Segunda Conferencia de Examen de la Convención de Ottawa (por videoconferencia)

Palabras del Presidente Álvaro Uribe Vélez ante la Segunda
Conferencia de Examen de la Convención de Ottawa (por videoconferencia)

Diciembre 3 de 2009 (Bogotá)

       

“Quiero dar a todos un saludo muy grande. Nuestra infinita gratitud por su presencia en Colombia. Nos enaltece y nos compromete.

 

Quiero agradecer muy especialmente al Vicepresidente Francisco Santos Calderón su gran esfuerzo, su gran dedicación a esta tarea de que Colombia, país afectado durante tantos años por el terrorismo, pueda, en algún momento cercano, decirle al mundo que está libre de minas antipersonas.

 

Señor Vicepresidente: su credibilidad, su entusiasmo, su empeño han hecho posible que esta nómina tan importante de visitantes internacionales nos acompañe en Cartagena.

 

Agradezco la presencia de todos ustedes. Esta Nación está haciendo un gran esfuerzo para que la comunidad internacional y la comunidad doméstica tengan más confianza en Colombia.

 

Trabajamos por una seguridad con valores democráticos; por la inversión con responsabilidad social; trabajamos por la cohesión social.

 

Muchos preguntan ¿por qué hemos denominado democrático nuestro proyecto de seguridad?

 

Porque es un proyecto para todos los colombianos, independientemente de su afinidad o de su desacuerdo con las tesis de Gobierno. Porque es un proyecto de seguridad con libertades. Porque es un proyecto de seguridad que busca credibilidad de opinión, la cual solo es posible en la medida en que se combinen dos factores: eficacia en la seguridad y transparencia. Transparencia en la seguridad equivale a observancia de derechos humanos.

 

Logros de la Seguridad Democrática

El país ha mejorado, pero reconocemos lo que falta. Hace unos pocos años quizá ustedes no se habrían atrevido a aceptar la invitación del Vicepresidente Francisco Santos de realizar esta reunión en Cartagena.

 

Justo dos días antes de que el Vicepresidente y yo juráramos el 7 de agosto de 2002, esa ciudad de Cartagena fue afectada por un carrobomba que causó grandes estragos en la Gobernación de Bolívar.

Pero el país se ha venido recuperando.

 

Llegamos a tener 68 homicidios por cada 100 mil habitantes. Este año que aún no ha concluido será un año de unos 32 homicidios por cada 100 mil habitantes.

 

Hemos reducido muchísimo. Pero estamos lejos de nuestra meta. Tenemos el propósito de que en el año 2019, cuando se cumplan los 200 años de nuestra batalla final de Independencia, de acuerdo con nuestra visión de largo plazo, nos estemos aproximando a la tasa de homicidios de los países desarrollados más destacados.

 

Colombia, entre secuestros denunciados y secuestros que conocía la ciudadanía, pero que no se denunciaban oficialmente a las autoridades, llegó a sufrir 4 mil casos de secuestro.

 

Este año, hasta el mes de octubre, llevamos 128 casos.

 

En pocos años Colombia vio destruir 200 municipalidades. Ya no se destruyen municipalidades.

 

En Colombia, por supuesto, como lo veíamos en las vísperas de esta reunión con el Vicepresidente Francisco Santos y con su Alteza, la Princesa de Bélgica (Astrid Josephine) y el Príncipe (Lorenzo), en la visita que recibimos de ellos hace dos días y que tanto nos ha enaltecido, Colombia hoy sufre una especie de ataque de los grupos terroristas en minas antipersonas.

 

Están buscando las minas como su refugio, están buscando las minas como su instrumento para poder permanecer vigentes en sus acciones terroristas. Pero nuestras Fuerzas Armadas, con toda la devoción por la eficacia y por los derechos humanos avanzan para poder contrarrestar esta nueva embestida.

 

Su cooperación, su entendimiento es de gran importancia.

 

Quisiera compartir con ustedes algunos logros intangibles. Aquellos logros no cuantificables de nuestra política de Seguridad Democrática.

 

Colombia ha recuperado dos monopolios que nunca debió perder: el monopolio de las Fuerzas Armadas constitucionales para combatir a los violentos y el monopolio de la justicia.

 

Colombia ha dejado atrás el paramilitarismo. En nuestro Gobierno hemos desmontado el paramilitarismo.

 

Tenemos guerrillas narcotraficantes y tenemos bandas cuyo objeto único es el narcotráfico. Se relacionan entre sí con una animosidad mafiosa: en unas ocasiones se alían para repartirse los dividendos del narcotráfico, en otras ocasiones se enfrentan para disputarse esos dividendos.

