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El fin de la democracia

Se acerca el fin de la democracia colombiana, fraguado desde La Habana. Muchos lo han advertido, pero la inercia que lleva el negocio entre el gobierno y las Farc parece imparable. Varias son las señales:

 

1. La organización mencionada sale a decir públicamente que la firma del “acuerdo está cerca” y que ya están listos para pasar de “movimiento armado” a grupo político. Eso sí, condicionan, primero hay que discutir los “asteriscos” o “salvedades” sobre los puntos parcialmente concertados: en la política de tierras hay diez salvedades, entre las que destacan la definición de lo que se considera un latifundio inadecuadamente explotado u ocioso y lo que significa la distribución democrática de la tierra y los criterios de su distribución; falta por establecer la política minera, consagrar en el acuerdo la recuperación de estos recursos para la nación y el papel las empresas internacionales, así como las hectáreas con que contará el Fondo de Tierras.

 

En la participación política, consignaron catorce “asteriscos”, todos destinados a debilitar la democracia representativa y crear “Consejos”, “Comités” y Comisiones” para diluir el poder del Estado y fortalecer el de la guerrilla.

 

Y sobre el narcotráfico, cuatro “salvedades” que apuntan a salvaguardar la operación de este comercio y mantenerlo bajo el control de esa guerrilla; en este punto, llama la atención la creación de una conferencia nacional soberana que establezca la política antidrogas, es decir, trazar esos lineamientos con los productores, el mayor de los cuales, como todo el país sabe, son las Farc; y como si fuera poco, exigen reparar a las “víctimas” de la aspersión aérea.

 

2. Anteriormente el Fiscal y ahora el presidente de la Corte Suprema de Justicia vinculan el narcotráfico al delito político indultable, mecanismo que se usará para librar de la cárcel y lavar las grandes fortunas de los capos de la guerrilla; también se abre paso la creación de una “comisión” especial para juzgar los delitos atroces, de guerra y de lesa humanidad de las Farc, sacándolos de la órbita de la justicia del estado colombiano y liberándolos de sus responsabilidades con los millones de víctimas que han dejado a lo largo y ancho del país, como que se trata, de lejos, del principal victimario Colombia. Como quien dice, se acepta que nuestro sistema judicial no tiene la jurisdicción sobre los crímenes de esa organización, tesis que la guerrilla ha defendido con ahínco, que sostiene que el nuestro es un estado criminal con una justicia criminal. Lo peor es que algunos altos funcionarios de esa rama del poder comparten ese criterio. De prosperar estas iniciativas, que seguramente es lo que va a ocurrir, el gobierno le estaría dando un golpe de estado al poder judicial.

 

3. Los mecanismos que propone el gobierno para refrendar los acuerdos constituyen un verdadero golpe de Estado a la fuente de todo poder, al soberano, al pueblo. Además de que Santos ha venido cogobernando con las Farc, sustituir la voluntad popular por un congresito que no refleja la opinión política del país y al que se le asignarán a dedo -sin que sepamos ahora cuántos- es hacerle conejo al pueblo colombiano, evitando que se pronuncie sobre cada punto de lo pactado en La Habana. Y cambiar el referendo refrendatorio por un plebiscito, en el que, como un prestidigitador, se lo pone contra la pared a los ciudadanos, obligándolos a un sí o no, que no les permite aceptar lo que considere bueno y rechazar lo que piense que no le sirve al país, en algo en lo que se está jugando el futuro de la nación, es una bellaquería. Más aún si el gobierno cuenta, para aprobar sus esperpentos con los senadores y representantes engordados por la mermelada, hambrientos como están en estas elecciones regionales y locales, para hartarse del poder en ciudades y departamentos.

 

4. A esto se suma el que el gobierno y sus aliados institucionales han comenzado en esta época electoral a promover su obscura práctica de atacar a los opositores con argumentos ad hominem y a enredarlos en procesos judiciales politizados, a la vez que no los protege de las amenazas que las Farc y otros grupos, prevalidos de la capacidad de muerte e intimidación de las armas, hacen contra la oposición democrática. Todo para impedir la expresión de la voluntad popular.

 

No ha cesado la horrible noche. Apenas comienza.