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Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez durante su visita de agradecimiento a la Policía Nacional

Bogotá, 2 ago (SP). “Se me hace un nudo en la garganta al ponerme frente a la generosidad de los policías de mi Patria. No encuentro la palabra para expresarles lo que siento de gratitud en la intimidad de mi existencia. Hoy recuerdo a todos aquellos que han ofrendado su vida en estos años, a los mutilados, héroes de la Patria.

Los colombianos todos estamos agradecidos. En tantos pueblos de la Patria no había policía y era peligroso colocarla y la ciudadanía muchas veces se oponía. Era peligroso colocarla que porque los mataban, los emboscaban. Que era peligroso instalarla porque la ciudadanía se oponía, porque decían: si llega la Policía, vendrán los terroristas a castigarnos. Ustedes valerosamente están hoy en toda la Patria.

Esta mañana, en la compañía del General Óscar Naranjo (Director de la Policía Nacional) y del general Flavio Buitrago (Secretario para la Seguridad Presidencial), estuvimos en el centro de operaciones de (la Fuerza de Tarea Conjunta) Omega, en Larandia. Allí rendimos un homenaje a los policías asesinados en la noche del viernes, por tener el valor de estar en Solita, Caquetá.

Los terroristas siguen buscando cómo hacer daño, pero se han estrellado contra el valor de nuestros policías. La Patria está agradecida, la Patria quiere a sus policías. En estos días donde quiera que he mencionado las palabras ‘policías de mi Patria’, ha estallado el aplauso de los ciudadanos, pero no el aplauso de cortesía, no el aplauso por las reglas de uso, no el aplauso por el protocolo; ha estallado el aplauso de una Nación agradecida con su Policía.

Imaginen ustedes en 200 años de vida independiente, escasos 47 años de paz, no porque los colombianos seamos violentos, sino porque una minoría violenta ha abusado. Esa es una explicación que hay que hacer a mi repetida insistencia de hacer ese recorrido por la historia, ahora con motivo del Bicentenario. Una Nación desde 1940 atropellada, primero, por la violencia entre los partidos, después por las guerrillas, el paramilitarismo, con ese elemento común y constante, ese común denominador del narcoterrorismo, es una Nación que hoy es consciente del bien preciado de la seguridad. Para qué hablar de la vida, donde la vida ha valido tan poco, si no exaltamos y apoyamos la consecución del bien preciado de la seguridad.

Esa Nación quiere la seguridad, esa Nación es la suya, la nuestra, esa Nación es la que lo reclama, la que está infinitamente agradecida.

Yo tengo unos motivos particulares: su protección a mis compañeros de Gobierno, a mi familia, a mí. Quiero agradecer infinitamente, General Naranjo, de todo corazón, a todos aquellos que han estado todos estos años heroicamente al lado nuestro, hombro a hombro, corriendo los riesgos, y ellos el mayor riesgo, porque han estado dándonos esa seguridad.

Les voy a pedir que se pongan de pie: mi general Flavio Buitrago, mi almirante Rodolfo Amaya Kerquelen, las señoras coroneles Betsy Bustos y Beatriz Vargas. A los policías de la Patria que nos han estado protegiendo estos años, en cabeza del general Flavio Buitrago, de su antecesor el general Mauricio Santoyo, del contralmirante Rodolfo Amaya Kerquelen, de nuestras señoras coroneles Betsy Bustos y Beatriz Vargas, quiero hacer llegar un saludo con todo el afecto y la gratitud.

Mi general Buitrago ha sido una especie de mellizo en aquello de ser cooperante, porque todos los cooperantes que han llamado a este teléfono mío, que es el teléfono privado más público de todos, inmediatamente esos mensajes los he reenviado a él para tramitarlos a la Policía. Mi contralmirante Rodolfo Amaya, a la lado de mi general Buitrago, el uno en la Casa Militar de la Presidencia, el otro en la seguridad, son un ejemplo de responsabilidad: qué decoro, qué disciplina, qué transparencia de lealtad.

Y a las miles de policías de la Patria, que son una esperanza para la Patria, a ellas quiero hacer un homenaje, en cabeza de estas señoras coroneles que he tenido tan de cerca y de quienes he comprobado siempre esa diligencia, esa presteza, ese comprometimiento con estas tareas, en mis señoras coroneles Betsy Bustos y Beatriz Vargas. En nombre de mis compañeros de Gobierno, de mi familia, mi General, a todos ellos muchas, muchas gracias, y a todos los que nos han acompañado en esa tarea difícil. Les llevaré gratitud de por siempre.

