Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez al condecorar al Presidente Electo, Juan Manuel Santos

Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez al condecorar al Presidente Electo, Juan Manuel Santos

Bogotá, 5 agosto, 2010

 

Señor Presidente:

Me honra mucho entregarle la Orden de Boyacá, la Orden de San Carlos y la Orden Nacional al Mérito en este Salón Protocolario de la Patria, enmarcado por el General Bolívar, la autoridad que usted la entiende, la ejerce y la comprende como un requisito fundamental de la prosperidad de la Nación. Bolívar, quien nos inspira con la autoridad al servicio de la virtud.

 

En este salón enmarcado por el General Santander. La ley al servicio de la virtud’, el marco para que la autoridad sea justa, de lo cual usted es un adalid. Y teniendo aquí en la cabecera de este paredón el primer escudo de Colombia, símbolo de ilusiones y dificultades.

 

El Libertador fue un luchador de todas las horas. Cuando terminó Boyacá, aquí se quedó pocos días; emprendió la lucha de Carabobo. Cuando consolidó la Independencia de Venezuela, inmediatamente emprendió el viaje al sur. Y cuando regresó, los tormentosos años finales los dedicó para luchar para evitar la disolución de la Gran Colombia.

 

Vinieron tantas dificultades que el Libertador enfrentó con gran dignidad. Dificultades que no se han superado todas y que usted, como heredero del Libertador, enfrentará, como los colombianos siempre lo esperamos al conocerlo, señor Presidente.

 

El nombre de Colombia, la adopción de ese escudo, surgió cuando nos quedamos solos, pero cuando teníamos que entender que debíamos labrarnos el futuro.

 

El Libertador instituyó la Orden de Boyacá para distinguir a los mejores hijos de la Patria. Usted como Presidente de la República la otorgará a quienes considere mejores hijos de la Patria y hoy tengo el honor de entregarla a un sobresaliente hijo de la Patria, titulado como tal por el pueblo colombiano, al ungirlo como nuestro Presidente.

 

En aquella noche del 25 de septiembre de 1828, el Libertador escapó del atentado pero la Nación no escapó de las consecuencias de aquel atentado. En el nombre de esa casona tan importante en la historia nacional, que nos ha unido y nos ha dividido, de la Casona de San Carlos, se creó la condecoración de San Carlos para honrar a los mejores hijos de la Patria.

Usted la impondrá como Presidente de los colombianos y hoy tengo el inmenso honor de entregársela señor Presidente. Lo mismo la Orden Nacional al Mérito.

 

Éste generalmente es un acto para cumplir con las reglas de uso de los protocolos. Pero hoy es una excepción; hoy no es un acto de protocolo, es un acto de afecto, de respeto y de reconocimiento. Afecto a los suyos y a usted.

 

Tuve el privilegio de ser amigo de su padre (el periodista Enrique Santos Castillo), de conocer su firmeza. Cuando las ideas que yo he profesado eran una minoría, una disidencia, una excepción, en su padre siempre encontré un apoyo. Él y yo fuimos compañeros de un pensamiento por el país, en minoría. Y los ánimos que él me dio nos ayudaron a construir esa evolución que ha permitido que los colombianos hoy, mayoritariamente, acepten la seguridad como un valor democrático y una fuente de recursos.

 

Asistí, señor Presidente, a su lucha por darle a Colombia nuevas opciones políticas. Tengo el honor de haber sido con usted compañeros durante un largo trecho en este Gobierno, en el proceso de lograr que las nuevas generaciones puedan vivir en un país en paz y en prosperidad. Y siento, como la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, una gran ilusión por su Gobierno.

 

Al entregarle estas insignias superiores de la Patria, en presencia de su señora (María Clemencia Rodríguez de Santos) y de sus hijos (Martín, María Antonia y Esteban), quiero decirles a ellos, que representan las nuevas generaciones, aquellas que queremos vivan felices en Colombia: Las generaciones colombianas desde los años 1940 no han tenido un día de paz.

 

La lucha fratricida entre los partidos, superada por los acuerdos del Frente Nacional de los ex presidentes Alberto Lleras y Laureano Gómez, la inmediata aparición de las guerrillas marxistas, el odio de clases para sustituir el argumento político, el fusil para sustituir la competencia electoral, la dictadura para sustituir la democracia, eran las propuestas que estimulaban aquella guerra del odio. Y generaron finalmente la reacción igualmente cruel del paramilitarismo, y ambos sucumbieron cooptados por el narcotráfico.

 

Lo que queremos, señor Presidente, lo que esa identificación que hemos tenido nos indica, es que tenemos que cumplir un deber para que las nuevas generaciones de colombianos puedan vivir felices en el fecundo suelo de la Patria. Para que a ellos más adelante les cuenten la historia, pero no la tengan que vivir; que su historia sea una historia diferente, de un país próspero, de un país fraterno, de un país seguro.

 

Quiero entregarle esta condecoración al lado de su esposa, a quién los colombianos recibimos con todo el afecto como Primera Dama de la Nación, que nos acompañó tan generosamente en sus años como Ministro de la Defensa, al lado de Lina María, quien ha trabajado afectuosamente por los colombianos de todas las regiones.

 

Y en presencia de estos equipos, de un equipo que concluye y de otro que llega. Un equipo que llega lleno de arrestos, de energías para servir a Colombia.

 

Yo siento, Presidente, una gran ilusión de colombiano, de saber que el timonel de la Nación será conducido por usted. Le deseamos todos los éxitos, todos los éxitos.

 

¡Qué bueno poder decir que gracias a usted, a este equipo que llega, habrá más tranquilidad para las nuevas generaciones de colombianos! La vida me ha conferido este inmenso honor de entregarle hoy a usted la Orden de Boyacá, la Orden de San Carlos y la Orden Nacional al Mérito.

 

Presidente, muchos éxitos