Palabras del Presidente Uribe en la conmemoración del los 190 años de la Batalla de Chorros Blancos


Marzo 9 de 2010 (Bogotá)
 

Bogotá, 9 mar (SP). “En esta conmemoración del Bicentenario de la Independencia, he venido lanzando una tesis ante mis compatriotas, no desde la óptica del historiador –que no lo soy- simplemente la visión del hombre público: la tesis de que Colombia es un país que ha tenido buenos líderes, buenos gobiernos, buenas políticas públicas; un país que ha tenido condiciones para ser más próspero y ha habido un factor que ha contribuido eficazmente a negar esa prosperidad: la violencia.

Seguramente los historiados, los sociólogos, los economistas, en estas celebraciones del Bicentenario nos repetirán todos los que han sido sus estudios y les agregarán nuevos hallazgos; se encontrarán muchas explicaciones.

Permítanme insistir en este asomo: la Patria ha tenido condiciones para haber gozado de mayor prosperidad, de no haber sido por este eje conductor de nuestra historia que ha sido la violencia.

Una conquista sumamente violenta. Diría yo que cuando se dio el Grito de Independencia, en lugar de dedicarnos a consolidarla, nos dedicamos a las batallas sangrientas entre nosotros.

Empezaba la lucha entre las tendencias centralistas dirigidas desde Bogotá por el general (Antonio) Nariño, y las federalistas desde Tunja, la reunión de las provincias y la Presidencia de Camilo Torres.

El general Francisco de Paula Santander apenas contaba con 18 años, había nacido en 1892 en Villa del Rosario, se acababa de graduar en el colegio San Bartolomé de Bogotá y todavía no había adquirido el título de abogado; se enroló en las filas de Nariño para combatir en nombre de los centralistas, y terminó en el ejército de Camilo Torres para combatir en nombre de los federalistas.

Ese éxito, en aquel momento de crisis y de dificultades, explicable en cualquier joven inquieto, marcó, no diría yo la vida del general Santander, sino la acerba crítica de sus contradictores, porque no ubicaron aquel cambio en la naciente República, en aquello de que en tiempo de crisis y de revoluciones todo el mundo tiene el derecho a ajustar su raciocinio, sino que maltrataron la personalidad del gran padre de la Patria desde aquel momento.

Nariño después dijo que estábamos poniendo a riesgo la independencia, que en lugar de consolidarla nos habíamos dejado llevar a las luchas intestinas.

Inspira, aquella intervención del general Nariño, algo que le hemos venido diciendo a los colombianos por estos días: la reflexión de que en materia de Seguridad Democrática apenas se ha puesto el primer huevo, y que en lugar de entrar en riñas entre nosotros, deberíamos hacer el gran esfuerzo de consolidarla, para no descender a una nueva Patria Boba.

Yo diría que la Patria Boba que sucedió a la Independencia no fue causada por el poder español sino por nuestros enfrentamientos. Si hubiéramos mantenido, afianzado el espíritu del 20 de Julio, se hubiera consolidado la unión para poder afianzar esa independencia, seguro que habríamos ahorrado muchas dificultades.

Esa Patria Boba, esa violencia de la Patria Boba nos costó mucho, nos costó perder esa pléyade de discípulos de (José Celestino) Mutis, que se constituían en la gran expectativa científica de la naciente Nación.

Vimos que en lugar de haber podido contribuir ellos con todo lo que habían aprendido, a que la Nación despegara por los caminos virtuosos de la ciencia, los vimos sacrificados en el cadalso.

El Libertador había encabezado la delegación de Venezuela después de los episodios devastadores de Caracas de 1812. Allí, en Londres, pidiendo apoyo para defender la naciente República, y poder enfrentar las consecuencias del terremoto, conoció a Miranda.

El Libertador estaba muy joven, era 1812, ya Miranda tenía 60 años, pero trabajaba como el gran embajador en procura de la independencia, ante la corona británica.

Regresaron, hicieron causa común, y la lucha interna, la violencia interna, hizo que todo terminara mal entre ellos. Los más benevolentes definen aquel final como la gran separación entre el Libertador y Miranda, y los más críticos asignan al Libertador haber traicionado a Miranda y haberlo entregado a las huestes adversarias.

El Libertador viene a Cartagena, arma aquel ejército que se va consolidando por Tenerife y por Mompós, elude Santa Marta con un férreo control realista, consigue el apoyo de las provincias lideradas por don Camilo Torres, llega a Ocaña, a Cúcuta, entra a Venezuela en aquella formidable campaña que se llamó ‘la campaña admirable’, pero las luchas internas lo derrotan.

Entonces uno se pregunta ¿Lo derrotaron los españoles? No, lo derrotó nuestra misma lucha interna, que siempre la ha sabido capitalizar el enemigo.

Esa sublevación de la base popular de Venezuela contra los gobiernos de la primera República, en alianza con el imperio español, que supo aprovechar la división entre los nuestros, causó tantos dolores de cabeza al Libertador.

Y después de Miranda se van sumando otros sacrificios, para hablar en aquella época apenas del sacrificio de (Manuel) Piar. Y más adelante aparecen otros, algunos de los cuales tendremos oportunidad de referirlos esta noche.

La crítica del Libertador también le asigna como un gran error la muerte del general Piar.

¿Qué pasaba entonces por Antioquia?

En 1805 teníamos el Gobierno de don Francisco de Ayala, quien permanece hasta 1811, cuando es sustituido después de que a nuestra tierra llegan las noticias del 20 de Julio.

Decidió entregar el poder a una junta superior, de la cual él se denominó director. Pero después, con prudencia, hizo la transición a un gobierno independiente. Nombró de asesor a don José Manuel Restrepo y rápidamente abandonó Antioquia.

