerio Tobón, buscarle sitio a las máquinas, limpiarlas y comenzar a producir el Jarabe Cramer. Así nació, en 1904, Posada y Tobón, que fue Postobón.

Cola Champaña fue el nombre de la primera bebida producida por esta compañía, que solo después de un mes después de fundada se ganó la medalla de primera clase del certamen industrial que se realizó en Medellín.

En 1906 abrieron la fábrica de Manizales y posteriormente en Cali. En 1917 lanzan Agua Cristal y en 1918 llega la Tapa Corona y se lanza Frescola. En los 20 años de la empresa se dio a conocer internacionalmente: participa exitosamente en la Exposición Industrial de Roma de 1924. En los 40 se lanzan bebidas con un poco de alcohol, conocidas como Gran Aperitivo Postobón. Durante la mitad del Siglo XX compran Gaseosas Colombiana. En el 60 empieza la gran revolución, con la llegada del doctor Carlos Ardila Lülle.

Pocos países, apreciados compatriotas, se pueden dar el lujo hoy de asistir a inauguraciones como estas que tienen hoy ocurrencia en el Valle del Cauca: esta gran fábrica de Postobón y la planta de cogeneración de energía de Providencia. Y uno se pegunta: ¿por qué lo logra Colombia en una crisis de la economía mundial, cuando todavía muchos dudan que hayamos entrado en periodo de recuperación? Lo logra Colombia por sus gentes, por ciudadanos como el doctor Carlos Ardila.

El doctor Héctor Fernando García Ardila, Presidente de Postobón, nos acaba de hacer una semblanza magnífica de lo que ha sido la contribución del doctor Carlos Ardila a esta Patria.

Mis compañeros de Gobierno y yo acudimos hoy con una sola palabra: felicitaciones. Felicitaciones, doctor Carlos, nuestra gratitud por todo lo que usted hace por Colombia. Felicitaciones, doctor Héctor. Felicitaciones a todos los integrantes de la organización Ardila Lülle. A todas aquellas personas que aportaron su grano de arena para construir esta gran fábrica de Yumbo.

La verdad es que da gusto ver como el país va progresando con este tipo de emprendimientos industriales, en medio de una aguda recesión mundial, todavía de incierto pronóstico de recuperación.

Qué bueno tener empresarios como Carlos Ardila, con esa capacidad de empujar todos los días, de crear todos los días, de construir empleo todos los días, de apostar a su Patria en cada nueva hora. Qué bueno tener organizaciones como esta organización Ardila Lülle y empresas como Postobón.

Uno se sorprende de ver cómo ha venido recuperándose Cali, Yumbo, el Valle del Cauca. Aquí, en esa misma área, hace no mucho tiempo acudimos a la inauguración del Centro de Convenciones del Pacífico, liderado por la Cámara de Comercio de Cali. Un gran logro que pone a Cali hoy en el liderazgo de centro de convenciones del país.

Acudimos a la nueva planta de Bavaria, aquí a pocos metros. Y hoy se va completando lo que llamamos la Milla de la Esperanza, esta milla que une a Cali con Yumbo, con la formalización de la inauguración de esta gran planta de Postobón.

El doctor Héctor acaba también de hacernos una bella narración de la contribución de la organización Ardila Lülle al Valle del Cauca. Hoy hay dos mojones de esa contribución: la nueva fábrica de Postobón y la cogeneradora de energía del Ingenio Providencia.

No desistir del camino de la seguridad

Colombia tiene un camino: el camino de construir confianza. Y lo merece y lo justifica. Cuando hay colombianos como ustedes, como esta organización, como el doctor Carlos, el país merece y exige que se construyan todas las condiciones de confianza. Ese es nuestro empeño con la seguridad, con la promoción de la inversión, con la política social. Y esos tres elementos tienen un factor transversal, que lo podemos ver hoy aquí en Postobón, en esta inauguración.

Esta empresa tiene su líder, tiene todos sus ejecutivos, sus trabajadores, y tiene una Patria la cual quiere. Y esa Patria, en la medida en que esa Patria avance en seguridad, esa Patria crea condiciones para que esta empresa siga prosperando y generando empleo.

Por eso es muy importante no desistir en ese camino de la seguridad. Todos los días hay que esforzarnos más. Un día se le presenta un problema, el otro, pero con tenacidad Colombia superará esta larga pesadilla de la violencia. Y hay que superarla.

