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¿Qué hacer?

Cuando los conflictos están verdaderamente maduros y los rebeldes negocian sin trampas acogiéndose a los principios de Joinet, los acuerdos pueden ser útiles y esperanzadores.

 

Que no es el caso de lo que sucede por estos lares, claro está. Por el contrario, la negociación ha sido, desde sus inicios, un ejercicio de manipulación y revictimización que solo ha servido para perfeccionar los métodos violentos de los que siempre se han valido los insurgentes y sus asociados.

 

Así que, llegados al punto en que hasta los propios coligados increpan al Gobierno por tanta disfunción y lasitud, lo normal es preguntarse qué hay que hacer ahora para no seguir pensando que todo quedará resuelto como por encanto el día en que Presidente y Comandante pongan su firma en un papel.

 

Lo primero sería controlar el tiempo. Es desconcertante que después de todo aparezca un ministro repitiendo lo dicho por el Jefe de Estado en agosto del 2012: que esto ‘debe terminar en meses y no en años’.

 

En otras palabras, sin contaminar las elecciones, hay que romper con la dilación cuya finalidad no es otra que someter al Jefe de Estado a todo tipo de exigencias so pena de que pase a la historia sin siquiera aquella firma.

 

Pero controlar el tiempo no consiste tan solo en fijarle un plazo al acuerdo final. Por el contrario, significa medir con exactitud la conducta de los sublevados antes y, sobre todo, después de tal acuerdo (la refrendación propiamente dicha).

 

Segundo, habría que intervenir la agenda, o sea, establecer de una vez por todas cómo se purgarán las penas, cómo renunciarán a la violencia y cómo van a restituir los bienes y pagar las indemnizaciones de rigor.

 

Tercero, se hace necesario dejar de titubear y balbucear. Como lo más probable es que los puntos anteriores acaben diluyéndose en las evasivas, habrá que congelar las negociaciones cuanto antes para dejar absolutamente claro que no se tolerarán más argucias ni atrocidades.

 

Cuarto, se impondrán unas condiciones muy precisas para reanudar y proseguir el diálogo, esto es, el cese de hostilidades (los atentados contra la población civil), de sabotaje y de narcotráfico.

 

Y quinto, se procederá cuanto antes a la desmovilización -y- desarme, de tal modo que, antes de la firma del acuerdo, y en cumplimiento de estricta cuarentena no equivalente a privación de libertad, la contraparte ingrese sin armamento a áreas muy reducidas y delimitadas que, al cuidado de fuerzas especiales de las Naciones Unidas, serán la plataforma geográfica de su efectiva reintegración al sistema democrático.