Y vienen una serie de gobernadores: don Juan Elías López, don José María Montoya, don José Antonio Gómez, don José Miguel Restrepo.

En 1812, es de resaltar, se da una primera asamblea constituyente en Rionegro (Antioquia) de la cual quiero rescatar lo siguiente: daba el voto a los varones libres que fueran padres de familia, vivieran de sus rentas, de sus trabajos y no dependieran de otros.

En su momento, en las circunstancias históricas, considerado ese hecho como un gran avance democrático, porque daba el voto a quienes pudieran depositarlo libremente.

Otro principio bien importante, rescatable de aquella constitución de Rionegro: nadie puede tener libertad, igualdad, seguridad y propiedad en sí mismo, si no respeta la de los demás.

Antecedió casi 60 años a Benito Juárez, cuando expresó: ‘El derecho propio llega hasta donde empieza el derecho ajeno’.

Y creo que la más importante declaración política, constitución de la época, fue la que dirigió don Juan del Corral. Ella, consignada en el acta de independencia del 11 de agosto de 1813, reza: ‘El estado de Antioquia desconoce su Rey a Fernando VII, y a toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus representantes, rompiendo eternamente la unión política de dependencia con la metrópoli, y quedando separado para siempre de la corona y gobierno de España’.

Conocemos muchas actas de independencia de la época, la mayoría condicionaban al Gobierno español, al monarca, a que se trasladara a nuestros territorios. En el ejemplo importante, sobresaliente, en esta acta de independencia del 11 de agosto de 1813, es que declara que solamente reconoce el gobierno que emane directamente del pueblo.

Antioquia, en esta acta de 1813, le hace un aporte singular, de proyecciones infinitas, a la democracia, a la democracia participativa.

Pero es bueno también referirnos al pensamiento de don Juan del Corral, que tiene mucha vigencia hoy frente a aspectos internos e internacionales.

Era miembro de la junta de seguridad pública, en aquellos primeros gobiernos de Antioquia en la Patria Boba, y en alguna de sus intervenciones expresó: ‘Es preciso no perder esta obra que encierra para nosotros salud o ruina –parecería hablándole a América Latina- o levantar la bandera independiente tan alto que no consigan abatirla nuestros tenaces enemigos o arriarla para siempre. Tened señores legisladores el valor de afrontar la situación desesperada que nos amenaza, o prevenir vuestras manos y vuestros pies para las cadenas, y vuestros cuellos para el último suplicio. Buscad un hombre que sin temores y sin miedo salve la República, y que si no lo consigue sepa al menos morir para dejar su ejemplo’.

Parecería don Juan del Corral hablándole a la América Latina de hoy.

Un legado bien importante, que en estos tiempos del Bicentenario estamos en la obligación de mirarlo, de detenernos sobre él.

En los años 1815, 1816, la reconquista llega también a Antioquia. Terminó la fase de estos gobiernos que sembraron esas ideas libertarias de tanta trascendencia.

Creo que la Independencia duró mucho más, costó mucho más por los enfrentamientos entre nosotros que por la resistencia española.

Presidente (Belisario Betancur) camine que aquí le tenemos la sillita. No me dejó ganarle, porque cuando le dije que había ganado hoy en cumplimiento –que siempre me gana- me dijeron que usted había llamado a decir que llegaba media hora más tarde.

Presidente con todo el respeto por historiadores, economistas, sociólogos, como una contribución a esta reflexión en el Bicentenario, he venido asomando ante los compatriotas una tesis: esta Patria nuestra es una Patria que ha tenido buenos gobiernos, buenas políticas públicas, buenos liderazgos y habría merecido tener mucha mejor prosperidad.

Y creo yo que un aspecto que ha frenado esa prosperidad ha sido esa constante de violencia. En la Conquista cómo nos distrajimos en la Independencia, y en lugar de afianzarla nos dejamos llevar a esa primera guerra civil entre nosotros, después del 20 de julio, entre aquellos que estaban dirigidos por Antonio Nariño, los centralistas, y los dirigidos por Camilo Torres, los federalistas; cómo en ese ejército involucraron de 18 años al General Santander; salió de Bogotá a pelear en nombre de los centralistas y cuando estaba por Boyacá se cambió al ejército de los descentralistas, algo explicable en la juventud en crisis en aquellos momentos de emoción, de tantas inquietudes, él acababa de tener su primer grado en el San Bartolomé, y sin embargo eso lo aprovecharon, esa refriega interna la aprovecharon sus críticos para intentar lo que tantos han intentado en vano, que es el descrédito del gran padre de la Patria.

Las dificultades en Venezuela, cómo el Libertador se encuentra con Miranda, cuando el Libertador encabeza esa delegación venezolana a raíz del terremoto de Caracas de 1812, en Londres, Miranda ya tiene 60 años, regresan juntos y ese final lo aprovechan los más críticos para decir que Miranda fue traicionado por el Libertador, y los más benevolentes para hablar del enfrentamiento entre ambos.

Y había expresado yo, antes de su llegada, que en lugar de dedicarnos a afianzar la Independencia después del 20 de julio, entramos en unos enfrentamientos internos que nos condujeron a la reconquista.

Todo ese periodo de la Patria Boba que permitió la reconquista, yo diría que no es difícil decir que nos reconquistaron no por la capacidad de los españoles, sino porque nosotros perdimos, dilapidamos nuestra capacidad en esos enfrentamientos internos, que fueron dejando en ese periodo tantas tragedias.

Como el Libertador después de aquella magnífica campaña admirable, que logró adelantar con los ejércitos que obtuvo en Cartagena, en Tenerife, en Mompós, que fue consolidando por Ocaña, finalmente fue derrotado, y fue derrotado por la unión de una facción venezolana en su contra, que se alió con el imperio español.

