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Palmo de narices

No otra cosa le ocurrió a Santos en su reciente peregrinación a Washington, de la que esperaba el visto bueno de las autoridades norteamericanas para su claudicación frente a las Farc.

 

Allá le dijeron con entera claridad que a las Farc no las retirarán de la lista de organizaciones terroristas mientras conserven sus armas y perseveren en sus actividades criminales.

 

Si a Santos le quedaran restos de sensatez y de decoro, se habría dado cuenta de que, en un mundo civilizado que padece los terribles flagelos del terrorismo y el narcotráfico, abogar por los narcoterroristas de las Farc no deja de ser una estupidez.

 

Así las Farc hayan disminuido sus atentados contra la población civil, sus frentes siguen alzados en armas y constituyen severas amenazas contra las comunidades que ya el Estado se niega a proteger dizque para no poner en peligro los acuerdos con los subversivos. Estos siguen sembrando minas, reclutando menores, extorsionando a la gente, promoviendo desplazamientos forzados y ejerciendo control territorial en muchas regiones del país. La base de ese control no es el apoyo de las comunidades, sino el terror con que las amedrentan. No necesitan utilizar sus armas; con solo mantenerlas a su disposición ya van logrando sus objetivos políticos.

 

Hace tiempos leí en Bogotá un ingenioso graffiti que rezaba así: "El amor es ciego, pero los vecinos no".

 

Lo que en términos generales podemos llamar el "establishment" colombiano parece embobado con Santos y se hace tanto el de la vista gorda como el de la oreja mocha frente a lo que él hace y dice. Da la impresión de que todo se lo traga con embeleso. Pero la gente de la calle, según las encuestas, no participa de ese entusiasmo y piensa que el país va por muy mal camino. Y nuestros vecinos del norte, que son las víctimas por excelencia del narcotráfico no ven con buenos ojos que, gracias a la complacencia de Santos con las Farc, Colombia ya supere a Perú y Bolivia juntos en producción de cocaína destinada a envenenar al pueblo norteamericano.

 

No es improbable que el gobierno de los Estados Unidos mantenga presente lo que el nuestro quizás tenga ya archivado por ahí en algún cajón, a saber: la Convención de Viena de 1988 contra el tráfico ilícito de estupefacientes y drogas sicotrópicas, en cuya introducción se formulan las siguientes declaraciones:

 

"Las Partes en la presente Convención

 

"Profundamente preocupadas por la magnitud y la tendencia creciente de la producción, la demanda y el tráfico ilícitos de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, que representan una grave amenaza para la salud y el bienestar de los seres humanos y menoscaban las bases económicas, culturales y políticas de la sociedad,

 

"Profundamente preocupadas asimismo por la sostenida y creciente penetración del tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas en los diversos grupos sociales y, particularmente, por la utilización de niños en muchas partes del mundo como mercado de consumo y como instrumentos para la producción, la distribución y el comercio ilícitos de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, lo que entraña un peligro de gravedad incalculable,

 

"Reconociendo los vínculos que existen entre el tráfico ilícito y otras actividades delictivas organizadas relacionadas con él, que socavan las economías lícitas y amenazan la estabilidad, la seguridad y la soberanía de los Estados,

 

"Reconociendo también que el tráfico ilícito es una actividad delictiva internacional cuya supresión exige urgente atención y la más alta prioridad,

 

"Conscientes de que el tráfico ilícito genera considerables rendimientos financieros y grandes fortunas que permiten a las organizaciones delictivas transnacionales invadir, contaminar y corromper las estructuras de la administración pública, las actividades comerciales y financieras lícitas y la sociedad a todos sus niveles,

 

"Decididas a privar a las personas dedicadas al tráfico ilícito del producto de sus actividades delictivas y eliminar así su principal incentivo para tal actividad,

 

"Deseosas de eliminar las causas profundas del problema del uso indebido de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, comprendida la demanda ilícita de dichas drogas y sustancias y las enormes ganancias derivadas del tráfico ilícito,

 

"Considerando que son necesarias medidas de control con respecto a determinadas sustancias, como los precursores, productos químicos y disolventes, que se utilizan en la fabricación de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, y que, por la facilidad con que se consiguen, han provocado un aumento de la fabricación clandestina de esas drogas y sustancias,

 

"Decididas a mejorar la cooperación internacional para la supresión del tráfico ilícito por mar,

 

"Reconociendo que la erradicación del tráfico ilícito es responsabilidad colectiva de todos los Estados y que, a ese fin, es necesaria una acción coordinada en el marco de la cooperación internacional,

 

"Reconociendo también la competencia de las Naciones Unidas en materia de fiscalización de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y deseando que los órganos internacionales relacionados con esa fiscalización actúen dentro del marco de las Naciones Unidas,

 

"Reafirmando los principios rectores de los tratados vigentes sobre fiscalización de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y el sistema de fiscalización que establecen,

 

"Reconociendo la necesidad de fortalecer y complementar las medidas previstas en la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, en esa Convención enmendada por el Protocolo de 1972 de Modificación de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes y en el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971, con el fin de enfrentarse a la magnitud y difusión del tráfico ilícito y sus graves consecuencias,

 

"Reconociendo también la importancia de robustecer e intensificar medios jurídicos eficaces de cooperación internacional en asuntos penales para suprimir las actividades delictivas internacionales de tráfico ilícito,

 

"Deseosas de concertar una convención internacional que sea un instrumento completo, eficaz y operativo, específicamente dirigido contra el tráfico ilícito, en la que se tomen en cuenta los diversos aspectos del problema en su conjunto, en particular los que no estén previstos en los tratados vigentes en la esfera de los estupefacientes y sustancias sicotrópicas,

 

"Convienen en lo siguiente: …"

 

Lo que sigue es la parte normativa de la Convención, en la que los Estados asumen distintas obligaciones, dentro de las cuales se cuenta la de erigir como delitos una serie de conductas relacionadas precisamente con el tráfico de estupefacientes y sustancias sicotrópicas. Y para enfatizar estas obligaciones, el numeral 10 del artículo 3, que versa sobre delitos y sanciones, establece que:

 

"10. A los fines de la cooperación entre las Partes prevista en la presente Convención, en particular la cooperación prevista en los artículos 5, 6, 7 y 9, los delitos tipificados de conformidad con el presente artículo no se considerarán como delitos fiscales o como delitos políticos ni como delitos políticamente motivados, sin perjuicio de las limitaciones constitucionales y de los principios fundamentales del derecho interno de las Partes."

 

Tiene que producir entonces justificada alarma en la comunidad internacional que el gobierno colombiano resuelva acordar con una de las organizaciones de narcotraficantes más poderosa del mundo, como son las Farc, que su actividad como tal es constitutiva de delitos políticamente motivados, debe considerársela como conexa con el delito de rebelión y amerita tratamiento benigno, como si de una actividad inspirada en consideraciones altruistas se tratase.

 

Por supuesto que burlarse de otro no es algo de buen recibo en las esferas diplomáticas, pero a solas o a espaldas de Santos y sus agentes internacionales no han de faltar los que se estén riendo a mandíbula batiente de la ocurrencia de manifestar que en virtud de los acuerdos de La Habana las Farc estarían dispuestas a mudar su carácter de actores del narcotráfico para transformarse en fiscalizadores del mismo, lo que, dicho en buen romance, equivaldría a amarrar gato con longaniza o a poner a los ratones a cuidar el queso.

 

Hace algún tiempo escribí en este blog un artículo titulado "Seamos serios". Por Dios, señor Santos, no nos crea bobos.

 

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!