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Dos colombias

Por un lado está el país político y por el otro está el país nacional.

 

En abril de 1946 Jorge Eliecer Gaitán presentó una célebre conferencia donde desnudaba el choque de dos países. Por un lado está el país político donde caciques, dirigentes y manzanillos se nutren cual rémoras de las dádivas oficiales y construyen una agenda para servirse individualmente. En contraposición está el país nacional, donde los ciudadanos que trabajan y sufren los problemas cotidianos, añoran una clase dirigente comprometida con el interés general.

 

Hoy esa realidad narrada por Gaitán está más viva que nunca. Tenemos unPresidente que construye su gobernabilidad a través de componendas con caciques, manzanillos y empresas electorales, divorciándose cada vez más del respaldo nacional. Los ministerios son cuotas para tranquilizar el apetito burocrático y quienes no se sienten satisfechos protestan reclamando saciar su pantagruélica ansiedad. Figuras de los partidos políticos asumen ministerios diciendo que lo hacen a nombre propio, burlándose de un país nacional que reclama coherencia.

 

El país político transige a favor de una paz donde se tragan los sapos de la impunidad y el país nacional reclama cárcel para criminales de lesa humanidad, no elegibilidad política para los cabecillas del terrorismo, extinción de dominio para reparar víctimas y no igualar el crimen con las fuerzas militares.

 

El país político respalda el derroche del gasto público y las cascadas tributarias que golpean empresas, la clase media y a los menos favorecidos. El país nacional quiere un Estado austero, transparente y creíble con un sistema tributario progresivo y efectivo contra la evasión.

 

El país político respalda la venta de Isagen porque ve allí el azúcar del presupuesto en forma de mermelada, mientras el país nacional defiende vigorosamente el patrimonio estratégico y rentable forjado con esfuerzo.

 

El país político se nutre de la contratación de la alimentación escolar y de las arcas de Caprecom, mientras el país nacional quiere sancionar ejemplarmente a la corrupción.

 

El país político aboga por la contratación directa, los convenios interadministrativos, el desvío amañado de los POT, la premiación presupuestal al contratista que financia costosas campañas. El país nacional exige principios, dignidad y pulcritud en la gestión.

 

El país político valida plebiscitos amañados, desequilibrios institucionales y facultades extraordinarias que satisfagan al gobernante que los protege. El país nacional pide respeto a las instituciones.

 

Vemos que el divorcio planteado por Gaitán está más vivo que nunca. El país nacional rechaza un gobierno lejano, distante de la realidad y complaciente con el clientelismo. Ese país nacional ruge cada día con más fuerza detonando el cambio. Los únicos que no se han dado cuenta son los políticos enceguecidos por la dádiva y la prebenda.

 

El país nacional meritorio, luchador, donde surge la clase media y una mayor conciencia colectiva, está despertando. Ese es el país que quiere construir una Colombia donde sembremos en un terreno de confianza, con las semillas del orden, la democracia y las libertades, un árbol cimentado en las raíces de la seguridad y la justicia, las instituciones y la equidad para que surja firmemente un tronco de la economía con sentido social, donde las ramas de la competitividad, el capital humano, la innovación y el emprendimiento den los frutos de empleos dignos y estables, ingreso permanente y felicidad, revestido con el verdor de un follaje donde es protagonista la sostenibilidad ambiental.

 

Ese árbol de progreso que se nutre con el agua de la participación ciudadana y la luz del escrutinio y la transparencia, es el que reclama la ciudadanía decente y trabajadora que caracteriza al colombiano. Más le vale al país político darse cuenta que como diría Gaitán: “el pueblo es superior a sus dirigentes”.