Todo eso porque las dificultades entre nosotros han causado, la violencia entre nosotros, inmenso mal a lo largo de nuestra vida independiente.

También recordando que Nariño, que él mismo había liderado con Camilo Torres esa primera guerra entre nosotros, se quejó de él. Dijo que habíamos puesto el primer huevo, pero en lugar de dedicarnos a afianzar esa independencia, la dilapidamos por la lucha entre nosotros.

Hicimos algún repaso de lo que fue Antioquia en ese momento, cómo se fue haciendo esa transición del gobierno de Francisco de Ayala a una junta independiente, cómo fue llegando un conjunto de gobernadores, cómo llegó Juan del Corral, cómo se dio aquella Constitución de Rionegro en la cual se reivindicaron dos principios muy importantes: el principio de que el hombre tenía que tener cierto grado de libertad para poder tener derecho al sufragio, que en ese momento fue un gran avance.

El principio que antecedió, a mi juicio, lo que 60 años después dijera Benito Juárez, de que el derecho propio llega hasta donde empieza el derecho ajeno, en una bellísima declaración de esa constitución de Rionegro: Nadie puede tener libertad, igualdad, seguridad y propiedad en sí mismo, si no respeta la de los demás.

Eso se da casi 60 años antes de la proclama mexicana de Benito Juárez.

Y después destacamos de esta época de Antioquia el Acta de Independencia del 11 de agosto del 13, cuando aquí leímos el párrafo pertinente donde no se acepta a Fernando VII –Antioquia es una excepción a las faltas de independencia que habían exigido que viniera a gobernar aquí- y Antioquia dice que el único Gobierno que se acepta es el que emana directamente del pueblo, en lo cual hay una gran, una gran contribución a lo que es el desarrollo de la democracia participativa.

Y entonces después viene todo ese proceso de la reconquista, que se da más o menos en nuestra tierra entre 1815 y 1816

¿Y cuándo aparece el general (José María) Córdova? El General Córdova había acompañado de 15 años, jovencito, de 14 años, ya algunas de las campañas del Libertador. Sube con el ejército del Llano en toda la campaña de Pisba, el campo del Pantano de Vargas y Boyacá.

Es bueno anotar otro punto: Yo creo que mirando a los historiadores, la ciudad de Angostura el Libertador no la escogió solamente porque estuviera en el Orinoco, porque al regresar de sus viajes de Jamaica y de Haití tuviera que entrar con sus barcos y con sus armas por el Orinoco. También la escogió porque estaba bastante retirada de Caracas y las luchas internas lo tenían derrotado en Caracas. Luchas internas que hicieron mucho más costosa, sangrienta y difícil la epopeya libertadora.

Entonces él se viene por el sur de Venezuela, su ejército cruza el río Arauca y se encuentra finalmente, como lo conmemoramos el 20 de julio del año pasado, en Tame, con el general Santander. Y para pasar rápidamente todos esos episodios, en noviembre, diciembre de 1819 –algunos dicen que septiembre- el Libertador le dio la orden al general Córdova de consolidar la Independencia de Antioquia. Y ahí viene ese aporte tan importante del doctor Raúl Tamayo, que nos acompaña esta noche.

Córdova se va a Antioquia, y antes de la campaña que termina en Chorros Blancos, porque él se va por Rionegro, sale al norte, bajando por San Vicente, Barbosa, al puente de Guarumo y Porce, ahí sube a antes de Santa Rosa, él pasa un poquito al norte de Santa Rosa, pero antes de partir de Rionegro, de coqueto con una novia, en el caballo, el caballo lo accidentó, entonces él hace ese recorrido muy accidentado. Estaba en unas condiciones físicas inferiores. Incluso hay un mensaje de él por las condiciones en que se encontraba en ese momento:

“Es cierto que el golpe me ha maltratado tanto, que por la letra verá usted la diferencia. Todavía estoy sin todo en los nervios, sin fuerza para nada. Nada ha padecido mi deseo de hacer algunos servicios, antes aumentó más, pues apenas volví en mí de la primera caída, Guarneta atacó la provincia, y en silla de mano, sin ver bien, me puse al frente de las tropas, marché hacia él y lo rechacé en Yarumal”.

Dice la historia que el General estaba medio a ciegas por el golpe que había recibido en Rionegro, cortejando a su novia desde el caballo.

Y los detalles de la batalla todos ustedes los conocen. El doctor Raúl Tamayo nos ha iluminado muchísimo narrándolos con mucha fundamentación histórica.

Yo destacaría de la batalla lo siguiente: Lincoln destituyó al general que triunfó en Gettysburg, porque a pesar de ese gran triunfo no fueron capaces de consolidarlo, lo que habría podido ser el final de la Guerra.

En lugar de consolidar el triunfo de Gettysburg, los soldados de la Unión permitieron que los ejércitos revolucionarios del sur cruzaran el río Potomac. Y vino el invierno y se hizo imposible esa persecución.

Lincoln dijo: ‘Fuimos incapaces de consolidar la victoria, nos embriagamos en esa victoria parcial de Gettysburg y nos demoramos mucho más para ganar la Guerra’.

La diferencia con la Batalla de Chorros Blancos es que la Batalla de Chorros Blancos no embriagó de victoria al general Córdova y a todos aquellos que en ella participaron, sino que continuaron persiguiendo a los españoles por esa cordillera.

Yo no sé si bajaron por el (río) Cauca o por el (río) Nechí, pero lo que sí anota la historia es que encontraron los últimos reductos en Magangué, y los derrotaron.

