Ni un paso atrás, Presidente Uribe

El Colombiano
Editorial
17 de julio de 2010

Ese cuentecito de Venezuela de responder con insultos y amenazas las graves y documentadas denuncias hechas por Colombia sobre la presencia de guerrilleros en el vecino país, no nos puede asustar. Es hora de comprobar lealtades y saber realmente quiénes están del lado del respeto y de la soberanía de Colombia y quiénes por un diálogo a cualquier precio, arrodillados ante el terrorismo.

Nada de apaciguamientos, como lo advirtió hace unos meses el propio Presidente Álvaro Uribe. No es hora de claudicaciones ni de cálculos políticos ante la gravedad de las denuncias hechas por el Gobierno colombiano sobre la cada vez más descarada y desafiante presencia de miembros de las Farc en territorio venezolano.

Ahora resulta que el Presidente en ejercicio, calificado por sus méritos como el mejor Mandatario de la historia colombiana, no puede ejercer su legítimo derecho a poner en conocimiento de la comunidad internacional el contubernio de un gobierno vecino con, léase bien, un grupo catalogado como terrorista, simplemente por no deteriorar las relaciones diplomáticas.

Ni más faltaba que tuviéramos ahora que bajar la cabeza y maquillar una relación binacional, que no fue Colombia, precisamente, la que la dañó, sino la insensatez, las ofensas y las manipulaciones desde el otro lado de la frontera. Claro que abogamos por el diálogo, pero no a cualquier precio. Aquí no está en juego sólo un intercambio comercial, como lo quieren hacer aparecer ahora quienes de frente le dan palmaditas al Presidente y luego le clavan por detrás el puñal. Uribe es el Jefe de Estado colombiano hasta las 3 de la tarde del 7 de agosto y tiene la obligación constitucional de defender la soberanía hasta ese momento.

¿Cómo así que no era el momento para hacer tan gravísimas denuncias? ¿Acaso se olvidan de las incontables ocasiones en que el Gobierno colombiano pidió a Venezuela que actuara con firmeza ante las evidencias sobre la presencia de las Farc y del Eln en ese país? ¿Puede ser tolerable que ante el diálogo diplomático que Colombia ofreció se reciba como respuesta toda clase de amenazas, insultos, provocaciones y mentiras? ¿O peor, que Chávez reciba como todo un «jefe de Estado» en el Palacio de Miraflores a alias Iván Márquez , mientras los secuestrados colombianos se pudren en la selva?

No. Venezuela debe pasar de los agravios contra Colombia a las explicaciones contundentes ante la comunidad internacional de qué ha hecho para poner en manos de la justicia a los miembros de las Farc que se pasean por su territorio, por decir lo menos, pues estamos en mora de un pronunciamiento claro y definitivo de la OEA, la ONU y Unasur, respecto de hechos tan graves como los denunciados por Colombia. El plan expansionista del llamado socialismo del siglo XXI de Chávez ha estado acompañado de la presencia de las Farc en otros países como Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, Argentina y Nicaragua. El problema no es entre dos países sino de toda la región, y eso no admite «diplomacias babosas», como las calificó el Presidente Uribe.

El Presidente electo, Juan Manuel Santos, tiene todo el derecho a manejar sus relaciones como mejor disponga, pero hoy es Uribe el que necesita y merece todo el respeto y respaldo de los distintos sectores del país y de la comunidad internacional para superar la difícil situación con Venezuela.

Ni un paso atrás. Lo peor que nos puede pasar ahora es poner de rodillas al país y permitir que el terrorismo siga actuando bajo total impunidad desde el otro lado de las fronteras. Claro que necesitamos tener buenas relaciones con todo el mundo, pero de ahí a que vendamos nuestra dignidad, no es posible ni tolerable.