Reflexión histórica

Ahora que escuchamos ese magnífico discurso del Presidente de Postobón –que además de gran empresario y gran gerente, es gran humanista y gran historiador–, recordaba también lo que ha sido el curso vital de la Patria. En las vísperas del Bicentenario, hay muchas cosas que recordar para reflexionar.

Esta Patria ha tenido muy buenos gobiernos. Empezamos con Bolívar y Santander, y Núñez, un prodigio del continente americano, que en muchas materias se anticipó décadas a los grandes pensadores del continente. Y Reyes. Y el general Ospina y Alfonso López Pumarejo y los Lleras, y tantos. Esta Patria ha tenido buenos Gobiernos, buenos liderazgos, muy buenos empresarios.

Y uno se pregunta: ¿y por qué no ha progresado más? Los historiadores podrán dar muchas respuestas. He querido también, en las vísperas del Bicentenario, contribuir con una reflexión: la violencia que nos ha tocado durante estas dos centurias, ha sido un factor que nos ha pasado una cuenta muy alta. Colombia habría podido progresar mucho más de no ser por la violencia.

Cuando empezó nuestra Patria, tenía el mismo ingreso per cápita de Estados Unidos. Y cuando empezaba el proceso de recuperación de Asia, después de la Segunda Guerra Mundial, teníamos el mismo ingreso per cápita de los más avanzados países de Asia. Y nos retrasamos. Todo eso puede tener varias explicaciones, pero una determinante: la violencia.

El siglo XIX fue de violencia. La pura Independencia fue también de violencia y de violencia intestina. ¿Por qué no prosperó la Gran Colombia? Por la violencia entre facciones de nuestros propios compatriotas.

El siglo XIX tuvo un elemento constante: las guerras civiles. Hay pocos historiadores que reconocen años de paz en el siglo XIX. Uno de ellos Rodolfo Segundo, quien nos dice que apenas hubo unos años de paz en el Gobierno del Presidente Núñez, que permitieron que irrumpiera con vigor la industrialización del Caribe colombiano.

Pero poco después empieza otra guerra: la guerra de 1895. Y se sucede con la Guerra de los Mil Días, que en realidad no fue de mil días sino de mil 128 días; 100 mil muertos en una Colombia que tenía menos de cuatro millones de habitantes.

Termina con los Pactos de Paz de 1902; se firma uno en la Hacienda Neerlandia en el Magdalena, donde acude el General Rafael Uribe Uribe. Usted mencionó a Don Tomás y toda esa bella gesta que llegó de la montaña y que le hablaba al país sobre la importancia del Valle del Cauca. Allá en Neerlandia se firmó uno de los tratados de paz en septiembre de 1902, con el General Florentino Manjarrés, quien representaba al Gobierno.

Y ahí cerca de Cúcuta, en Chinácota, se firma el otro tratado. En representación del Gobierno acude a Chinácota el Genera Ramón González Valencia. Cuando el Presidente Reyes abandonara el país poco después, el General González Valencia lo reemplazó durante el año que le faltaba al Gobierno, antes de la elección del doctor Carlos E. Restrepo.

Y el otro tratado se firmó en el Buque Wisconsin en Panamá. Allá acudió en nombre de Gobierno Nacional el general Alfredo Vásquez Cobo, y en nombre de las fuerzas insurgentes los delegados del general Benjamín Herrera. Se firmó la paz. Hay que preguntar cuánto duró y que pasó.

El país quedó muy postrado. Catorce meses después de independizaba Panamá. Aquel 3 de noviembre de 1903, acude el General Pedro Nel Ospina al Palacio de San Carlos y le cuenta al Presidente Marroquín: se está firmando el acta de separación de Panamá. Los panameños simplemente dijeron: nosotros hemos llegado a la mayoría de edad, nos separamos como hermanos.

Hay que preguntarse por qué se separó Panamá y por qué se fue el Canal, si fue por la política del ‘gran garrote’ del Presidente Roosevelt o por nuestra política del gran descuido, determinada también por la acción de la gran violencia.

Y el país quedó profundamente deprimido. Empezó lentamente una recuperación dirigida por el Presidente Rafael Reyes. Los años 23, 24, 25 avanzaron con unas inversiones sustantivas, dirigidas por el Presidente Pedro Nel Ospina y financiadas con los recursos que se recibieron. Aquellos 25 millones de dólares de la indemnización de Panamá.