 

Pero lo importante es que hoy la única institución que combate a cualquier grupo criminal es el Estado. Habíamos perdido ese monopolio. Lo hemos recuperado.

 

La justicia en Colombia es independiente del Ejecutivo, procede con autonomía. Pero en muchas regiones de Colombia la justicia había sido desplazada y reemplazada. Cabecillas del terrorismo guerrillero, cabecillas del terrorismo paramilitar intentaban sustituir a la justicia; usurpaban sus funciones.

 

Pleitos de familias, querellas entre vecinos, delitos menores y delitos mayores, en muchas regiones de Colombia ya no podían ser conocidos por las instituciones de la justicia. Ellas estaban impedidas por la presencia del terrorismo. Ese monopolio de la justicia se ha recuperado hoy en todo el territorio.

 

Libertades políticas y descentralización

En una Nación de libertades como la nuestra, son muy importantes dos elementos: las libertades políticas y la descentralización.

 

En muchas partes de Colombia se había perdido la libertad para hacer política. Los voceros políticos de las comunidades tenían que pedirle permiso al narcotráfico o a la guerrilla narcotraficante o a los paramilitares narcotraficantes. Hoy ya eso no ocurre. Colombia ha recuperado la libertad para el ejercicio de la política.

 

La descentralización es una institución esencial de nuestro sistema de libertades. Colombia es un país ampliamente descentralizado: elegimos 1.102 alcaldes y 32 gobernadores por elección popular directa; el 52 por ciento del gasto del Estado es realizado a través de las regiones.

 

Sin embargo, esa descentralización, gran logro del proceso evolutivo de nuestra democracia, había sido afectada severamente por el terrorismo.

 

Aquel día 7 de agosto de 2002, cuando asumimos el señor Vicepresidente (Francisco Santos) y yo, Colombia tenia 400 alcaldes que no podían atender sus funciones, sus competencias, por las amenazas del terrorismo. No podían incluso estar en sus ciudades.

 

Hoy, los mil 102 alcaldes de Colombia y los 32 gobernadores cumplen sus tareas en sus ciudades, rodeados de las garantías de la Seguridad Democrática.

 

Hoy, distinguidos visitantes internacionales, les ruego tener en cuenta un punto: nosotros rodeamos de garantías, construimos gobernabilidad con todos los alcaldes y gobernadores de Colombia, sin importar el origen político de su elección.

 

Algo muy significativo: este proceso de Seguridad Democrática lo hemos adelantado sin legislación de Estado de Sitio; lo hemos adelantado sin legislación marcial.

 

Otros países de América Latina que tuvieron menos dificultades en materia de seguridad, en nombre de la necesidad de recuperar la seguridad suspendieron las libertades; implantaron la censura de prensa; derogaron por periodos largos la legislación civil, la sustituyeron por la legislación marcial.

 

Nosotros en Colombia para enfrentar este desafío terrorista tan grande, lo hemos hecho con legislación ordinaria, no con legislación marcial. Lo hemos hecho con plenitud de respeto a las libertades políticas, a la libertad de expresión, a las garantías civiles.

 

Los colombianos han perdido el temor a denunciar. Hoy encuentran que la denuncia es eficaz. Antes no denunciaban por temor a la retaliación o porque lo encontraban inútil. Ahora tenemos 270 mil victimas registradas. Antes se hablaba de las víctimas en los funerales. Se hablaba de las víctimas en voz baja. Pero las víctimas no ocupaban una prioridad en las políticas públicas, en las preocupaciones del Estado. Hoy son prioritarias.

 

En medio de nuestras graves limitaciones fiscales, después de tantos años de la crisis de nuestra economía por la violencia, que se le suma la actual crisis internacional, sin embargo hemos hecho el esfuerzo de separar cuantiosos recursos para apoyar a las víctimas.

 

En nuestros años de Gobierno, inicialmente se aplicaron más de 300 millones de dólares para el apoyo inicial a las víctimas. En este Presupuesto de 2009 hemos ejecutado más de 100 millones de dólares para empezar una reparación pecuniaria a las víctimas.

Para el Presupuesto de 2010 hemos incorporado una partida superior a los 150 millones de dólares para avanzar en la reparación económica de las víctimas.