Ha sido muy grato para mí la conversación con los policías de la Patria en estos años. Miren cómo es la vida: veníamos a la medianoche del viernes de Cali, y al bajarme del avión en Catam prendí este celular. El teléfono no está en el directorio telefónico. Y me estaban dejando un mensaje de Solita (Caquetá), pidiendo apoyo, contando los hechos. Ahí mismo llamé a mi coronel Moreno, de la Policía del Caquetá, en Florencia. Eran las 12:30 – 1:00 de la mañana.

Alguien en Solita no se atreve a hacer este tipo de llamadas, pero se atrevieron. Quiere decir que se ha despertado una gran conciencia de superar el riesgo que ello implique, para ser cooperante de las Fuerzas Armadas de Colombia.

He tenido un contacto con los policías de mí Patria estos años, que lo agradezco; quiero admirarles su disciplina, su sentido de la jerarquía, su obediencia, su orden, la manera como manejan las herramientas tecnológicas.

Muchas veces le he dicho al personal operativo del Gobierno civil: sigan el ejemplo de las Fuerzas Armadas. El manejo de las herramientas tecnológicas por parte de la Policía es ejemplar; de estas ayudas de comunicación que nos ha dado la vida moderna. Les admiro todo, su patriotismo.

Me parece ver al general (Édgar Orlando) Vale (Director Nacional de Escuelas de la Policía Nacional), con ese patriotismo, dirigiendo las cabalgata que rememoró el año pasado el cruce glorioso de Pisba (Boyacá), allá cuando lo encontramos. Y hace pocas semanas en El Socorro en la rememoración del recorrido de los Comuneros.

Quiero agradecerles el rigor de sus Escuelas: cómo las quieren los colombianos. Les voy a contar esto: en ese contacto tan intenso con mis compatriotas estos años, para mí tan grato, tan grato, tan grato, claro, a mí se arrimaban a pedir puestos en el Estado, no hay duda, pero poquiticos, ¿y saben qué me pasó? Se me arrimaban centenares a pedirme ayuda para ingresar a la Policía.

Una vez estaba con un obispo, y él estaba oyendo a una fila ciudadanos que se me acercaban a pedir apoyo para entrar a la Policía, y le dijo yo: ‘Excelencia, ¿sí tiene usted tanta vocación como esta que yo recibo?’. Es impresionante la vocación por la Policía, impresionante; y en los padres de familia, y el orgullo de papás y mamás, impresionante.

Miren: yo me he sentido muy orgulloso, porque hoy en la comunidad internacional a mí no me hablan de violación de derechos humanos. Saben que aquí no ha habido permisividad, que hay unas Fuerzas hoy incontaminadas, depuradas del narcotráfico, comprometidas con la eficacia y los derechos humanos.

¿Saben de qué me hablan en la comunidad internacional? De las maravillas de la Policía de Colombia. ¿Pero a dónde me hablan de eso? En todas partes: en Estados Unidos, en Canadá, en México, en Costa Rica, en Guatemala, en República Dominicana, el Gobierno haitiano, en el sur, en Paraguay, en todas partes.

La Policía colombiana es un orgullo, un orgullo. Se los digo objetivamente. Pero esos prestigios que ustedes han ganado en la batalla, los tienen que sostener en la batalla.

Ese prestigio, que es muy alto, manténganlo en alza, procedan como El Libertador: cuando ganaba una batalla, él no se queda quieto bañándose en agua de rosas, sino que emprendía la siguiente.

Lo derrotaron en Venezuela, cuando a Miranda se lo llevaron preso, y él vino a recomponer el Ejército en Cartagena, Tenerife, Mompós, Gamarra, Ocaña, Cúcuta. Dio la batalla admirable. Lo vuelven a derrotar, y vuelve a recomponerlo.

Cuando gana en Boyacá, permanece pocos días en Bogotá. Y cuando ganan definitivamente la Independencia de Venezuela en la Batalla de Carabobo, inmediatamente emprende la del Sur.

Y a él le llegó la hora de la muerte sin que él fuera consciente de que se había ganado la gloria, porque estaba en esa batalla, a pesar de las limitaciones de la enfermedad, en la batalla por evitar la desintegración de la Gran Colombia.

