Sitio oficial
 

¿Se puede creer en los comunistas de las Farc?

Se cuenta que uno de los empresarios que viajaron hace poco a La Habana para entrevistarse con los capos de las Farc tuvo el valor de advertirles que, por su arrogancia, estaban sembrando en la opinión  colombiana la idea de que resultaría menos beneficioso un acuerdo de paz con ellos que la continuación del conflicto armado.

 

Pero no son solo las Farc quienes deben de responder por las sombras que se ciernen sobre el resultado de los diálogos de paz, pues también al gobierno de Santos le cabe una enorme cuota de responsabilidad por el fracaso histórico que se ve venir de modo inexorable.

 

Un sensato analista de la realidad política colombiana, de esos que con justicia cabe considerar que están más allá del bien y del mal porque la vida les ha dado más de lo que de ella esperaban, ha llamado la atención sobre los ostensibles errores en que ha incurrido Santos a todo lo largo y ancho de este tortuoso proceso.

 

Según su punto de vista, Santos ha demostrado ser un pésimo negociador frente a unas Farc que son extremadamente mañosas.

 

Cuando se anunciaron los diálogos, no vacilé en manifestar mi escepticismo, por cuanto abrigaba, y aún mantengo, la creencia de que las Farc solo firmarían algo que las pusiera ad portas de la conquista del poder.

 

No soy particularmente perspicaz, pero algo conozco de la historia y la teoría política. De hecho, en mis años universitarios me formé defendiéndome de los comunistas, para lo cual tuve que estudiarlos y nutrirme de lo que podía aprender de sus adversarios. Dos libros excelentes me suministraron argumentos de peso para confrontarlos: "El Opio de los Intelectuales", de Raymond Aron, y "La Sociedad Abierta y sus Enemigos", de Karl Popper.

 

Amigos bien informados me hablan ahora de una obra extraordinaria que acaba de aparecer en Francia, "Histoire Mondiale du Communisme", de Thierry Wolton, de la que se han publicado dos volúmenes cuyos títulos son elocuentes: "Les bourreaux" ("Los verdugos") y "Les victimes" ("Las víctimas"). Se anuncia para el año entrante un tercer volumen: "Les complices" ("Los cómplices").

 

En la reseña del libro que hace la editorial Grasset se menciona la tragedia humana sin precedentes que se asocia a las guerras civiles que los comunistas han desatado contra los pueblos para imponer sus dogmas. Decenas de millones de seres humanos han sido apresados, torturados, deportados, sometidos a la hambruna, etc., en aras de una ideología que a no dudarlo es de naturaleza criminal. (Vid. http://www.grasset.fr/histoire-mondiale-du-communisme-tome-1-9782246732211; http://www.grasset.fr/histoire-mondiale-du-communisme-tome-2-9782246804246).

 

Ya hace unas dos décadas, los autores de "El Libro Negro del Comunismo" habían denunciado con documentos irrefutables a la mano que, por cuenta de esta ideología a todas luces demoníaca, han perecido no menos de cien millones de seres humanos.

 

Hace falta investigar a fondo los estragos de toda índole que los promotores del comunismo han ocasionado en nuestro país. Un buen punto de partida para ello es el excelente libro de Eduardo Mackenzie, "Las Farc o el fracaso de un terrorismo", que por desventura ya no se encuentra disponible en las librerías, pero se puede descargar gratuitamente a través del siguiente enlace: http://unoamerica.org/unoPAG/libros.php?id=14.

 

"El Libro Negro de las Farc" que urge escribir daría muestras inequívocas del sórdido nivel de degradación a que han llegado los agentes de la subversión comunista en nuestra adolorida patria colombiana.

 

Todos los crímenes imaginables pueden serles imputados, pero el esperpento de una Jurisdicción Especial para la Paz a que me referí en mi último escrito pretende justificarlos y atenuar su tratamiento, a fin de que los responsables de mares de sangre y lágrimas que se han vertido sobre nuestro suelo puedan hacer política con los mismos procedimientos y propósitos que han hecho tristemente célebres a los comunistas en otras latitudes.

 

A estas alturas, parece indudable que Juan Manuel Santos y su tenebroso hermano Enrique, junto con otros de la misma o peor calaña, deberían figurar en el tercer volumen de la mencionada obra de Thierry, como cómplices de la torpe aventura de la implantación del comunismo en Colombia.

 

Que tengan éxito en ese empeño, dependerá de la voluntad de nuestro pueblo, al que hay que encarecerle que salga a las calles el próximo dos de abril a repudiar masivamente las ominosas concesiones que Santos pretende otorgarle a uno de los grupos narcoterroristas más poderosos del mundo.

 

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!