Entonces mientras en Gettysburg las fuerzas de Lincoln se embriagaron en la victoria, ganaron la batalla, pero no ganaron la guerra porque no le hicieron la persecución que debió dársele al ejército adversario, en la batalla de Chorros Blancos el general Córdova tuvo la gran visión de no haberse dejado embriagar del triunfo, sino que persiguieron por esos caminos tan difíciles al ejército español y lo vinieron a derrotar en Magangué.

Y entonces el general Córdova, ya la historia en adelante no da cuenta de que regresa a Antioquia sino cuando regresa por allá en el 27, 28. Desde ese año 20 el general Córdova se encuentra con el Libertador y emprende al lado del Libertador y al lado del mariscal Sucre la campaña del sur.

La campaña del sur tiene dos grandes héroes: el mariscal Sucre y el general Córdova. Esa campaña sur es bien importante. Yo creo que el encuentro del Libertador con el general (José de) San Martín, en Guayaquil, definió para siempre Guayaquil como parte de Ecuador. El general San Martín no tuvo oportunidad de reclamar a Guayaquil como parte del Perú.

Algunos historiadores críticos del Libertador dicen que los verdaderos héroes de esas batallas fueron el mariscal Sucre y el general Córdova.

El general Córdova en todas esas batallas del sur da una demostración de gran valor y de poco protagonismo. Nunca interfirió el liderazgo del Libertador ni la Presidencia en el Alto Perú en la fundación de Bolivia, el mariscal Sucre. Estuvo con gran lealtad, como soldado, apoyando toda esa gesta, pero nunca disputó el liderazgo.

Y en esas condiciones, después de ese regreso triunfal, vienen otros detalles bien importantes de examinar por qué la sublevación frente al Libertador. ¿Tendría razones o sería por falta de comunicación? Cuando uno mira bien al Libertador –y José Obdulio ha ayudado en eso- no es verdad lo que algunos dicen que el Libertador era un enemigo de los Estados Unidos. El Libertador lo que apreció en su momento, por todos esos poderes feudales que había en nuestro medio, y con mucha más fuerza se expresaban en Venezuela, es que aquí no era aplicable la organización federal.

Entonces como muchos proponían una organización federal como la de Estados Unidos, el Libertador la rechazaba, pero no por un rechazo a los Estados Unidos, sino porque lo consideraba inaplicable en nuestro país.

John Lynch, en esa biografía tan bien documentada sobre el Libertador, ajena a la pasión, en la cual reivindica las ideas económicas, sociales del Libertador, lo presenta como un gran promotor de empresas, como un gran promotor de la equidad, como un gran promotor de la inversión de nuestro país, también defiende sus conceptos de autoridad.

Habla de una autocracia institucional, no de una dictadura. Habla de la concentración de unos poderes por necesidades del momento, niega cualquier espíritu dictatorial.

Uno se pregunta ¿Se le comunicó bien eso a Córdova? Tal vez si Córdova hubiera entendido que esa era la realidad del momento y que no había en el Libertador un espíritu dictatorial, sino un sentido de autoridad que lo exigían las circunstancias, tal vez se hubiera evitado esa sublevación.

Pero es un tema que necesita profundizarlo más ¿Por qué la mandaron allá? ¿Cuál fue el motivo de la sublevación? Uno se pregunta aquí ¿Si el Libertador pactó aquel armisticio con Morillo, en Venezuela, por qué lo único que hubo frente a Córdova fue perseguirlo y matarlo?

Ahí hay unas incógnitas frente a la historia que todavía están por despejarse, y este Bicentenario debe servir para animar a los historiadores a que sigan escudriñando, sigan estudiando, y a que a nosotros, al público lector nos ayuden a despejar esas preguntas.

Una época muy violenta entre nosotros.

Uno ve ahí unos finales muy tristes de héroes nuestros. El del general (José Prudencio) Padilla y el del Mariscal Sucre.

El Libertador se traslada solamente hasta Bucaramanga, ahí permanece, no llega a la convención de Ocaña, eso sí, envía unos escritos excelentes. Aquel escrito de la autoridad, donde dice que la energía de la Fuerza Pública es la salvaguardia del débil, lo único que aterra al delincuente, que sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la República.

Escritos del superior nivel del Libertador, que los concibe en Bucaramanga y los envía a la Convención de Ocaña, pero él no va a Ocaña, se queda en Bucaramanga. Diría yo que es también una especie de estadía de tertulia, que en ese bellísimo opúsculo, la estadía del Libertador en Bucaramanga, esas tertulias las narra Luis Perú de Lacroix.

Le preguntan al Libertador una noche, en una de esas tertulias ¿Cómo califica usted a los generales? Y dice: ‘Los mejores son los que son buenos en el campo de batalla y en la oficina; los segundos, son los que son buenos en el campo de batalla y malos en la oficina; y los peores, los que son buenos en la oficina y malos en el campo de batalla’.

Y le dijeron ¿Y entonces cómo les aplica eso a sus generales? Y no vacilo y dijo: ‘Con gran pasión y sesgo, el mejor Sucre y el peor Santander’.

El Libertador también desvirtuó mitos. El mito de que se había atravesado el río Orinoco con los brazos amarrados, él cuenta cómo fue eso. Le dice a Luis Perú De Lacroix: Cuando nosotros llegamos al Orinoco y por ahí a 100 metros había una de las embarcaciones y con un capitán el ejército, corpulento, fornido, el Libertador hizo una apuesta para ir nadando hasta allá, y que se amarró una mano –cuenta el mismo Libertador de acuerdo con la narración de Luis Perú De Lacroix- y alcanzó a nadar los 100, 150 metros y llegar hasta la embarcación. El capitán corpulento le ganó.