 

Apreciados asistentes:

Sabemos que reparación total no hay. Pero todo esfuerzo de reparación abre un camino de reconciliación. Todo esfuerzo de reparación elimina gérmenes de venganza. Por eso, para poder pasar de la seguridad a la paz, para poder pasar de la seguridad a la reconciliación definitiva, es esencial el esfuerzo por la reparación.

 

Sin embargo, quiero decirles que en nuestro Gobierno estimamos que la mejor expresión de la reparación es la garantía del derecho a la no repetición. Nada gana Colombia si hoy reparamos una víctima y se siguen produciendo víctimas.

 

Este país ha sufrido muchísimo. Este país ha tenido, apreciados visitantes, buenos gobiernos, buenos liderazgos, buenas políticas públicas. Sin embargo, los resultados no han estado a la altura.

 

Historiadores, economistas, sociólogos, politólogos tendrán muchas explicaciones. Permítanme compartir una en la que creo:

 

Hemos tenido 200 años de vida independiente. Y en estos 200 años de vida independiente solamente 47 años de paz. En el siglo XIX tuvimos siete años de paz. Durante esos años de paz floreció la agricultura, el café, en la Colombia Andina; y en la Colombia Caribe, allí donde ustedes disfrutan a Cartagena (Bolívar), vimos florecer la industria.

 

En el siglo XX apenas tuvimos 40 años de paz, entre los pactos de 1902 que pusieron fin a la última guerra civil declarada de aquella centuria, la guerra que dejo 100 mil muertos, que duró 1.128 días, que Colombia la conoce como la Guerra de los Mil Días, el país quedo destruido. Esos pactos de hicieron no por voluntad de paz, si no porque era imposible continuar la guerra con un país destruido.

 

Al año siguiente se separó Panamá. Vivimos relativamente 40 años de paz. Pero a principios de los años 40 irrumpió la violencia entre los partidos. Se superó con los pactos del Frente Nacional a finales de los años 50. Aparecieron las guerrillas marxistas; el odio de clases como propuesta sustitutiva del debate democrático; la dictadura del proletariado como modelo propuesto para sustituir el Estado de Derecho. Avanzaron las guerrillas marxistas.

Vino la reacción igualmente cruel del paramilitarismo. Ambos fueron cooptados por el narcotráfico.

 

Las generaciones vivas desde los años 1940 hasta la fecha no han tenido un día completo de paz.

 

El siglo XXI debe ser la centuria del desquite

Para que este país que ustedes tan generosamente visitan pueda tener en el siglo XXI una centuria de desquite, una centuria de prosperidad social, necesita muchos elementos, pero uno fundamental: la seguridad; la seguridad como fuente de recursos, como fuente de derechos; la seguridad como valor democrático. Por eso nuestro empeño.

 

Estamos totalmente abiertos a la vigilancia internacional. Muchos países, para enfrentar problemas de inseguridad, se han cerrado a la vigilancia internacional. Nosotros abrimos las puertas de par en par a la vigilancia internacional.

 

El Vicepresidente Francisco Santos ha liderado la decisión y la presentación de Colombia al Examen Voluntario de Derechos Humanos y a la adquisición de los nuevos compromisos en esa materia.

 

Castigamos las violaciones a los derechos humanos. Reiteramos nuestro propósito de obtener su vigencia total. Pero también llamamos la atención porque hay personas e instituciones que en muchas ocasiones acusan a nuestras Fuerzas Armadas falsamente, simplemente por afectar nuestro proceso de Seguridad Democrática.

 

El señor Vicepresidente y su señora esposa lideran esfuerzos muy grandes para avanzar en dos políticas: en la política de desminado y en la política de rehabilitación de ese grupo especifico de víctimas, que son las víctimas de las minas antipersonas.

 

Reitero a ustedes toda la gratitud. Colombia se siente muy honrada con la presencia de ustedes en nuestro país. Es un gran estímulo para que nosotros sigamos adelante. Cuenten con toda nuestra voluntad parta apoyar el avance eficaz de la Convención de Ottawa. Cuenten con toda nuestra voluntad para que el mundo pueda sentirse confiado en una Colombia que avanza sin vacilación en un proceso de conquista de la seguridad, de conquista de la cohesión social, de conquista de la confianza. No perdemos un minuto en esos esfuerzos.

 

Hago llegar a cada uno de ustedes un saludo, un saludo con gratitud, un saludo de bienvenida, un saludo con mucho afecto. La presencia de ustedes nos enaltece. Muchas gracias por concederle ese inmenso honor de su visita a Colombia, a Cartagena.

 

A todos, muchas gracias”.