El proceso del siglo

Columnista: Ivan Cancino G

Los enemigos del expresidente Álvaro Uribe Vélez consiguieron, a través de las redes sociales, que se le fijara fecha para diligencia de indagatoria. Desde luego ellos querían que fuera detenido para ser escuchado en injurada. ¡Hágame el favor!

La Corte Suprema de Justicia, por fortuna, no les dio gusto y, por el contrario, citó al jefe del Centro Democrático para que el ocho de octubre se presente con sus abogados y eche por tierra la sarta de mentiras que le han venido montando las guerrillas y sus simpatizantes.

Como era de esperarse, apenas lograron su objetivo, los malquerientes de Uribe empezaron a presionar para que el ocho de octubre o antes sea capturado.

¡Vaya país de locos! Mientras a los peores criminales que ha parido la humanidad se les premia con curules en el Congreso y con impunidad, al hombre que hace seis años los colombianos escogieron como el personaje más representativo de la historia del país se le quiere dar muerte así sea por la vía judicial.

No hay derecho a que ‘Timochenko’ y sus secuaces estén hoy en día en mejores condiciones judiciales que el exgobernante.

En cambio, la gente que masacró, que traficó con cocaína, que arrasó pueblos, que hizo explotar el Club El Nogal y también Bojayá, que secuestró, que extorsionó, que reclutó menores de edad (mujeres y hombres) para convertirlos en esclavas y esclavos sexuales goza de total impunidad.

Nadie les dice nada a estos genocidas que engordan como marranos. Parecen intocables. Entonces, como nadie los quiere, dedican su tiempo libre a perseguir a los pocos que en el pasado les hicieron daño. Y el primero de todos, faltaba más, se llama Uribe, quien dio de baja a sus principales cabecillas y extraditó a otros tantos.

Uribe puso a correr a las Farc y al Eln. Yo me imagino a esos pobres viejos barrigones corriendo por el monte, cansados, enfermosos, con hambre y con los cargamentos de coca en veremos porque la fuerza pública les iba a caer encima, ya en un enfrentamiento, ya mediante un bombardeo.

Si yo estuviera en los pantalones de ‘Timochenko’, ‘Calarcá’, ‘Santrich’, ‘Márquez’, ‘el Médico’, ‘Joaquín Gómez’ o ‘Andrés París’, la verdad también le tendría odio a Uribe por todos los trabajos que les hizo pasar. Ah, y como si fuera poco en los ocho años de Uribe como gobernante el desprestigio de las Farc en el exterior fue total. En esos tiempos todo el mundo veía a los guerrilleros como eran (y siguen siendo): uno vulgares narcoterroristas.

Como lo dije la semana pasada en este mismo espacio, yo aspiro a que la justicia respete los derechos del exjefe de Estado –en el que sin duda será el proceso del siglo en Colombia– y tenga en cuenta que un expediente en el que uno (Uribe) tiene como antagonista al tal Iván Cepeda carece de legitimidad.

“Hoy prefiero discutir con quienes fueron guerrilleros reales y no con los guerrilleros simulados”, dijo Uribe esta semana en el Parlamento al referirse a Cepeda, un reconocido y probado recolector de testigos falsos.

Y claro, detrás de Cepeda está el peor de todos: Juan Manuel Santos, quien no descansará hasta ver a Uribe en la cárcel. ¿Será que Santos duerme bien? Yo no creo. Un tipo que desde que se levanta está pendiente de quién será su próxima víctima, tiene que llevar obligatoriamente una vida azarosa. ¡Qué miedo! Y eso que, así lo hubiera comprado, es un Nobel de Paz.