Pero el Libertador también de una agilidad inmensa –esos días en Bucaramanga da la impresión que el Libertador no hubiera tenido, salvo sus primeros viajes a Europa, unos días de poca tensión, de pronto los únicos fueron los de Bucaramanga- también saltaba el caballo.

Ponía el caballo de espaldas, él le miraba las ancas, se impulsaba, se apoyaba en las ancas del caballo y saltaba, no caía en la nuca del caballo sino que sobrepasaba el caballo y caía adelante.

Pero al Libertador le empiezan a afectar ese viaje y esa estadía, y le cuentan de la sublevación en Cartagena. Y traen preso al almirante Padilla, el héroe de la única batalla naval de esa guerra: la Batalla de Maracaibo. Y el atentado del 25 de septiembre de 1828 encuentra a Padilla entre los presos. Y es uno de los fusilados.

Y los historiadores no afirman que el almirante Padilla hubiera participado en el atentado de aquella noche septembrina.

Después cómo, otro suceso bien triste, esa violencia entre nosotros. El Libertador envía al mariscal Sucre a Venezuela, a tratar de convencer a (José Antonio) Páez de que había que mantener unida la Gran Colombia.

El mariscal Sucre apenas llega hasta la frontera. Allí le hacen toda la resistencia y no alcanza a entrar a Venezuela y mucho menos un acuerdo con Páez. Regresa a Bogotá y tiene afán de ir a ver a su señora y a su hijita en Quito.

Y era don Domingo Caicedo el Vicepresidente del Libertador, y le encomiendan entonces el viaje a Quito para evitar que se separaran Quito y Nariño.

Nariño estaba gobernada… ¿Quién era el Gobernador de Nariño en ese momento, José Obdulio (Gaviria)? (José María) Obando. A Sucre le encomiendan esa misión.

Sucre le dice a don Domingo Caicedo: ‘Yo me voy a ir por Cali a Buenaventura. Y me voy a embarcar de Buenaventura a Guayaquil y subo a Quito’.

Y don Domingo Caicedo le dice: ‘No, usted se debe ir por el camino de La Plata, cruzar el río Magdalena, irse a Popayán, a Pasto’. ¿Por qué le dijo eso? ¿Qué había detrás? Nadie sabe.

En efecto hace el viaje por La Plata. El primer atentado se lo atribuyen a José Hilario López, que gobernaba el Tolima Grande.

De ese atentado, para ahogar al mariscal Sucre en el río Magdalena él logra escaparse. Llega a Popayán y después emprende el camino de Berruecos, y lo asesinan en Berruecos.

Los historiadores han tratado de atribuirle la autoría intelectual a Obando y López.

Después, el Gobierno de José Ignacio de Márquez le aplicó la pena de muerte a uno de los autores materiales de Berruecos, este señor de apellido Morillo. También se queda allí –para que los historiadores sigan examinando el tema- qué motivos produjeron ese crimen, por qué.

Entonces uno va contabilizando. No contabilicemos a Ricaurte ni a Atanasio Girardot, pero sí el final de Miranda, a Piar, al general José María Córdova, a Antonio José de Sucre. Todos los que perdimos en el cadalso, por haber permitido nosotros que los españoles llegaran nuevamente.

Yo diría que esta violencia interna nos causó muy, muy graves daños. Con Sucre empiezan esos grandes magnicidios. Y después allá en Berruecos se repite con (Julio) Arboleda.

Y después llegan los del siglo pasado: (Rafael) Uribe Uribe, (Jorge Eliécer) Gaitán, (Luis Carlos) Galán, Álvaro Gómez.

Cuando uno mira, se pregunta por los asesinatos de Galán, de Álvaro Gómez, no los puede ver como hechos aislados, hacen parte de una cadena de magnicidios que ha hecho mucho daño a la República desde sus orígenes.

El Libertador por atender los problemas internos no pudo gobernar. Cuando regresaba del sur e iba a instalar bien su Presidencia, un día el problema de Venezuela, al otro día el problema del general Juan José Flores en el Ecuador. Las luchas internas no lo dejan gobernar.

Yo creo que perdimos la oportunidad de tener todo el genio del Libertador, el genio guerrero del Libertador también al frente de la organización del Estado. El Libertador en otras circunstancias habría podido producir en el campo administrativo y de organización del Estado, la misma gloria que produjo en el campo de batalla.

Uno se duele que las circunstancias internas no le hayan creado un ambiente al Libertador para la organización de la República. Habrían sido muy superiores sus logros.

Cuando regresa el general Santander después del exilio, ya muerto el Libertador, hace un Gobierno muy bueno, en el cual le pone todo el énfasis a la educación. Yo diría que esa fue la primera revolución educativa. Y la segunda fue la de la misión alemana en Antioquia.

Porque ahí hay un tema bien importante para destacar de Antioquia, que es el papel que jugó Antioquia, los gobiernos que se dieron entre la Constitución de Rionegro y la Constitución de 1886.

Pero retrocediendo nuevamente, el Gobierno del general Santander no alcanza a proyectar bien su revolución educativa. Viene la Guerra de los Supremos, tantas dificultades de violencia interna.

Su experiencia con el Presidente José Ignacio de Márquez da lugar al nacimiento de los partidos. Nacen no por orientaciones ideológicas sino por pequeños pleitos que crearon profundos rencores.

Todos esos acontecimientos entre Márquez, el general Santander, una de las señoras Ibáñez, los narra muy bien el libro de Víctor Paz (historiador caucano). Y uno se entristece que los partidos nazcan no por diferencias ideológicas, sino por unos factores de luchas internas, de pequeñas causas y de profundos odios.

Esos gobiernos anteriores a la Constitución de 1863, también unos gobiernos efímeros. Violencia tras violencia. Se instala el uno, sale el otro.