Vino un Gobierno que nos insertó en la modernidad, un Gobierno que debe inspirar a los colombianos, el de Alfonso López Pumarejo, porque apoyaba el florecimiento empresarial y al mismo tiempo las reivindicaciones de los trabajadores. Diría que es una gran síntesis para sustentar hoy en una democracia moderna lo que tiene que ser una política de fraternidad en las relaciones laborales.

Un Gobierno, como el de Alfonso López Pumarejo, que no se dejó acomplejar por la crítica de que apoyaba a los empresarios ni tampoco se dejó acomplejar por la crítica de que apoyaba a los trabajadores. Un Gobierno que entendió que los dos factores se requieren para que el país salga adelante.

Y a principios de los años 40, terminó esa paz. Apenas tuvimos siete años de paz en el siglo XIX. Cuarenta años de paz en el siglo XX. Cuarenta y siete años de paz en dos centurias es nada.

En los años 40 apareció la violencia partidista. Cuando todavía no se superaba después de firmados los pactos del Frente Nacional, a finales de los años 50 aparecieron las guerrillas marxistas. Colombia y Bolivia fueron los objetivos para replicar la naciente revolución cubana. Nos hacían ver que las únicas posibilidades del mundo eran las de tener un modelo de estatización total de medios de producción. Las únicas alternativas que nos daban eran: o seguir el imperio soviético o adherirnos a la política de Ho Chi Ming o escoger la de Mao Tse Tung, que había triunfado en China, o seguir la revolución cubana de Fidel Castro, que había triunfado en la isla del Caribe.

Y el país no le asignó suficiente importancia al tema. Y vino la reacción paramilitar, igualmente cruel. Y el narcotráfico, que aparecía en un extremo opuesto a las guerrillas, se fusionó con ellas. Y el narcotráfico terminó dominando a guerrillas y paramilitares y creciendo más el fragor de la violencia colombiana.

El siglo del desquite

Es el esfuerzo que hace hoy un país, que desde 1940 ha vivido ininterrumpidamente en la violencia, que ha sacrificado a muchas generaciones, poder superarla.

Si ustedes me preguntaran cuál puede ser un ideal para este nuevo siglo en Colombia, les diría: que sea el siglo del desquite, que sea el siglo del ritmo de prosperidad que pudimos haber tenido en las centurias anteriores y que no alcanzamos.

¿Y cuál sería el fundamento para que haya un siglo de prosperidad, de desquite, de ganancia de prosperidad? Obtener definitivamente la seguridad que nos fue tan esquiva en las dos centurias anteriores.

Y eso ayuda muchísimo para que los colombianos como Carlos Ardila, rodeados de garantías de seguridad en el país, puedan tener estos proyectos que contribuyen tanto a la prosperidad de los colombianos.

Estímulos tributarios

Ahora se discute en el Congreso de la República el ajuste fiscal. Veamos lo que significa la nueva legislación para estas empresas. Nosotros hemos aprobado en estos años una legislación no de reducir los impuestos a todo el mundo, pero sí de introducir incentivos tributarios.

Unas empresas se pueden instalar como zonas francas, otras empresas pueden hacer una deducción tributaria hasta hoy del 40 por ciento. En el nuevo proyecto se propone que del 30 por ciento de la inversión. Hay pactos de estabilidad a 20 años para garantizarles a esas empresas estabilidad en las reglas de juego. Y esto ha ayudado bastante.

Política social

Pero también en estos años hemos podido financiar, de la mano de la Seguridad Democrática, la política social.

Ayer me preguntaba un estudiante de la Universidad Javeriana cómo ha llegado el Estado colombiano a las diferentes regiones. Le decía: teníamos 170 municipios sin policía; 400 alcaldes que habían sido sacados de sus municipios, desterrados de sus municipios, que no podían ejercer en sus municipios por las presiones del terrorismo.

Hemos llegado con la Seguridad Democrática. Los 170 municipios que no tenían policía, hoy la tienen. Los 400 municipios cuyas autoridades no podían desempeñarse por las presiones del terrorismo, hoy todos tienen su autoridad en la plenitud del ejercicio de sus competencias.

Pero al mismo tiempo hemos llegado con política social. Todos esos municipios tienen hoy una vigorosa presencia del Bienestar Familiar, de Familias en Acción, del Sena, de la Revolución Educativa, de la Red Juntos, en medio de lo que nos va faltando.

