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El cesarismo nos tragó

El presidente Santos ha hecho moñona y los que creen que todavía lo pueden atajar, o tan siquiera morigerar, están completamente equivocados.

 

Aplicando en todas formas el cesarismo, Santos dio certero golpe a los gremios azucareros y ganaderos en las vísperas navideñas arrebatándoles dinero y esperanzas bajo la sibilina aplicación de las leyes vigentes y una pasmosa interpretación de la realidad económica clasista.

 

Con la misma frialdad de su tío el expresidente Santos, que unos confunden con dignidad, vendió a Isagen en una controvertida puja de un solo proponente y poco o nada importó la protesta de regiones, gremios o ciudadanía.

 

Con sapiencia de viejo zorro de los linotipos engrasó con contratos a periodistas e intelectuales comprometiéndolos con la defensa o el seguimiento de la paz o presionó como Cesar Emperador para acallar las voces disidentes.

 

Con atrevimiento populista se unió al alcalde de Bogotá para cortarles el chorro informativo a los noticieros que usaban los celulares de víctimas o victimarios para que no se sepa la dura realidad de la calles capitalinas.

 

Cambiando de anteojos, como los césares romanos, consigue no ver la impudicia en los contratos del estado con la esposa de su ministro de Minas aunque si los vio en el 2012 con su ministro de Trasporte.

 

No mata zancudos, no reparte toldillos, prohíbe embarazos. No reglamenta explotaciones mineras, ordena dinamitar las maquinarias de los mineros sin licencia para no dárselas a los pobres municipios donde las hallan.

 

Es el cesarismo en todos sus ribetes, sin hígados y con metas,como el premio Nobel, muy bien delineadas. Arrollador y a veces atropellador pero victorioso. La historia lo juzgará. Nosotros apenas lo registramos.