Así me imagino la batalla de la Policía por su prestigio. Cada buena noticia del prestigio de la Policía, un entusiasmo para ganar más prestigio.

La verdad es que si hay algo con lo que se pueda distinguir hoy Colombia ante la comunidad internacional, es por su Policía, por el prestigio. Cuídenlo, crezcan ese prestigio, que lo han logrado y es muy alto.

Y hay afecto por los colombianos. Es que la comunidad se había vuelto muy indiferente por la autoridad. Yo me emociono, tengo que amarrar los ojos, cuando ve uno las imágenes de los niños sacando un pañuelo o una banderita por la ventanilla de un bus para saludar a los policías y soldados de la Patria. Hay afecto en ciudadanía, mucho afecto, cuídenlo.

Cuando uno se gana el amor, no puede ser indiferente a ello, porque aunque no lo vea marchitarse los primeros días, si no lo alimenta, ese amor empieza a marchitarse. Nunca dejen marchitar ese amor que les ha ganado el pueblo colombiano, que les tiene el pueblo colombiano.

Hay retos, muchos, pero con amor a la Patria todos se van superando. Hemos ganado apenas unas primeras batallas, pero las van a ganar todas.

Yo tengo muchos motivos de admiración: la inteligencia de ustedes, cómo han avanzado, esos comandos especiales. Qué avances tan importantes. Cómo han hecho esos operativos y enseguida esos desembarcos.

El sábado asume el Presidente Juan Manuel Santos, y estoy seguro que bajo su dirección, con la continuada Dirección de mi General Óscar Naranjo, la Policía va a seguir llenando las exigencias del pueblo colombiano.

Nuestros ciudadanos claro que son más exigentes. Hace ocho años, el país estaba anonadado, acongojado, los carros bombas, los secuestros colectivos, que no eran solamente en las carreteras, recuerden los de Bogotá.

Esta mañana allá en el Caquetá recordábamos cómo nuestra Operación Patriota, que empezó en Bogotá y Cundinamarca y que la trasladamos al Caquetá, en el Caquetá lo que ha hecho es derrotar la retaguardia desde la cual alimentaban el terrorismo de Bogotá.

Entonces la Nación, con los carros bombas y los secuestros colectivos, estaba acongojada, ¿qué iba a reclamar? Hoy reclaman porque se robaron un celular, hoy reclaman por el atraco al ciudadano, al apartamento, por el robo de un vehículo.

Con la mitad de los vehículos de hoy, hace ocho años se robaban en Colombia 18 mil vehículos al año; hoy alrededor de 7 mil 500 – 8 mil. Se dobló el parque de carros, y se vino a la mitad el robo en cifras absolutas. Si fuera en cifras relativas, el robo de vehículos hoy, como porcentaje del total de vehículos, es un 25 por ciento de lo que hace ocho años.

Pero uno no le puede decir eso al ciudadano. Lo que quiere el ciudadano es que no se roben un carro. Pero eso está bien, no lo tomemos a mal.

Se ha venido presentando un fenómeno en Colombia con la seguridad. El sociólogo Maslow decía que cuando se satisfacen las necesidades básicas del ser humano, el beneficiario de esa satisfacción, en lugar de ponerse contento, lo que hace es reclamar un nuevo peldaño. Es una especie de escalera en la cual se sube, pero nadie quiere devolverse.

Eso está pasando en Colombia en seguridad. Uno se puede quedar hablando de lo que hicimos a finales de 2002, cuando los colombianos volvieron a las carreteras. La ciudadanía nos exige todos los más, tomémoslo a bien. Pero aprovechen ese gran valor.

Yo llegué a la Presidencia con la idea de vincular un millón de cooperantes. Dije: no se necesita ley, eso deriva directamente de la Constitución, porque la Constitución habla de que es un Estado Social basado en unos principios. Uno de ellos es la solidaridad.

Y la expresión de ese principio de solidaridad, en el apoyo de cada ciudadano al grupo social, de una manera de apoyar cada ciudadano al grupo social, es que cada ciudadano coopere con las Fuerzas Armadas, para que las Fuerzas Armadas le puedan responder al grupo social por ese bien superior que es la seguridad.

Yo tendré mucho gusto, desde la tarde del próximo sábado, de ejercer todos los días como cooperante de la Policía y de las Fuerzas Militares de Colombia. Y por ahí donde salude a un compatriota, le voy a decir: ‘¿Llevas el arma? ¿Sabes cual es la que necesitamos? El celular’.

