Ojo con el 22

Cualquier persona entendería esta expresión tan sencilla como una advertencia simple. Pero cuando aparece como frase final del documento escrito por el expresidente Álvaro Uribe, para contarle al país lo que pensó durante los días en que estuvo “confinado” a causa de la orden absurda de la Corte Suprema de Justicia, se concluye que son “ocho letras y dos números” de profundidad infinita, que resumen la noches de reflexión de un ser que ha entregado su vida y su inteligencia a pensar en el país y sus habitantes como un solo conglomerado humano sin divisiones de clases, al cual quiere y respeta y al que le ha servido desde los más importantes despachos públicos, hasta llegar al más difícil: La Presidencia de la República.
El documento tiene 3 ejes: 1.) Agradecimientos a su familia y a quienes le han expresado su solidaridad, (desde gentes muy sencillas hasta los hombres más importantes del mundo). 2.) Algunos comentarios críticos pero respetuosos, sobre el proceso judicial que enfrenta, alrededor del cual sus contradictores han hecho un festín. Y 3.) Comentarios sobre el presente y el futuro de Colombia con una gran visión futurista. Fue leído por él, haciendo gala de una de sus principales características: La sencillez, cualidad inequívoca de los grandes hombres. Al entenderlo en valor absoluto, se deduce que solo una persona inmensamente desprendida y con claros objetivos patrióticos, puede pensar más en el país que en él, dadas las circunstancias que lo rodeaban. Además, él ni siquiera está en “campaña presidencial” -como sí lo están sus detractores-, por la simple razón de que ya lo fue… Mientras sus rivales apelan a las armas más bajas y oportunistas, en “colaboración” (por no decir “manguala”) de otros actores de diversos estrados, usando todas las clases de lucha.
Uribe Es el único presidente elegido en primera vuelta, en contra del establecimiento de su propio partido, del que le tocó salirse por no estar en la “fila india” de candidatos. Si queremos que nuestros hijos vivan en un ambiente de reglas claras y de una economía libre como el que hemos vivido los mayores, es necesario seguir a Uribe, que salió de la arbitraria detención como el comandante de la causa por una Colombia libre del castro-chavismo y de la tal socialdemocracia (que pregonan como ínsulas, entre otros pocos, los senadores Velasco y Ortega, prestos a abandonar los partidos que los han elegido y, como tránsfugas, instalarse de grumetes en el barco de Petro, en donde ya tuvieron camarote en la pasada campaña electoral.
Muchos de los planteamientos del documento de Uribe son imprescindibles para el futuro de Colombia: la seguridad con legalidad, la apuesta educativa, sostener la dedicación a la salud; Grandes avances en infraestructura y conectividad; Cobertura de alimentación escolar para enfrentar la deserción infantil y universitaria; reducción de impuestos y la recuperación de la confianza inversionista para salir de la crisis de la pandemia; la expansión en energías alternativas, arborización y medio ambiente. Es clara su propuesta de un referendo que disminuya el Congreso y la burocracia; que busque la derogación de la JEP y que traiga garantías a la fuerza pública y a los desmovilizados de buena fe; Progreso social y económico como alternativa al riesgo socialista de Nicaragua y Venezuela y otros países de la región; Más seguridad, más empresas, más empleo, más cohesión social, más emprendimiento y más remuneración; Oponerse al odio de clases con economía fraterna.
Finaliza ratificando su carácter de luchador, reconoce que su vida pública ha sido controversial y confirma su imposibilidad de renunciar a advertir las amenazas que acechan al país.
Es evidente el sentido patriótico de estadista, que solo se adquiere habiendo ejercido la primera magistratura del país, con elementos de juicio extraordinarios y un “sexto sentido” para percibir las vibraciones de los riesgos. Allí radica su gran preocupación por los avances de los movimientos políticos locales asociados a la izquierda internacional, que ya desbarataron los cimientos políticos, económicos y sociales de países otrora progresistas como nuestro hermano Venezuela y otros vecinos. Ese es el gran significado de su frase: “Ojo con el 2022”. Nos está advirtiendo que estamos a meses de jugarnos la vida democrática de Colombia, en las elecciones de ese año. Es mejor hacer caso…