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Se podría ir bajando de esa nube

¿Quiénes son los que escriben el guión que sigue con tanto histrionismo Juan Manuel Santos? ¿Serán publicistas de poca monta, expertos en descrestar calentanos, o su hermano Enrique? Se especula que todo viene ‘libreteado’ desde La Habana, desde las palabras puestas en un ‘teleprompter’ que lee como un autómata, hasta los gestos teatrales como el que presenciamos ayer cuando visitó la frontera para hacerse la ‘foto histórica’ del falso ecuánime que saluda a los soldados de la Guardia Bolivariana.

 

Ya lo habíamos visto lucirse, como si fuera Pacheco o don Francisco, preguntando a unas señoras si prestarían sus hijos para la guerra, abrazando viejecitas y dejándose abrazar por tiranos vecinos. Así mantiene ocupada toda una corte de periodistas y paparazis mercenarios a los que ya les ha endulzado la vida o que guardan la esperanza de raspar el tarro de mermelada que bien ganado tienen habiendo sido tan serviles con su jefecito y tan traidores con su oficio.

 

En el colmo del cinismo Juan Manuel Santos visita la frontera con el fin de hacer un papel protagónico, darle la mano a cualquiera que lleve un uniforme y esté del lado venezolano pero, eso sí, con todas las precauciones para que las cámaras capten ‘tamaño acontecimiento’ enaltecido sólo en su pérfida mente.

 

Cada día se comprueba más y más que, aparte de otros desordenes notorios en la psiquis de este personaje, sufre de trastorno histriónico de la personalidad. ¿Qué le vamos a hacer? Tenemos de presidente a un actor de segunda para un auditorio de tercera. Nadie sensato le cree sus pataleos ni sus gestos de aparente ecuanimidad. Se podría ir bajando de esa nube Juan Manuel Santos a enfrentar una trágica realidad que ha venido construyendo desde allá arriba a donde lo ha llevado su inmenso ego y su infinita vanidad.

 

Mientras acaparaba la atención de los medios de una manera tan patética, muy al estilo del perverso Conde Olaf que quedó en nuestra memoria en la magistral interpretación realizada por Jim Carrey en Una serie de eventos desafortunados, Juan Manuel Santos acudió a sus dotes de histrión para distraernos de lo que sus secuaces estaban cocinando en el Congreso de la República -no hay que olvidar que entre los tantos eventos desafortunados contamos con el de una bomba lapa activada el mismo día en que el Congreso alistaba una de las primeras artimañas de nuestro Conde Olaf-.

 

Si los guionistas, decoradores o publicistas requieren de alguna actuación genial del presidente para despistar a incautos, este tiene toda su disposición para ejecutarla ya que sus talentos histriónicos lo llaman insistentemente a escena. ¿Hay algo de natural en este extraño personaje? ¿Quedará algún resto de honorabilidad o, aunque fuera, de sinceridad en su interior? Todo indica que no.

 

¿Quiénes son los incautos que todavía caen seducidos ante este personaje teatral? Cada día se reducen más y más y tan sólo unos cuantos aduladores, empalagados de mermelada, aplauden sus ‘geniales’ actuaciones. ¿Y qué ocurre con nosotros, los que estamos hasta la coronilla de esta mediocre puesta en escena que observamos cada vez con mayor desprecio? ¿Terminaremos por desarmar el tinglado dejando a la vista lo que hay detrás de la escena, detrás del engaño y de la traición, por más horroroso que pueda llegar a ser?

 

Por su parte, los congresistas de Uribe Centro Democrático han asumido su deber, como representantes del pueblo colombiano, de develar toda la podredumbre que se oculta detrás de escena. Ayer, en un comunicado de nueve puntos, manifestaron su rechazo a las iniciativas presentadas por los peones de Juan Manuel Santos para ser aprobadas por el Congreso y exigieron el respeto de la Constitución y la ley.

 

Nos advierten que el gobierno pretende cambiar las reglas de juego para pasar por encima de los colombianos y entregarles el país a sus peores enemigos burlando así la ley y haciéndonos, de nuevo, trampa muy al estilo del Conde Olaf, es decir del presidente Santos.