La Constitución de 1863, los gobiernos que vienen, gobernantes excelentes: Aquileo Parra, (Manuel) Murillo Toro, pero fueron unos períodos muy cortos y un gran desorden, una gran anarquía.

Antioquia en alguna forma se excluye. En lugar de participar activamente en todas aquellas guerras, estimula su revolución educativa.

Entonces a finales del siglo, cuando en el país apenas el 20 por ciento de los obreros había logrado alfabetizarse, en Medellín lograron que el 80 por ciento de los obreros estuvieran alfabetizados. Una diferencia enorme ¿La causa? Allá se dedicaron a la educación y al progreso y a la producción, mientras el país se seguía desangrando en la guerra, no obstante la participación de los nuestros.

Porque hay que decir que mientras estaba Pedro Justo Berrío orientando todo el proceso educativo, también estaba el general Uribe en las guerras. En la segunda mitad del siglo XIX se dan cinco guerras civiles.

Piensa uno que la llegada de (Rafael) Núñez al poder, que le antecedió su Presidencia del Estado de Bolívar, tiene una gran explicación: detrás del espíritu afable y extrovertido del Caribe colombiano hay un gran compromiso con el orden y un gran rechazo a la violencia.

Yo ceo que no se puede desconocer que primero la elección del presidente Núñez como Presidente del Estado de Bolívar, y después como Presidente de la Nación, en buena parte está impulsada por ese espíritu caribeño, que es un espíritu de rechazo al desorden y a la anarquía.

El historiador Rodolfo Segovia sostiene que por esa época apenas tuvimos siete años de paz, que corresponden al período de Núñez. Yo diría que ese es un período sobresaliente.

Núñez antecedió 60 años a las políticas de intervención de moneda y banca en toda la región latinoamericana. Él se había formado muy bien en Londres en esas disciplinas.

El establecimiento financiero librecambista que se había heredado de don Florentino González lo combatió mucho, porque él trajo esas normas de intervención bien útiles. No era un enemigo de la iniciativa privada, pero sí un declarado amigo de que el Estado tenía que intervenir y tenía que regular.

El doctor Rodolfo Segovia dice que en esos siete años de paz de Núñez floreció la agricultura en la Colombia andina y aparecieron las primeras industrias en el Caribe.

Pero al poco tiempo de terminar Núñez empieza la guerra civil de 1895. Y esa guerra se sucede con la Guerra de los Mil Días, que fue de mil 128 días y dejó 100 mil muertos. Termina con aquellos tres pactos de finales de 1902: Uno que se firma en el Buque Wisconsin en Panamá. A él acude en nombre del Gobierno el general Alfredo Vázquez Cobo. Yo no recuerdo quién acude a Panamá en nombre de las fuerzas insurgentes.

El otro pacto se da en Chinácota. Allí acude en nombre del Gobierno el general Ramón González Valencia. No recuerdo quién acude en nombre de las fuerzas insurgentes.

Y el tercero y más importante se da en la Hacienda Neerlandia, en el departamento del Magdalena. Allí acude el general Rafael Uribe Uribe en nombre de las fuerzas insurgentes, y el general Florentino Manjarrés en nombre del Gobierno.

En algún momento yo tuve la idea de que el general Benjamín Herrera había acudido a Panamá, pero no acudió a Panamá. Él delegó la representación de las fuerzas insurgentes para el pacto en el Buque Wisconsin.

Cuando se firmó el pacto en Neerlandia, en el departamento del Magdalena, el general Uribe Uribe dijo: ‘Tal vez no hemos hecho la paz porque queramos la paz, sino porque ya no hay por qué pelearnos. Destruimos el país. Todo está por reconstruir’.

Eso ha hecho la violencia, destruir el país.

Ese fue un pacto de paz que de pronto se hizo más por sustracción de materia, porque ya no había por qué pelearse, que por convicción de paz.

Y en ese bellísimo discurso agregó: ‘Nuestros padres y nosotros mismos creímos equivocadamente que hacíamos Patria con los fusiles destructores de la guerra. Hoy lo único que nos queda es reconocer que la única manera de hacer Patria es con las herramientas fecundas del trabajo’.

Se hizo aquel pacto de paz, la Nación quedó destruida. Al año se independizó Panamá, que era la joya de la corona. Se independizó tranquilamente y sin resistencia.

Usted me acompañó, José Obdulio, el 3 de noviembre de 2003 al Centenario de la Independencia de Panamá. El doctor (Álvaro) Tirado Mejía (historiador y diplomático) nos acompañó; nos acompañó el señor ex presidente Alfonso López, que en paz descanse, y el doctor Tirado Mejía y el doctor José Obdulio me explicaron muy bien y me dieron a leer el Acta de la Independencia de Panamá, bellísima: ‘Hemos llegado a la mayoría de edad. Nos independizamos como hermanos y vamos a ejercer los derechos de esa mayoría de edad’.

Allá no hubo ánimo de violencia, ni aquí ánimo de resistencia. El general Pedro Nel Ospina acudió al mediodía al Palacio de San Carlos a informarle al Presidente (José Manuel) Marroquín que se estaba independizando Panamá. Y él estaba leyendo una novela en francés.

Yo creo que la independencia de Panamá tiene antecedentes. El general Reyes había evitado una independencia de Panamá años antes, cuando a raíz del incendio de Colón a él o enviaron a que pusiera orden en Panamá. Los panameños estaban disgustados porque sentían que aquí no había autoridad para protegerlos contra la violencia.

Miren, es una especie rehecho histórico de violencia y de debilidad para proteger a los ciudadanos. Ese incendio de Colón fue tan devastador que se quebraron las compañías de seguros. Los panameños empezaron a buscar el apoyo de los norteamericanos y quisieron separarse de Colombia.

