Palos de (magistrado) ciego

Por: Mauricio Carradini

Revista Semana

 

El proceso contra Álvaro Uribe en la Corte Suprema se ha vuelto caso de estudio de la necesidad de una profunda reforma a la justicia.

 

Todos los ciudadanos son iguales ante la ley, pero hay un grupo que tiene jueces y procesos especiales por la dignidad de sus cargos y por los privilegios que han tenido y los riesgos que han asumido en el ejercicio de sus funciones públicas.

 

Las irregularidades y errores en el caso de Uribe deben causar alarma a cualquier observador desprevenido. Si eso es así contra un expresidente, ¿qué puede esperar un ciudadano sin fuero, sin reconocimiento público ni poder político? ¿O es que entonces estas cosas pasan porque es contra Uribe? Por una u otra causa –vil incompetencia o peligrosa politiquería- la Corte, máxima representante de lo sagrado e intocable de la justicia, sigue probando paso a paso que sí hay algo grave y dañado hasta en las altas instancias de la rama judicial.

 

Entrando en detalle, ¿cómo es que "por accidente" una corte intercepta el teléfono de un expresidente y senador en ejercicio, y se dan cuenta un mes después y no pasa nada? Todo lo que tiene que ver con Uribe lo manejan con rimbombantes y publicitados comunicados de prensa y en esta ocasión le responden a Uribe con un oficio bastante difícil de encontrar.

 

Luego, un magistrado trata de justificar lo que no tiene justificación. Párrafos y párrafos para meterles los dedos a la boca a cualquier inocente con "no ordenamos interceptar a Uribe y nosotros no dimos el número, lo encontró el CTI en nuestros archivos y como nosotros no cometimos el error, entonces no hay error. Por eso es válida la interceptación y la vamos a usar". 

 

 

¡Validar el uso del computador de Reyes no requería de leguleyada alguna, mucho menos de este tamaño!

 

Interceptar un teléfono legalmente no es mandar un garabato en un papelito al tercer piso y ya. Requiere oficios, pedidos a Fiscalía, intervención de fiscales y del CTI, asignación de proceso de interceptación, procesos en salas de monitoreo, análisis y reportes. Hay toda una cadena de incompetentes, o se engañó a muchas personas o hay una cuadrilla de torcidos que le hace el juego a algunos magistrados. ¿Dónde está el documento pidiendo al operador información del abonado de la línea celular? Algunos magistrados de la corte siguen faltando al respeto a la inteligencia del ciudadano del común.

 

Barceló continúa diciendo cosas sin sentido: que pasa el tiempo y que lo reportado de la línea "no representa ninguna importancia". Los expertos en escuchar a los colombianos duran tres semanas oyendo la voz de Uribe y ¿no la reconocen, y los temas no son importantes? Lo que dice Uribe es relevante para los medios de comunicación y el país varias veces por semana y la corte no le encuentra importancia. Así de desconectados de Colombia están. Y para seguir con los insultos, dice que la Corte de "manera respetuosa" pide que se cancele esa interceptación. ¿Respetuosa con quién o qué?

 

La corte no puede seguir escudándose en sus decisiones colegiadas para ocultar y excusar tanta marrullería. Son 23 magistrados y tiene que haber una mayoría competente, imparcial que actúa con apego a la ley y por convicción. Es hora de que esa mayoría "se aparte" de tanta chambonada, corrupción, y politiquería y empiece a apoyar una profunda reforma a la justicia y a contarles a los colombianos quiénes son los que venden los fallos, los que andan en intrigas políticas y los que están ahí para enriquecerse y buscar poder burocrático y político.

 

No cuesta trabajo pensar en otra organización reconocida por sus decisiones colegiadas y pactos de silencio para proteger a sus miembros:  La mafia siciliana. La comparación puede parecer arriesgada hasta que se ponen las cosas en contexto: Es prácticamente inminente que algunos magistrados sean pedidos en extradición por sus negocios con narcotraficantes y las evidencias que el exfiscal Moreno entrega en los Estados Unidos. Y como Colombia ha visto, esa es solo la punta del iceberg.

 

Hay que reformar la justicia y ¡hay que reformarla ya!