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Farcolombia

El gobierno Santos se recordará como el de las FARC y del pisoteo constitucional, tal vez por eso, Monedero, el de Podemos de España y asesor FARC, dijo la semana pasada que el pacto social en Colombia ya no existe, es decir, que no hay Estado. Con razón la aberración estimativa y la confusión jurídica, política y moral.

 

La crisis económica mundial o gran recesión, por ejemplo, obligó en todos los países la toma de medidas de austeridad, pero Santos, obsesionado por su proceso de paz, arrasó las reservas de la bonanza petrolera y vendió ISAGEN para fortalecerlo con contratos multimillonarios, y para mermelada, que utilizó para investirse de los tres poderes de la república y desvirtuar la democracia

 

Los resultados son ruinosos. Fitch, y Moody’s, calificadoras de riesgo económico ratificaron antier el informe de Standard and Poors sobre el ingreso de Colombia al listado de países con peor calificación económica del mundo. Hoy tenemos niños muriendo de hambre, el peso baja y la inflación sube como nunca, y estamos ad portas de una reforma tributaria que dejará a más de la mitad de los colombianos debajo de la línea de pobreza, y que aún no está implementada porque Santos no quiere que lo odien antes de sacarle al pueblo el Sí del plebiscito.

 

Por las FARC, Santos no solo quebró el país. Creó una Justicia Especial para la Paz y un tribunal de la venganza, que equipara terroristas con soldados, con el cual podrán llamar a juicio antiguos oficiales y periodistas opuestos a las FARC.

 

Lo peor es el premio que les da por sus crímenes: indultos; curules en el senado, zonas de dominio estratégico, su fortuna intocada y su narcotráfico intacto, porque ayudarán en la erradicación de sus propios cultivos. Para rematar, viajó con su Fiscal por todo el mundo, promoviendo la nueva imagen heroica de los terroristas.

 

El mensaje es atroz. Cómo si para llegar al Senado contaran más los cadáveres de jóvenes de la Fuerza pública que los votos. Esto desató entre las bandas de hampones afines a las FARC: ELN, BACRIM, EPL, etc., una desenfrenada carrera de asesinatos y atentados terroristas para alcanzar los mismos méritos de sangre, y ser llamados también, como pares, a negociar con el gobierno, el Estado.

 

El Plan pistola que a diario reporta muertos de las FFAA, no tiene otro responsable que el presidente Santos y sus premios al crimen. ¿Qué tanto va del millón de pesos de Escobar, a la curul del Senado y a la impunidad, por cabeza de policía?

 

Seguirán asesinando policías y soldados hasta que Santos los llame a negociar, y  entonces surgirán otros grupos que continuarán la matanza, para que también los hagan senadores. Esa es la esencia de los criminales. Yerran los ingenuos que claman negociar con terroristas en aras del esperpento que llaman “paz”.

 

El país se hunde. Tarde entenderemos que solo la mano dura detiene la violencia, y cómo vamos, esa mano dura que nos pacificará, será con paredones, la mano socialista de las FARC

 

Esta no es la Colombia que entregamos a Santos. Aquel era un país en paz, que recorrí sin temor por Caquetá y el Catatumbo: Teorama, El Tarra, San Calixto, Hacarí, enseñando la Cátedra de la paz de 2004 a 2010. Guerrilleros, paras y bacrim estaban reducidos con la política de Seguridad ciudadana, con violencia sí, pero solo contra los violentos y en respuesta a su propia violencia.

 

Pero de pronto, Santos inventó la guerra civil contra las FARC, ejército invencible. Palabras prohibidas para un comandante en jefe, cuya obligación es la victoria. No esa con que abofeteó a las FFAA, el 20 de julio, cuando les dijo que ese era el desfile de la victoria, porque habían derrotado a las FARC.

 

Por esas afirmaciones, y otras más, Santos hizo de su proceso de paz, un sainete, una payasada trágica, llena de chistes, como el poner cubanos a verificar la entrega de armas de las FARC y a las FARC ponerlas a vigilar la erradicación de su propia coca. Como iniciar la pedagogía por el Si, por parte de comisionados y gobierno, conborradores de los acuerdos.

 

Borradores todavía, en manos de los expertos que desde hace tres años los redactan. Habrá que leerlos de todas formas, pero de nada sirve su lectura, porque ni siquiera los comisionados saben si mañana las FARC los modificarán. Esos acuerdos que irresponsablemente se enseñan en borrador, no son más que un distractor. Como la pelea Santos Uribe.

 

Esos borradores pueden contener codicilos y leyes para ángeles, pero cualquier ley es perversa, así sea de Dios, cuando la aplica el demonio. Hablar de la bondad de los acuerdos es caer en su trampa. Son la cubierta de chocolate del veneno.

 

No hay que buscar río arriba. Lo importante se reduce a lo siguiente

 

Primero: que FARC sean elegibles en 2018, sin baldón de terroristas; impunes por sus horrores, y que puedan presionar su socialismo con voto y tiros. Segundo: Que sean senadores para complementar su brazo armado con el político. Tercero: establecer 32 republiquetas, o estados socialistas en sitios estratégicos para dominar el país por los cuatro costados simultáneamente, cuando llegue la hora. Cuarto: Seguir siendo el primer cartel del narcotráfico del mundo, y Quinto: conservar intacta su fortuna que Forbes califica como la tercera más alta del mundo en poder de un grupo terrorista.

 

@mariojpachecog