El general Reyes capturó a los pirómanos y les aplicó la pena de muerte. Cuentan los chismosos de la historia que le dijeron: ‘No, General es que no está autorizada la pena de muerte’. Y él dijo: ‘Ejecuten mientras llega la orden’.

Bueno o malo, lo que ocurrió fue que se aplazó la independencia de Panamá, porque gracias al general Reyes Panamá sintió por primera vez, tal vez la única, que sí había autoridad de Colombia para protegerlos contra la violencia.

Yo creo que Panamá se separó porque encontró que nosotros no teníamos interés en protegerlos; que nosotros no asignábamos toda la importancia que tenía Panamá.

No se puede tampoco ignorar la influencia de la política del ‘gran garrote’ del Presidente (Franklin Delano) Roosevelt, su interés en que Panamá se separara, para los Estados Unidos apoderarse del Canal.

Y uno podría decir que otra buena pregunta para los historiadores es ¿Qué influyó más en la separación de Panamá, si la política del ‘gran garrote’ del Presidente Roosevelt, o la política del gran descuido frente a Panamá de parte de nuestros gobiernos?

Y vinieron tiempos importantes de la República.

Yo creo que la manera como se entendieron antiguos contendientes, en aquellos gobiernos que siguieron, fue importante. La manera como se entendió el general Rafael Uribe con el Gobierno del quinquenio, del general Rafael Reyes; la manera como se entendieron fuerzas liberales y conservadoras, no todas, pero sí facciones muy importantes de los partidos en aquellos años.

Gobiernos respetables, realizadores. El Gobierno de Reyes, un Gobierno muy realizador. Toda la presión política lo obligó a abandonar el país. Y regresó 14 años después y lo llevaron a La Mesa, le dijeron: ’Bueno, esta fue la carretera que dejó su Gobierno y no la han continuado’. Y él dijo irónicamente: ‘Pues por lo que veo hasta aquí llegamos los corruptos’. Y ahí la dejaron.

Porque toda la obra de progreso de Reyes, trataron de desacreditarla adjudicándole corrupción. Por fortuna esos años finales de Reyes, con toda la dignidad, con toda la austeridad, fueron la demostración fehaciente de su patriotismo.

Ese patriotismo que había tenido a lo largo de su vida, cuando hizo la conquista del Putumayo, del Amazonas y llegó a Río de Janeiro; ese patriotismo para ir a evitar la independencia de Panamá; ese patriotismo para tener ese gobierno realizador, después de la separación de Panamá y después de que se culminó la Guerra de los Mil Días.

Gobiernos de gran respetabilidad, como el de Carlos E. Restrepo. El asesinato del General Uribe en 1914, bastante auspiciado por las luchas al interior del Partido Liberal.

Él no quiso votar por el candidato liberal, que era don Nicolás Esguerra, sino que votó por el doctor José Vicente Concha, y eso le causó un odio tremendo, que lo instigaron muchos de sus copartidarios.

Se conocieron los autores intelectuales: Jesús Carvajal y Leovigildo Galarza, pero todavía la historia no ha hecho claridad –esos eran los autores materiales- sobre los autores intelectuales.

No se puede desconocer el gran sectarismo que se desató al interior del liberalismo contra el general Rafael Uribe Uribe, un factor de instigación que pudo participar como concausa en la autoría intelectual de ese magnicidio de nuestra historia.

El gobierno del Presidente Suárez. Ese gobierno realizador de Pedro Nel Ospina, que invierte los 25 millones de dólares de la indemnización de Panamá. El gobierno descollante de Alfonso López Pumarejo.

La tesis de que hemos tenido buenos gobiernos, buenas políticas públicas y habríamos merecido mejor prosperidad.

Yo creo que el colombiano que más ha estudiado a López Pumarejo se encuentra aquí con nosotros esta noche: el doctor, Álvaro Tirado.

Y me parece que las interpretaciones políticas que algunos oportunistamente y por motivos electorales hacen del Presidente López Pumarejo, no corresponden a la historia.

Algunos lo presentan como un enemigo de los empresarios y un líder del odio de clases de los sindicatos. De ninguna manera. López Pumarejo fue el centro del equilibrio para el progreso. Modernizó la República dándole todas las oportunidades al florecimiento empresarial, y al mismo tiempo todas las oportunidades para la reivindicación de los trabajadores.

Porque el liberalismo no aceptaba la palabra fraternidad, pero sería una palabra bien indicada para referirse a ese punto de entendimiento entre una vigorosa tendencia de inversión en nuestro país, de modernización empresarial, y al mismo tiempo una gran decisión política de reivindicación de los derechos de los trabajadores.

López Pumarejo creó una gran convergencia, a pesar de que muchos, por razones electorales, quieren presentarlo como un enemigo del progreso empresarial, que en ningún momento lo fue.

Viene el gobierno de Santos, con el debido respeto por los historiadores, es en esos primeros años 40 cuando empieza nuevamente la violencia entre los partidos.

No empieza con la muerte de Gaitán. La muerte de Gaitán tiene unos antecedentes de enfrentamientos violentos entre los partidos.

Y empieza un proceso de violencia que no ha terminado.

Entonces uno contabiliza en los 200 años de vida independiente, siete años de relativa paz en el Siglo XIX, y apenas aproximadamente 40 años de relativa paz en el Siglo XX, entre aquellos acuerdos de finales de 1902 y los primeros años 40.

No hay más paz, por eso yo no hago sino decirle a los compatriotas que en 200 años de vida independiente apenas hemos tenido unos 47 años de paz, y que a pesar de gobiernos excelentes, no hemos tenido la suficiente prosperidad por ese elemento transversal de la historia que ha sido el tema de la violencia.