Impuesto al patrimonio

Y a eso ha ayudado mucho la generosidad de los grandes patrimonios colombianos. Los grandes patrimonios colombianos como esta empresa, han pagado el impuesto al patrimonio para financiar la Seguridad Democrática. Y cuánto ha ayudado. Qué grave sería decir que en estos años el país hubiera avanzado en seguridad y no hubiera avanzado en lo social.

Cuando empezaba nuestro Gobierno, se decía: Uribe va a hacer la guerra, aquí no va haber política social, va a ver simplemente una política de guerra. ¿Qué hemos hecho? Una política de seguridad con libertades democráticas. Creo que el país siente hoy plenamente sus libertades y acompañada de la política social.

La política de seguridad no se ha hecho a expensas de la política social. Ha sido posible llevarlas de la mano, gracias al impuesto al patrimonio, que pagan las grandes empresas colombianas.

Por eso estamos proponiendo prorrogar la vigencia de este impuesto, que le va ayudar mucho a Colombia a consolidar la seguridad y al mismo tiempo avanzar en política social.

Y estamos proponiendo mantener en lo fundamental los incentivos tributarios y mantener la ley que autoriza los pactos de estabilidad en las reglas de juego.

Responsabilidad social

En un país donde había tanto miedo a la inversión –Carlos Ardila era una excepción–, un país donde casi nadie, salvo Carlos Ardila, se atrevía a invertir, que hoy ha ganado bastante en tasa de inversión, es muy importante mantener el camino de la seguridad y el camino de los incentivos a la inversión.

¿Y cómo se junta este tema con la política social? Primero, la gran posibilidad que dan estas empresas de financiar lo social. Si no hay inversión, no hay fuente de recursos. Uno puede financiar el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar porque estas empresas pagan. Y ha crecido mucho la contribución, enormemente. Y el Instituto ha respondido. El Instituto tenía cinco millones de usuarios. Hoy tiene doce millones de usuarios.

El Gobierno puede financiar los programas del Sena porque estas empresas pagan. El Sena les llegaba a un millón cien mil colombianos. Este año les llega a seis millones y medio de colombianos. Les está enseñando ingles, vía internet, a un millón de colombianos.

Podemos financiar las cajas de compensación familiar, porque estas empresas pagan. Una empresa como ésta beneficia enormemente a Yumbo, porque le paga al municipio de Yumbo el impuesto predial y el impuesto de industria y comercio.

Una empresa como ésta financia enormemente la política de seguridad social. Son mil trabajadores con afiliación al régimen contributivo de salud. Mil trabajadores que tienen derecho a la cobertura familiar de la salud. Son mil trabajadores con afiliación a los fondos de pensiones o al sistema pensional del Seguro Social. Son mil trabajadores con afiliación a riesgos profesionales.

Entonces ahí vamos viendo unas expresiones de responsabilidad social de gran importancia. Y vamos viendo cómo se van concatenando la política de seguridad, la política de promoción de inversiones y la política social.

Qué bueno conocer cifras como éstas: esta empresa, aquí donde estamos, genera mil empleos. La organización Ardila Lülle genera 30 mil empleos directos, pero hay otros 60 mil empleos indirectos.

Eso les llega en una primera instancia a cien mil colombianos. Pero de esos cien mil colombianos dependen otros 400 mil. O sea que esta empresa, esta organización, doctor Carlos, que usted ha creado con tanto tesón, les alegra la vida, les da todas las garantías de existencia digna a 500 mil compatriotas. Ese es un balance social extraordinario.

Por eso lo que tenemos que hacer es darles a usted y a este equipo que lo acompaña toda la gratitud. El doctor Héctor Fernando García, Presidente Postobón, mencionó ahora donde tienen todas las factorías. Ahora hay que preguntarle dónde va a ser la siguiente. Por que lo que quisiéramos ver en toda ciudad de Colombia, en todo municipio de Colombia, es una Postobón como la que estamos inaugurando hoy en Yumbo, apreciado doctor Héctor.

Ahí le queda un reto. Tiene dos cosas: unos compatriotas que queremos a Postobón y un líder que saca a Postobón adelante. Aproveche las dos cosas. Aproveche el liderazgo del doctor Carlos Ardila, el afecto de los colombianos por Postobón; aproveche su gran capacidad gerencial, y hágale una réplica esta fábrica a cada municipio de Colombia. Muchas gracias”.

 

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