Necesitamos una ciudadanía desarmada, solamente con un arsenal: cariño a las Fuerzas Armadas, confianza, y un celular para ser cooperantes.

Y sé que la actitud solícita de ustedes para responder, para recibir al informante, para reaccionar, es el gran alimento, el gran alimento a los ciudadanos para que los ciudadanos cooperen.

Rindo un homenaje a las familias de ustedes. Las familias de ustedes les dan ese calor humano que se requiere en el seno del hogar, para que ustedes puedan cumplir esta tarea: la tarea de la exposición permanente al riesgo.

Rindo un homenaje a todos los policías de mi Patria, con mi corazón agradecido.

Al señor General Teodoro Ocampo, nuestro primer Comandante; al señor General Jorge Daniel Castro Castro, nuestro segundo Comandante.

Rindo un homenaje muy sentido a usted General Naranjo (Óscar Naranjo, Director de la Policía Nacional), a este equipo de comandantes que lo acompaña.

En buena hora, la Providencia le trajo a Colombia la posibilidad de que el General Óscar Naranjo sea el Comandante de la Policía, por su talento, su patriotismo, su eficacia.

Tiene todas esas dotes que tiene que tener la administración y el liderazgo. Tiene competencia, que es solvencia académica. Tiene consecuencia: el mismo discurso en todas partes. Mi General no se acomoda por el cambio de interlocutores. Ese es un aspecto muy importante en este liderazgo policivo.

Yo lo destaco hoy. Hay que hablarle a todo el mundo diciéndole lo mismo. El General da ejemplo de eso. Tiene congruencia, actúa como dice, hay armonía entre sus palabras y sus hechos. Y si lo fuera a medir por la manera como administra, diría: es un equilibrio entre la disciplina y las relaciones humanas.

Cuando uno estudia las escuelas de administración, la teoría X, la teoría Y, la teoría Z, llega a la conclusión de que todas están equivocadas. Que finalmente lo que se necesita es una mezcla de todas. Y esa mezcla de todas se refleja en unas palabras muy sencillas, que podrían resumir cientos de páginas de libros de administración: un equilibrio entre la disciplina jerárquica y las relaciones humanas. Creo que eso es muy importante.

General (Óscar Naranjo, Director de la Policía Nacional), muchas gracias. Y le doy gracias a Dios de que Colombia lo tenga a usted.

Voy a aplaudir a todos los policías de mi Patria, haciéndoles a todos un homenaje en cabeza de los señores comandantes. El general (Orlando) Vale; el general (Orlando) Páez; general (Rafael) Parra; general (José Roberto) León; general (Rodolfo) Palomino, los aplaudimos de todo corazón. Y al aplaudirlos a ustedes, a todos los policías de la Patria.

Aquella montura, el sombrero de la Policía y la pañoleta, desde esta tarde estarán no guardados sino al lado de un escritorio, en una oficina donde trabajaré, para que todo colombiano que entre ahí, tenga en frente estas insignias del esfuerzo de la Policía de la Patria. Y esta credencial estará guardada con mi cédula, en señal de una identificación del alma.

Le pedí a Monseñor Fabio Suescún Mutis que le mandara una carta a San Pedro, y le dijera a San Pedro en su base de datos: ‘Incorporen ya la identificación de Álvaro Uribe Vélez, para que cuando el tipo llegue allá, usted sepa de quién se trata. Identifíquelo así: Álvaro Uribe Vélez, civil, Colombia, ciudadano de Colombia, vestido de civil, pero con alma de policía’. En la base de datos de San Pedro.

Y el carné que me han dado, el diploma que me han dado de cooperante, esta misma tarde lo voy a mandar a enmarcar. Y lo voy a tener en una pared al lado de la montura, para que cualquier interlocutor que entre a hablar conmigo, sepa que soy cooperante de las Fuerzas Militares de Colombia y de la Policía.

Les agradezco mucho. A sus familias, mi afecto, mi gratitud. Admiro mucho a sus señoras, admiro mucho a sus esposos, admiro mucho a sus hijitos, a sus padres, porque ellos hacen un esfuerzo muy grande. Me siento muy orgulloso de la Policía de mi Patria. Desde las 6:00 de la tarde del próximo sábado ejerceré este carné: Integrante de la Red de Cooperantes.

Muchas gracias”.


 
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