Los ex presidentes Alberto Lleras y Laureano Gómez encabezan los pactos del Frente Nacional.

Su juventud vigorosa, el Presidente Betancur los acompaña. Y todavía no ha llegado la noticia a muchas zonas rurales de Colombia de que se le puso punto final a ese enfrentamiento de los partidos, y ya se estaban oyendo los disparos de las guerrillas marxistas.

Triunfa la Revolución Cubana en la medianoche de 1958 a 1959. Y los primeros objetivos de réplica se fijan en Colombia y en Bolivia.

Se declaran afectos al Partido Comunista años después, pero desde el principio se propusieron eliminar la iniciativa privada, estatizar todos los medios de producción; se propusieron que la política no tenía sino una dinámica: la lucha violenta de clases, y el modelo de organización del Estado una opción exclusiva: la dictadura del proletariado.

Se hacen todos los esfuerzos para enfrentar ese fenómeno, pero ellos no responden con la lealtad con que los gobiernos de Colombia les tendieron la mano.

Para citar uno de ellos, el gobierno del Presidente Betancur. Y creyeron que podían aprovecharse de la bondad democrática para seguir practicando la combinación de todas las formas de lucha, estar en la política y al mismo tiempo asesinando colombianos.

Producen la génesis de un problema que todavía no hemos acabado de superar: el asesinato de líderes de trabajadores. Un problema que todos los días nos reclaman en la Unión Europea, en los Estados Unidos, que en este Gobierno se ha superado bastante.

Ellos involucran a sectores del movimiento obrero en la lucha, y después llega la reacción igualmente cruel del paramilitarismo. Entonces empiezan a asesinar líderes de los trabajadores, acusándolos de ser colaboradores de la guerrilla, y la guerrilla reacciona asesinando líderes de los trabajadores, acusándolos de ser traidores y de haberse unido a los paramilitares. Y ambos, guerrilla y paramilitares, son cooptados por el narcotráfico. Y no hemos podido superar esa situación.

Por eso yo he creído, apreciados compatriotas, que Colombia al pensar en indemnizar a sus víctimas tiene que indemnizar es su historia de violencia, y para indemnizar la historia de violencia tiene que garantizarle a las nuevas generaciones el derecho de no repetición.

Uno de los logros de la política de Seguridad Democrática, que ojala se afiance en el futuro de la Patria, es la capacidad de los colombianos de reclamar. Perdieron el temor a reclamar.

Aquí las víctimas no reclamaban por temor o porque lo encontraban inútil. Hoy tenemos 280 mil víctimas que han reclamado, que han registrado sus reclamos y que están en un proceso de recibir alguna reparación pecuniaria, que reparación total no hay.

Y el Estado colombiano lo hará. Nosotros en medio de restricciones presupuestales hemos empezado, a sabienda y con conciencia de que reparación total no hay, pero todo esfuerzo de reparación debe anular caminos de venganza, semillas de odio.

El esfuerzo de reparación no quita el dolor pero sí anula el odio. Ese puede ser el efecto práctico.

Pero también me pregunto qué ganamos con indemnizar, reparar pecuniariamente a las víctimas que ha dejado esta violencia, si no le garantizamos a las nuevas generaciones el derecho de no repetición, el derecho de poder vivir en paz.

Antioquia nos deja muchas enseñanzas: la cuna de la democracia participativa, la cuna del principio de que el derecho propio llega hasta donde llega el derecho ajeno.

Militarmente, apreciados generales, el contraste entre Chorros Blancos y Gettysburg es bien importante anotarlo. Nosotros no nos podemos quedar en la gloria de la Operación Jaque o del bombardeo a ‘Raúl Reyes’. Nosotros tenemos que aprender del general Córdova para mantener esta lucha contra el terrorismo con toda la firmeza, hasta que los derrotemos.

Si ellos no sienten la derrota, no negocian de buena fe.

Pensemos cómo el ejército norteamericano dejó prolongar tanto la violencia porque se embriagaron con el triunfo de Gettysburg y no persiguieron al adversario; cómo el general Córdova tuvo la visión de no embriagarse con Chorros Blancos, y perseguir al adversario hasta que lo derrotó finalmente cerca de Magangué.

Nosotros hemos ganado unas batallas contra el terrorismo, pero todavía no hemos ganado la batalla final.

Yo creo que hay que mirar la historia en función del presente y del futuro.

Les pido, apreciados generales, comparar para su tarea presente y futura de Colombia, Gettysburg – Chorros Blancos, y que algunos avances relativos de la Seguridad Democrática no les embriaguen de victoria, sino que nos llenen de determinación para poder garantizarle a las nuevas generaciones de colombianos el derecho a la no repetición.

Colombia, con líderes como Bolívar, Santander, Murillo Toro, Aquileo Parra, Núñez, Rafael Reyes, el Presidente Carlos E. Restrepo, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina, (Enrique) Olaya, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Laureano Gómez, Alberto Lleras; la capacidad de trabajo, su patriotismo del Presidente Lleras Restrepo; la generosidad, nobleza, el entusiasmo de Belisario Betancur, lo que pudiéramos predicar de cada uno de nuestros líderes, Colombia debería tener hoy más prosperidad, más equidad.

Seguramente los historiadores, los economistas, los sociólogos, dirán que hemos tenido fracasos por otras causas, pero permítanme esta noche, en recuerdo del acta de independencia de 1811, de 1813, de aquel 11 de agosto, decir que estamos en la posibilidad de que en el nuevo siglo, en este siglo XXI recuperemos el tiempo que nos hizo perder la violencia en las dos centurias anteriores.

Muchas gracias”.

 

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