EL ÁLVARO URIBE QUE CONOZCO

POR:FABIO OLMEDO PALACIO

FUENTE: https://www.elquindiano.com/noticia/19074

Después de estar muchos años sirviendo a mi región desde el Concejo Municipal de Quimbaya y la Asamblea Departamental del Quindío por varios periodos, aspiré al Senado de la República. En esa campaña recorrí muchas partes de la geografía nacional, con grandes dificultades y peligros que se vivían en la época, teníamos como candidato a la presidencia un hombre llamado Álvaro Uribe Vélez, carismático por su entrega a la gente, disciplinado y trabajador como el que más, con un discurso fuerte e inspirador que poco a poco se fue ganando el respaldo y el favor popular por su autenticidad y coherencia política. En esa época no tuve oportunidad de conocerlo más de cerca, por la misma dinámica del ejercicio electoral, lo seguía, estudiaba y veía constantemente no sólo su actuar como político, sino también el desarrollo de su gobierno. Políticamente, Uribe un hombre de centro derecha, representa lo que muchos colombianos queremos para el país, como el mismo lo dice, un estado con autoridad democrática, pero con corazón grande, un país donde el capitalismo salvaje, se vaya haciendo a un lado, para darle paso a una redistribución del ingreso más justo y equitativo, donde a mediano y largo plazo se pueda construir una base social fuerte y estable que convierta a Colombia en un futuro no muy lejano, en ejemplo de democracia incluyente y participativa, hasta llegar al estado de opinión que es la fase superior del estado de derecho.

En una cena ofrecida por el presidente Uribe en honor a los príncipes de Asturias anotaba: “diría que Colombia, está en la fase superior del estado de derecho, que es el estado de opinión. Aquí las leyes no las determina el presidente de turno. Difícilmente las mayorías del congreso, todas son sometidas a un riguroso escrutinio popular y finalmente a un riguroso escrutinio constitucional”. Igualmente, en la instalación de la quinta rendición de cuentas sobre derechos humanos anotó: “nosotros creemos en un estado de opinión, donde no prevalece el capricho del gobernante, sino el imperio de la ley, y más allá que de la misma interpretación de los jueces, lo superiormente importante es la opinión pública”. Éstos apartes de discursos de Uribe, recogen parte de su pensamiento que es lo que me sedujo del estadista. Como gobernante, las cifras no mienten, la economía creció en promedio durante los ocho años el 4.3%, La pobreza disminuyó en un 45.5%, la cobertura en educación pública creció en un 38% y en el Plan Nacional de lectura se construyeron más de 1036 bibliotecas. En infraestructura, arrancaron las dobles calzadas que pasaron de 52 km en el 2002 a 1000 km en el 2008 y se dejaron contratos firmados por 3000 km más, la mayoría bajo el sistema de concesión. Se dió impulso a los proyectos de transporte masivo, puertos y aeropuertos. El balance social no pudo ser mejor, familias en acción pasó de 320,000 a 2.9 millones, que recibían del gobierno subsidios en educación y nutrición para sus hijos menores, gracias a los cuales se pudieron graduar los hijos de 300,000 hogares beneficiados y como lo anotaba el mismo “en la medida que este programa garantiza el ciclo educativo de los hijos, hace que la pobreza no se herede y por ende se constituye en una política social estructural”. La confianza inversionista, se dobló gracias a la seguridad democrática y pasamos del 13% a un 28% a pesar de la crisis financiera internacional. Se recibió el país con 11,000 millones de dólares en exportaciones y se entregó con 32,000 millones de dólares, cifra récord en décadas. Se logró pasar de 25,000 barriles diarios de producción en petróleo, a 750,000 cubriendo el abastecimiento nacional y entregando excedentes de exportación. En el programa de turismo “el riesgo es que te quieras quedar”, De 1.200,000 turistas extranjeros, al final del gobierno estábamos en 2.500.000, Es decir, mientras el mundo decrecía en un 4% en este renglón, Colombia creció el 100%. El turismo interno avanzó vertiginosamente porque los colombianos, que estábamos secuestrados en ciudades y poblaciones, perdimos el miedo y comenzamos a tomarnos nuevamente las carreteras y el campo colombiano. Ese es el Uribe que conozco, el que nos devolvió la fé en el país y en nosotros mismos, al que desde el papa Benedicto XVI, El congreso de los Estados Unidos, la comunidad económica europea, las principales universidades del mundo, las organizaciones empresariales tanto nacionales como internacionales, le buscaban un lugar en su agenda para hacerle un merecido reconocimiento, por algo fué exaltado en su momento, en el tercer lugar de los mandatarios más sobresalientes a nivel global. Fué reelegido con el 62% de los votantes del país, terminó su mandato con una aceptación del 84% todo esto desarrollado en el marco de la política de seguridad democrática que arrinconó a la guerrilla y las bandas criminales, Extraditó a los cabecillas paramilitares a cárceles de todo el mundo, se obtuvieron las victorias más contundentes por parte de las fuerzas militares y de policía, bajo el liderazgo de su comandante en jefe Alvaro Uribe Velez, Pero especialmente, nos devolvió la fé en el país y sus instituciones y el mundo entero entendió que Colombia no era un estado fallido. Por fuera del gobierno eligió dos presidentes, creo dos partidos. Cuando uno mira retrospectivamente este fenómeno político, definitivamente entiendo porque el odio visceral, las mezquindades y los celos de sus contradictores a los que con su liderazgo, derrotó políticamente y a otros militarmente. Cuando habla uno con Uribe, además del gran respeto que infunde, se siente la tranquilidad de que un hombre como este haya sido presidente de los colombianos, seguramente se cometieron errores, pero el balance no pudo haber sido mejor para nuestro país.

Presidente Uribe, sé que interpreto a muchos compatriotas diciéndole gracias por habernos devuelto la fé en Colombia.